viernes, 16 de noviembre de 2018

Esplín.

Nuestro comportamiento es tan autolítico como creativo. Somos esfinges sin secreto buscando respuestas que no existen. Quizás por eso permanecemos tranquilos en medio de la oscuridad, nuestros cuerpos estrechándose entre las sábanas, tentando la suerte del superviviente, abrasándose en las zonas de contacto, tanteando la posibilidad remota. Recorro tu espalda muy despacio, transmitiéndote un poco de locura y malas intenciones. Me fascinan tus ojos, ese vértigo de kilómetros de profundidad, ese interior cálido y peligroso, ese accidente de color y densidad. Ojos que me arrasan en silencio, que desean atravesar todo mi ser, que me tientan con obscenidades aún desconocidas.

            Mi boca desciende hacia tu coño pagano, esa doble curvatura de incitación y humedad, vértigo inaprensible en plena excitación. Su sabor provoca en mí la sensación de flotar de nuevo en líquido amniótico, libre de toda realidad y dolor. Es un coño preñado de lluvia y absolutos, con ecos de mar y densidades de laberinto emocional. Mi polla se adentra en él, y cada centímetro de nuestra piel húmeda y sensible transmite al unísono una sinfonía de colapso.

Sensación de dominio. Sensación de sumisión. Intercambio de perspectivas. Miradas perdidas aunque coincidentes. Palabras obscenas transformadas en cánticos. Miedo controlado. Confianza ciega. Vientres abiertos en canal con un hacha sentimental. Cerebros arrancados de raíz tirando del nervio óptico enamorado. Ingravidez. Misticismo sin afección ni culpa. Dolor radiante sin prejuicio ni vergüenza. Los restos de timidez son el requisito indispensable para la entrega. Vulnerabilidad. El grado adecuado de violencia. El egoísmo derrotado ante nuestra naturaleza hedonista. Azotes que mañana serán excelsas marcas amoratadas. Dedos sumándose a la profanación de tu corazoño. Rostros enrojecidos. Sonrisas vesánicas. Ósculos mostrando la profundidad del secreto que compartimos.

Y llega la victoria, la eclosión, algo rasgándose al filo de la inconsciencia gracias a nuestra cruel voluptuosidad. Llega el estallido inverso, la intuición de inmortalidad, la vida desfilando veloz en apenas unos segundos. Llega el orgasmo de visceralidad suicida, la carne abierta en combustión espontánea, el corazón rozando la anoxia. Pero lo más peligroso, lo que me desarma, es ver aparecer tu sonrisa justo después de correrte. Y es entonces cuando quedo perdido, a tu merced, porque esa sonrisa ilumina y justifica por sí sola toda mi existencia.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Las manos de la muerte se crispan sobre un cuerpo que no es el mío, sino la suma de todas las ausencias que me componen

La vida te ha golpeado con su sadismo enfermizo una y otra vez. La vida, esa maravillosa y mezquina broma cruel, te ha marcado con demasiados traumas inasumibles. Por eso decides tomar la iniciativa, un último acto de anarquismo libertario existencial: preparas un baño caliente, te metes en la bañera y te cortas las venas longitudinalmente, la forma más honesta de hacerlo. Mantienes firme la cuchilla contra la carne mientras la madrugada transcurre tranquila, indiferente y ajena.

Acurrucada en la bañera de agua tibia te preguntas si has tomado la decisión correcta. Todo lo que has experimentado desfila en tu mente como una película muda de director esquizoide: tus miedos magnificados hasta el placer masoquista, tus escasas alegrías minimizadas, integradas en un crisol de imágenes sin vigor. Empieza a invadirte un sopor frío, cierta languidez, ese leve mareo que el sistema nervioso envía como señal de emergencia. Sabes que no va a doler, que no durará mucho, no hay tanta sangre en el cuerpo, no atesoramos tanta vida como creemos.

Mientras el agua se tiñe de rojo reflexionas sobre lo que podrías haber sido dentro de cinco o diez años. Piensas incluso en un pequeño intruso creciendo en tu interior, devastando tu cuerpo, perpetuando más el sinsentido acumulado. Ya no habrá más besos, ni expectativas. No habrá más música, ni viento en la cara, ni dolor, dicha, enfermedad o cansancio. No más traiciones, venganzas ni ausencias. Lames parte de la sangre que recorre tu antebrazo, su gusto metálico te recuerda vagamente al vino excesivamente fermentado en barricas podridas, al útero materno antes de tener consciencia de nada.

El fin te consume como un grito silencioso, sin embargo la punzada de pánico se disuelve con un último pensamiento: el infierno seguirá mañana para todos los demás, pero para mí no. Para mí no.

Sonríes y cierras los ojos.


***

Has traspasado con el fuego líquido de tus labios una larga sucesión de cuerpos hasta llegar al mío. Dominas el arte de la angustiosa espera y conoces el cómo y el porqué. Hay un vacío embriagador en ti, algo de perversión inacabada, de placer homicida, de guerra sin tregua. A veces me sugieres una mezcla imposible de odio y veneración, de entrega y huida. A veces me das miedo y suscitas un cosquilleo homicida en las puntas de mis dedos.

Tus ojos rozan el verde oscuro en mitad del orgasmo, ojos hermosos y literarios, de loca hipersensible y vital. Tu capacidad de seducción es casi dolorosa, has sabido conjugar la inocencia perdida con la infinita ansia de depravación que solo unos pocos sabemos apreciar. Para ti deseo es realidad, no hay posibilidad de negación, no existen límites. Todos palidecemos ante tu sed de sangre, sudor y lírica. Siempre has dominado el arte de aniquilar pasiones estúpidas con un gesto seco y perfecto, con un mohín de desacuerdo, con una terca displicencia ante el proceso que nos convierte en polvo.

Te excitan las noches tormentosas, te gusta arrancarte la ropa y girar sobre la hierba del prado imaginando miles de manos tocándote, suplicando ser aplacadas por la savia de tu orgasmo. Tu naturaleza abrasiva te hace proclive a la autocombustión, ese atavismo que confirma nuestra conexión con la nada y lo imposible, con lo que sólo existe en las fantasías dictadas por nuestro deseo más furibundo. Eres, en resumen, la banda sonora de la estructura arquetípica que me envuelve y domina. El altar en el que arder hasta que, aburrida, esparzas mis cenizas contra el viento.

jueves, 8 de noviembre de 2018

El cumpleaños de Kovacs.

Kovacs iba a cumplir cuarenta años y había conseguido todo lo que un hombre podía desear: era enormemente rico y gozaba de un prestigio mundial, no solo por sus donaciones, sus patentes científicas y su implicación en varias causas humanitarias, sino también por su vida personal y sus variados y comentados amoríos de vodevil. Se había convertido en todo un ejemplo generacional de éxito empresarial y personal.

Su trayectoria vital se había viralizado gracias a varias películas y libros de enorme éxito que el mismo se había encargado de dirigir y escribir: en ellas mostraba como ser niño prodigio le había aislado del mundo y había corrido el riesgo de verse anclado en el aburrimiento estéril del colegio y la mediocridad de sus coetáneos, pero él estaba llamado a cosas más importantes, y se esforzó en convertirse en un genio autodidacta en todo lo que se proponía, daba igual que fuera el dibujo, la escultura, componer música o las artes marciales, todo se le daba bien y en todo conseguía ser el mejor.

El joven Kovacs finalizó su formación universitaria cinco años antes de lo habitual. En realidad, podía haberse perpetuado en el fatuo mundo académico, pero su faceta creativa le impedía estancarse en esos oxidados corches, así que pronto descubrió que su talento podía optimizarse económicamente en el (no tan) azaroso mundo de la Bolsa. A los veinticinco era una de las primeras fortunas del país. A los treinta rivalizaba con monarcas, jeques y freaks tecnológicos de internet en la lista de las cien personas más ricas del planeta. Lo demás había sido un camino trufado de éxitos y honores.

Ateo, heterodoxo, nietzscheano, con una vasectomía hecha nada más cumplir los dieciocho años, su curiosidad sin límites le exigía placeres proporcionales a sus capacidades. Se convirtió en un Dorian Gray moderno, con la salvedad de que tenía un absoluto control sobre su placer, no era inteligente desperdiciar salud y experiencia vital, conocía sus propios límites y su autocontrol le permitía parar justo después de superarlos. Las drogas no le consumieron, la bebida no le diezmó, el juego y las obsesiones consumistas pasaron de largo sin apenas rozarle. Nunca confundió el sexo con amor, deseaba con total intensidad emocional y se alejaba justo antes de que la dependencia emocional le hiciera caer en el patetismo. Era capaz de disfrutar de toda la depravación potencial de cada ciudad en una sola noche, y levantarse totalmente recuperado, sin secuelas aparentes por la excesiva pérdida neuronal y seminal.

 Sin cultivar un ego arrogante y detestable había llegado a la edad madura con la sensación del deber cumplido, convertido en una especie de rey del mundo, al menos de ese mundo que damos por válido en función del dinero y salud acumulado, la empatía satisfecha y el sexo garantizado. Además, la genética había sido benigna en su devenir vital y el cabrón aparentaba solo treinta años: distinguido y sutilmente atlético seguía poniendo cachonda a una joven de veinte, a una veterana de treinta y hasta a esas sacerdotisas de la vida y el desengaño que frisan los cuarenta. El monstruo púrpura se mantenía en plena forma: venoso, enorme, vicioso, hambriento, ansioso de coñitos con los que alimentarse cada noche.

Pero a pesar de tanta perfección y triunfo, o quizás precisamente debido a ello, en el amanecer de su cuadragésimo cumpleaños Kovacs decidió suicidarse. El sol todavía no había conseguido rasgar el horizonte boscoso que se divisaba desde su lujoso ático, pero el degradado cromático de azules iba dorándose levemente. En la mesa había una carta para su abogado, con las últimas voluntades y la distribución que debía hacerse de sus bienes, una botella de vodka ruso, pura ambrosía, y también un iPhone de última generación. Kovacs apuró su copa y deslizó sus dedos de pianista por la superficie táctil de la pantalla para realizar una última llamada:

- Hola, Mónica…
- Kovacs, ¿eres tú? (voz somnolienta) Joder, ¿cuántas veces te he dicho que no me llames de madrugada?
- Bueno, quizás no tenga mucha importancia en el orden fundamental de tu existencia, pero he decidido volarme la cabeza, y pensé que querrías saberlo.
- Ya, ya, mi amor… Llevas hablándome sobre el suicidio desde hace diez años. No te preocupes, será rápido y maravilloso.
- No, no, esta vez va en serio. He cumplido cuarenta y todo está hecho. La vida no tiene por qué gastarse sola. Debemos ser nosotros los que decidamos el momento de apagar el interruptor.
- Me enfermas, ¿te parece divertido despertarme para otra sesión de filosofía barata?
- Sólo quería decirte que la mayor parte de mi fortuna será para ti.
- Oh, gracias, gran señor. Es lo menos que merezco por permitirte jugar al medievo con mi culo y mi corazón. Si no te importa prefiero hablar cuando ya sea de día… (Clic)
- Maldita meretriz desagradecida, se ha atrevido a colgarme.-, murmuró Kovacs antes de estampar el teléfono contra la pared.

Se quedó quieto durante unos minutos considerando otras opciones. Pero no, estaba seguro de su decisión, la decadencia empezaba a vislumbrarse y no podía permitirlo, esta era la solución perfecta, la única posible: amartilló la pistola, respiró profundamente, metió el cañón en su boca y apretó el gatillo con suave determinación. ¡¡BANG!! Sus sesos se esparcieron por la pared dejando un bonito dibujo abstracto del que Hemingway estaría muy orgulloso.

Al día siguiente su esquela llenó de dolor el corazón de millones de mujeres.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Acabo el último vaso sabiendo que no habrá mañana, que no existe esa palabra, que he sido engañado.

Cuando tú no estás las sinfonías se convierten en solos para un piano borracho y sordo. No hay polifonía, no hay complejidad en el estúpido devenir.
Cuando tú no estás las nubes de la noche me condensan en un lamento de animal a punto de ser sacrificado. No hay lógica, ni cordura, ni sentido.
Cuando tú no estás el solista es incapaz de controlar sus dedos, las notas se duplican hasta cometer el error de existir. No hay placer al golpear la cabeza contra las paredes acolchadas.

Cuando tú no estás la ciudad es un desierto baldío, un atasco sin coches, una extensión árida de sufrimiento. No hay ni una sola vida imprescindible.
Cuando tú no estás mis manos sólo pueden recorrer el camino de la perplejidad. No hay senderos de locura, no hay sudores mezclados creando oleajes de sagrado placer.
Cuando tú no estás el eco de tu piel empalma mi alma a todas horas, buscando el cielo y la promiscuidad de la tormenta que apacigüe este frío. No hay orgasmos en el ocaso, no hay sensación que merezca recordarse.

Cuando tú no estás no importa que se desencadene el absurdo, que caigan las bombas, que muera el aire, que cese el pulso. Cuando tú no estás solo queda la inexistencia y la nada.

***
Olvidarse de uno mismo sentado frente a la ventana, apreciando los matices ocres reflejados en los tejados de la casa de enfrente. Sentirse parte de la estación, de la lluvia que sigue cayendo. Languidecer mientras atardece, acuchillar el vaso de vino, vaciarlo y llenarlo de nuevo. Tocarse un poco los cojones, aunque solo sea para comprobar su presencia siempre oscilante, tartamuda, acuciante en su necesidad. Y pensarte, desconocida, pensar en follarte cuando ambos estemos afilados como cuchillos, suaves como cañones humeantes de violencia, receptivos como mártires de la caricia.

A ti, querida desconocida, que eres luna de sonrisa aviesa, callejón sin salida, ausencia y ensueño, luz y reflejo, lluvia sobre mi lápida, bosque en llamas, desierto que fecundar. Mi acometida aguarda tu dilatado vacío, la marea creciente de tu interior. Somos carne humeante manchada de semen. Mi grito sobre tu grito. Tu necesidad sobre mi anhelo. Mi amor sobre tu fantasía. La única posibilidad de felicidad sobrevolando un firmamento sin estrellas. Ven y conviértenos en algo real.

***
El otoño es una estación realmente extraña, aúna la melancolía del alma con la excitación de la carne y los sentidos. Todo muere en otoño, la naturaleza se recrea en los tonos ocres, en los insectos agonizando bajo las hojas, en la preparación para el largo sueño invernal o quizás la fría muerte. En otoño el sexo cobra más importancia que de costumbre porque se nos recuerda sutilmente que la carne está en constante degradación, y entendemos que el sexo es la anestesia de la trascendencia, o quizás la trascendencia en sí misma, dado que sirve de antídoto contra esa muerte, de recreación y distracción.

Somos envoltorios de carne, pequeños animales con ansias de supervivencia y placer que luchan por perpetuar sus genes mientras la naturaleza entera sigue declinándose en horizontes quemados de hojas sin clorofila y nidos resecos por los rayos de un sol efímero y cruel. El otoño es un maullar de gatos en celo, el comienzo de una bella despedida.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Diez películas y una serie para amantes del cine de terror.

            Esta hubiera sido una entrada perfecta para Halloween, pero entre que ayer estuve trabajando y he tardado mucho en subir las películas a MEGA (mi fibra de Yoigostar no tiene pinta de ser simétrica), no he podido actualizar hasta ahora. En cualquier caso, y ya pasado Halloween, cualquier momento es bueno para disfrutar de alguna de las siguientes películas. La particularidad de la selección es que son películas actuales, nada de clásicos ni de títulos mil veces repetidos en las listas de los cinéfilos más puristas. He intentado atraer la atención sobre directores que intentan hacer cosas diferentes, joyitas ocultas de los últimos años que quizás han pasado desapercibidas. No están todas las que son, pero si son todas las que están. Además, y quizás lo más interesante de esta entrada, es que como ya he dicho las he subido todo a MEGA para que, en caso de que tengáis curiosidad sobre alguna, os la podáis descargar sin problemas: simplemente hay que acceder al enlace, botón derecho del ratón sobre la película que os guste, opción Download, Standard Download, y se descargará en unos minutos.


Halloween, el origen (Rob Zombie 2007)

La matanza de Texas (1974), Halloween (1978), Viernes 13 (1980), Pesadilla en Elm Street (1984), Hellraiser (1987) y Muñeco diabólico (1988) fueron las películas que plantaron la semilla de los miedos modernos, terrores que a su vez bebían del giallo italiano y la veneración por los monstruos heredada de los films de la Hammer. El problema fue el absoluto abuso de secuelas, remakes y continuaciones destinadas a coger polvo en las estanterías de los videoclubs. La saga de Halloween es un buen ejemplo: once secuelas, una actualmente en los cines. Obviamente la primera de John Carpenter es la mejor, un clásico que fue rodada en apenas tres semanas y que marcó los patrones de un género que todavía hoy en día se repiten y plagian hasta la saciedad; pero no por ello hay que desdeñar todo lo que se ha producido después, y este remake de Rob Zombie me parece bastante acertado captando el espíritu original de Carpenter y aportando ideas propias.

Amanecer de los muertos (Zack Snyder 2004)

Remake del filme de terror de George A. Romero del director Zack Snyder (Watchmen) Dejando de lado los innumerables tópicos, los diálogos tontorrones y la escasa originalidad, este remake aporta todo lo que un amante del subgénero puede pedir: unos FX sobresalientes, un maquillaje soberbio, escenas de violencia sobrecogedora, actores más que decentes y por supuesto sangre y gore hasta la extenuación. Pocas veces ha habido en la historia del cine de terror un comienzo tan brutal y violento como en esta película, donde se explicita la facilidad con que el mundo que conocemos puede derrumbarse en una sola noche. Aunque deja de lado la sátira moralizante de la original, el thriller de acción mezclada con horror, en la línea de videojuegos survival horror, compensa con creces.

La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2012)

La película es una mezcla delirantemente entretenida de El Show de Truman, Viernes 13 (o cualquier slasher de tintes similares), Battle Royal y el universo lovecraftiano. ¿se puede mezclar ciencia-ficción, humor y terror y que salga bien? Pues quizás solo si tenemos de guionista a Joss Whedon (Buffy Cazavampiros, Los Vengadores) y Drew Goddard (la serie de Netflix Daredevil). La cinta queda claro que no trata solo de cinco chavales a punto de ser asesinados en una cabaña, por eso evitar los spoilers y disfrutar de los sorpresivos giros de guion que os aguardan. Está claro que el paso del tiempo la convertirá en una película de culto.

Martyrs (Pascal Laugier, 2008)

Martyrs es una película excesiva, difícil de ver. Y, como todo exceso, cuenta con su secta de admiradores y su horda de detractores. Los primeros veneran su ferocidad y los segundos detestan su visceral desmesura. La primera parte es magnífica, inquietante, con unos mecanismos de suspense, ritmo y alucinación que consiguen causar verdadero desasosiego y desconcierto en el espectador, entonces se produce un giro que da comienzo a la parte final siendo este último tramo, quizás por el cambio de ritmo, algo más fallido, aunque añade más matices a la historia. Pascar Laugier utiliza para crear esta pesadilla cinematográfica algunos recursos del “slasher” de finales de los años 70 y algún que otro homenaje literario (como “A sangre fría” de Capote o “Los Libros de Sangre” de Clive Barker), con ello quiero decir que no hay nada al azar, y que su director tenía muy claro qué quería hacer.
Martyrs es una de las películas más excesivas, trasgresoras y valientes que he visto, solo apta para cinéfagos acostumbrados al gore. Los demás id con cuidado.

Hereditary (Ari Aster, 2018)

Hereditary tiene un guion repleto de aciertos e ideas, creando constantemente incertidumbre en el espectador. Además la soberbia interpretación de los actores, la puesta de escena y fotografía y, sobre todo, el equilibro entre desarrollo emocional y escenas perturbadoras consiguen regalarnos una película fantástica. Pero también hay que saber disfrutarla: este es un tipo de terror más “lento”, sin tantos efectivísimos, subidas de volumen, sustos o riadas de sangre; es un terror casi contemplativo, no en vano son los mismos productores de la película “La Bruja”, por lo que para poder disfrutarla tienes que tener todo esto en cuenta.

V/H/S (Varios Directores, 2012)

Película de episodios del tipo "found footage", desde la perspectiva de varios cineastas de género. El apartado técnico es impecable en todos los segmentos, la variedad de los mismos hace muy apetecible el conjunto y la calidad indudable de los directores que hay detrás del proyecto convierten a esto en algo totalmente RECOMENDABLE, no lo dudéis, dadle luna oportunidad.

Zombies Nazis 2 (Tommy Wirkola, 2014)

La película empieza justo donde acaba la primera parte, (no es necesario verla, esta la supera en todo) y continúa el enfrentamiento entre los humanos y los zombis nazis, esta vez contando con la ayuda de un ejército de zombis comunistas. La película demuestra un sentido del humor increíble, todas las escenas están llenas de ironía, slapstick y brutalidades gore, muy al estilo de la encomiable Braindead. No os dejéis llevar por los prejuicios que genera su título: es una película muy divertida. A destacar, entre otras, el momento de erotismo macabro mientras suena “Total Eclipse Of The Heart”. Esperando con ganas su tercera parte (tiene escena postcréditos).

La autopsia de Jane Doe (André Øvredal, 2016)

«Jane Doe» es el nombre genérico que habitualmente se otorga a una mujer si se desconoce su identidad a la hora de realizar una autopsia. Øvredal pone en marcha lo que parece un thriller forense, desvelando con habilidad y poco a poco lo que está ocurriendo, y finalmente lo convierte todo en un capítulo de The Twilight Zone donde los sobresaltos gratuitos no desentonan. El film no solo pretende ser efectivo, sino que trata de ofrecer el mejor entretenimiento posible al público más exigente, manteniéndolo en tensión mediante una atmosfera desasosegante y claustrofóbica, que acabará por redimir un desenlace que desgraciadamente no está a la altura pero que tampoco desmerece demasiado el conjunto. Muy recomendable.

Posesión infernal (2013) / No respires (Fede Álvarez, 2016)

Tres años después de dirigir el remake de Evil Dead, una maravilla de la que también pongo aquí un enlace, y con la que nuestro querido uruguayo Fede Álvarez recaudó más de cien millones de euros, rodó No respires. En esta película tres jóvenes se cuelan en la vivienda de un exmilitar ciego con el objetivo de robarle, una historia ideada por el propio Álvarez a partir de la brillante ocurrencia de invertir los tópicos: una home-invasion narrada desde el punto de vista de los asaltantes, un antagonista que en lugar de gozar de superpoderes inexplicables sufría una minusvalía y, por último, se desarrolla en un escenario invertido para el género (la única casa decente de un barrio tenebroso en lugar de la única casa tenebrosa de un barrio decente). Rodada con una cámara que ha tomado muy buena nota del David Fincher, salpicada de sobresaltos efectivos, un sótano con sorpresa desagradable y, sobre todo, con uno de los antagonistas más interesantes de la historia del cine de terror.

La maldición de Hill House (Mike Flanagan, 2018)

Para terminar tengo que recomendar encarecidamente esta serie. Son solo diez capítulos, diez horas de un puzle emocional, narrativo y técnico perfectamente encajado. Son evidentes las referencias a 'El Resplandor' y la adaptación de los 60 de la novela de Shirley Jackson. Pero más allá de eso Mike Flanagan ha creado un universo particular en el que se mezclan todos los clichés y tópicos habidos y por haber en el cine de espíritus y fantasmas. Los dos grandes logros de Flanagan son que en ningún momento cae en la parodia involuntaria, todos los detalles están muy cuidados en este aspecto; por otro lado, consigue evitar la monotonía narrativa sin abusar de efectismos estridentes, algo que podría haber sucedido con previsible normalidad, más aun teniendo en cuenta la cantidad de producciones mediocres sobre fenómenos poltergeist, aparecidos o casas encantadas, en su mayoría películas y series que no han aportado nada (o casi nada) al género fantástico. Sin embargo, cuando las ideas están bien desarrolladas, siempre existe cierto margen para innovar. Otra sorpresa de Netflix. Enlace para descargar por Torrent aquí.

viernes, 26 de octubre de 2018

Escritura automática.

Querida lectora: he de advertirte que estamos entrando en una dinámica destructiva. Suena inquietante, referirse a la destrucción siempre lleva latente una tragedia, pero ahora que he captado tu atención quiero tranquilizarte, en realidad todo es más pueril: lo que quería decir es que somos satélites girando en órbitas excéntricas y asincrónicas, buscándonos y evitándonos a la vez. Como la frontera entre el placer y dolor, entre la potencial adoración e indiferencia entre el escritor y su musa.

Entiendo tu prudencia: somos lo que escribimos, pero no siempre. El terreno de la ficción se alimenta de una parte esencial y otra especulativa. Es fácil desear a ciegas, guiados por la belleza de algunas palabras, de algunos gestos. Sin embargo, ¿es posible encapricharse de un cerebro, querer acariciar las manos que escriben los textos que te emocionan? Yo creo que sí, aunque forme parte de esa dinámica destructiva de la que hablaba antes, del caos apoderándose de nuestras pequeñas esperanzas. De momento estamos seguros, somos tan ajenos como impredecibles, tan extraños como deseables. Quizá ahí esté el truco, la clave de nuestra virginidad conceptual.

            Por eso te escribo presa de un súbito ataque de melancolía, atemorizado ante el anonimato que marchitará todas nuestras posibilidades. Te propongo que seamos valientes, que nos convirtamos en devenir y casualidad. Y como primer paso dejemos el sexo como mera cuestión epistemológica, vayamos a lo importante: enséñame tus aristas, tus desequilibrios, el color de tus pensamientos, los defectos que no compartes con nadie; ayúdame a entenderte. El amor es un allanamiento de identidad, una impudorosa aceptación, una alegre emancipación de todas las etiquetas. Ven, atrévete, coge mi mano, desnúdate, enséñame tus heridas, canta conmigo, llueve conmigo. Hagamos una locura. Sálvame. Sálvanos.


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Puedo creer que he tocado fondo, sobrepasado ya el nivel crítico de frustración. Puedo sonreír a los niños que juegan en el parque cuando, en realidad, quiero estampar sus sesos contra el suelo. Puedo mantener un trabajo precario durante ocho años y que no parezca un fracaso vital. Puedo albergar pulsiones suicidas, tener la certeza de que la cuchilla y el agua tibia, o el monóxido de carbono, siempre serán una opción, una válvula de seguridad que me permite no ser aprensivo con mi futuro. Puedo dejarme llevar por el camino del exceso y beber y drogarme como si estuviera más cerca de los veinte que de los cuarenta. Puedo masturbarme, saboreando el dolor físico y mental, rememorando cada oportunidad perdida, cada recuerdo en toda su salvaje intensidad. Puedo leer libros de forma compulsiva intentado buscar alguna justificación, alguna idea que permita llenar el hueco existencial que ha provocado desechar la religión, la familia, el trabajo y el consumismo como forma de vida.

Puedo cerrar los ojos, respirar hondo y saltar por la ventana. Puedo dejar abiertas antes las espitas de gas y acabar con medio vecindario. Puedo reivindicar un espacio propio, e ignorar las advertencias y amenazas de una dictadura disfrazada de democracia. Puedo revolcarme en la autocompasión, en mis complejos y manías, ser un masoquista y volverme también despiadado, porque ambas tendencias siempre van unidas. Puedo tener esperanza en el futuro como máxima utopía desechable. Puedo odiar a Bukowski por decepcionarme. Puedo autoengañarme e ignorar mi pasado, y así repetir los mismos errores una y otra vez. Puedo arrastrarme al hedonismo más trivial, hasta que la inanidad y la falta de estímulos cause mi embrutecimiento y obliteración neuronal. Puedo obviar mi falta de talento y enfadarme con la sempiterna página en blanco. Puedo ser pedante y causar sonrojo mayúsculo por mi falta de contención. Puedo presumir de soledad cuando lo único que pretendo es esconder mi pusilanimidad.

            O puedo seguir con este blog. Y ver qué sucede.

jueves, 25 de octubre de 2018

Insomnio de isla, huella de amor amortiguada, tilos aplastados, luz de otoño en labios de ceniza, botellas sin mensajes, zapatos mojados en el retrovisor. La soledad es universal y no admite matices. Grandilocuencia.

Tus manos tienen el poder de acariciarme sin contacto, de transformar azar en certeza. Tus manos, piel dibujándose más allá de huesos y arterias, respiran libertad cuando sonríes. Tus manos son una voz amiga en tierra extranjera, una pausa entre tormentas, cuando las gotas de agua repiquetean con elegancia sobre el petricor. Tus manos son kilómetros de paisajes, ríos deslizándose por la corteza de mi soledad.

Pienso en tus manos de forma obsesiva, en su roce fugaz con las mías. Dedos deslizándose, subiendo y bajando, celebrando la carne, abriéndome el alma, ardiendo entre las mías, encajando sin resquicios, con la presión perfecta para el delirio. Unas manos que escriben, componen, susurran, gritan, destruyen y crean. Que acarician mi sexo, que cubren mi boca.

Tus manos son el asidero al que agarrarse cuando todo se vuelve difuso. Manos atadas al cabecero de la cama, crispadas por el orgasmo derramado, obligando a las mías a masturbar el espacio que todavía existe entre nosotros. Manos que mutan entelequia y dolor en instante y placer, la eternidad de sus líneas hundiéndose en mi decadencia vital, dejando atrás dos cuerpos temblorosos, aislados por fin del ruido y la furia.

Quiero sonreír para que tus dedos dibujen mis labios justo antes de besarte. Quiero morir para que cierres mis ojos con tus manos. Llueve afuera. Llueve dentro. Llueve en todas partes.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Crítica de la serie de Netflix 'Maniac'

Llegué a esta miniserie (diez capítulos y sin segunda temporada) con unas expectativas bastante altas, no sólo porque las primeras imágenes que se filtraban era muy inquietantes y llamativas, sino por los responsables del proyecto: Cary Joji Fukunaga y Patrick Somerville, el primero, guionista de la última adaptación de IT al cine y director de True Detective -la inigualable primera temporada-; el segundo, guionista de The Leftovers, una serie de culto. La historia también tenía mucho potencial, y más aún los actores: Emma Stone interpreta a la Annie Landsberg, una joven drogodependiente trastornada por su pasado y adicta a un fármaco que testan en un laboratorio. Por otro lado tenemos a Jonah Hill interpretando a un hombre con rasgos psicóticos que es extorsionado por su familia, culpable de muchas de sus obsesiones, para librar a su hermano de un escándalo judicial. Los dos se deciden a participar en el ensayo clínico de una empresa farmacéutica. El tratamiento, creado por James Mantleray (Justin Theroux se marca la mejor escena de presentación de un personaje en toda la serie), promete que, si se toma una secuencia de pastillas durante tres días, puede arreglar cualquier problema de la mente humana y “erradicar todas las formas innecesarias e ineficientes del dolor humano”.

Una vez entramos en las instalaciones donde permanecerán durante tres días, los episodios se dedican a mostrarnos el subconsciente de los dos protagonistas a través de experiencias generadas por una inteligencia artificial (que tiene personalidad, emociones, y empieza a resultar un problema según avanza la serie) en la que vemos a los personajes asumiendo otras identidades. Siete de los diez capítulos de Maniac relatan esos viajes mentales, con giros propios del surrealismo, cada uno con una estética y género distinto: en plan James Bond, El señor de los anillos, América profunda en un homenaje a los hermanos Cohen… la serie es una mezcla rica, ecléctica e innegable de varios títulos y autores: Eternal Sunshine of the Spotless Mind, de Michel Gondry, un poco de la esencia distópica retro de Blade Runner, “Her” de Spike Jonze o "I'm here" o en "Moon" de Duncan Jones.

Quizás el problema es la desconexión y la falta de calidad de algunos de esos capítulos; no se sabe aprovechar los códigos de las representaciones oníricas y se sienten impersonales, más como una serie de sketches. Da la sensación de que los guionistas quieren abarcar demasiadas cosas pero no acaban de encontrar el tono, y se queda en un ejercicio curioso y estéticamente encomiable, pero muchas veces superficial a nivel de guion.

Sin embargo, a pesar de dejar al espectador descolocado con su humor, sus situaciones absurdas y extravagantes y sus abruptos vaivenes de calidad, es una propuesta diferente, y eso siempre es de agradecer. Naturalmente Black Mirror (por poner un ejemplo) es muy superior, pero mientras llega una nueva dosis no está mal disfrutar de Emma Stone, su interpretación es potente y conmovedora, y es impresionante la expresividad de sus ojos en los primeros planos. En definitiva, no es la mejor obra de Cary Fukunaga, pero sí es, probablemente, la más personal; y aunque no es una serie para todo el mundo, sin duda es una de las más interesantes de Netflix en lo que va de año. Ah, y tiene escena postcréditos.

domingo, 14 de octubre de 2018

Anne Sexton (1928-1974)

DESEANDO MORIR 

Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.

Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo, 
he aceptado su destreza, su magia.

De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina
sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.

Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden
olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,

y a pesar de todo ella me espera, año tras año, 
para reparar delicadamente una vieja herida, 
para liberar mi aliento de su dañina prisión.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto,  una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.

LA BALADA DE LA MASTURBADORA SOLITARIA 

El final de la aventura es siempre la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te encuentra ausente. Horrorizo
a aquellos que están cerca. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Dedo por dedo, ella ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La toco como una campana. Me recuesto
en la enramada donde tú solías montarla.
Me tomaste prestada sobre las sábanas floridas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Toma, por ejemplo, esta noche amor mío,
En la que todas las parejas se unen
con giros compartidos, debajo, arriba,
el dúo abundante en esponja y pluma,
arrodillándose y empujando, cabeza con cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.

Salgo de mi cuerpo de esta forma,
un milagro molesto. ¿Podría
exhibir el mercado de los sueños?
Me abro. Me crucifico.
Mi pequeña ciruela le decías
De noche, sola, me caso con la cama.

Después llegó mi rival de ojos negros.
La dama del agua, alzándose en la playa,
con un piano en la punta de los dedos, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Y pasé a ser la escoba vieja.
De noche, sola, me caso con la cama.

Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de oferta del perchero
y yo me rompí igual que una piedra.
Te devuelvo tus libros y las cañas de pescar.
El periódico de hoy dice que te has casado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Chicos y chicas son uno esta noche.
Se desabrochan blusas. Se bajan las braguetas.
Se quitan los zapatos. Apagan la luz.
Las trémulas criaturas están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente, bien saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.

LOS BOMBARDEROS 

Nosotros somos América.
Somos los que rellenan los ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores
La bomba se abre como una caja de zapatos.
¿Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
¿Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado
y se lo han quemado 
y como último acto
lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.
¿Dónde están tus méritos,
América?

sábado, 13 de octubre de 2018

Blogger y la poscensura en las redes sociales.

Blogger lleva sobreviviendo a su propio estertor más de diez años. Es cierto que todavía hay blogs con mucha movimiento de visitas y comentarios, pero no es lo habitual. Uno de los motivos es la falta de savia nueva, cuando alguien quiere escribir se abre una cuenta en Twitter, o un canal de YouTube para grabarse contando sus cuitas. Aún recuerdo cuando comencé en 2011 a escribir las primeras entradas, lo emocionante que resultó recibir mi primer comentario anónimo. Eso de interaccionar con alguien que no conocías, soltar mis parrafadas sabiendo que había gente allá fuera que tenía curiosidad por leerlas… con Twitter todo eso ha quedado anticuado, a fin de cuentas ahora puedes escribir cualquier cosa y tienes veinte interacciones inmediatas, sin esperas, dosis de dopamina casi al segundo.

Sin embargo me sigue gustado esto del blog. Es un desierto de palabras, un lugar donde puedes desarrollar tus soliloquios sin limitaciones de espacio, ¿tiene sentido? Bueno, si tenemos en cuenta nuestra propia mortalidad nada tiene sentido. Desde un punto de vista más pequeño para mí le da un cierto alarde de trascendencia a mi tiempo. Los blogs outsiders, los que tienen pocas visitas y el autor se desmelena y no pone filtros a sus opiniones, siempre me han recordado a la película Rebelión en las ondas. La vi hace miles de años, pero me trae buenos recuerdos: trata de un adolescente neoyorquino (Christian Slater) que al trasladarse su familia de su ciudad natal a Arizona no logra adaptarse y decide montar sin que lo sepa nadie una radio nocturna pirata en el sótano. Desde allí habla sin tapujos de todo lo que se le pasa por su mente, y además pone música fantástica (por ejemplo Leonard Cohen). Empieza a tener oyentes, y a difundirse cintas con sus programas en el instituto, pero él sigue con sus monólogos nocturnos, porque en el fondo son un intento de comprenderse, de buscar un sentido a la miseria y desconcierto que conlleva siempre la adolescencia. Lo interesante de la película es que también habla transversalmente de la libertad de expresión, de como todos tenemos algo que decir, algo que compartir con los demás, y que no podemos permitir que nos censuren por ello.

            Quizás por eso sigue sin convencerme el microblogging de Twitter o Facebook. En las redes sociales hay poco respeto por la diversidad de opiniones. Todo tiene que estar compartimentando, polarizado, si tienes una opinión diferente te van a linchar. A veces da la impresión de que pretenden reducir a todas las personas a cinco o seis etiquetas, simplificarlos lo máximo posible. Lo peor es que la mayoría, en su ansia de aceptación y notoriedad, colabora con esa pulsión, defendiendo sus etiquetas con visceralidad, como si no fuera posible cierta escala de grises, contradicción o duda. La interacción en las redes sociales es como una distopia a pequeña escala donde se pretende imponer el pensamiento único. Tanta virulencia encierra cierta paradoja, ¿si tan seguro estás de tu verdad, por qué te sientes amenazado por quienes no opinan como tú, de qué tienes miedo? Y me da igual que se hable de feminismo, veganismo o cualquiera de las ideas progres que estén ahora de moda. Todos tenemos derecho a cometer nuestros propios errores retóricos, a cuestionar y criticar desde el respeto cualquier dogma de fe que, desde fuera, nos parezca ridículo. El problema es que la propia minusvalía reduccionista de Twitter de sus doscientos ochenta caracteres impide un debate complejo, lo que ayuda a contagiar mucho más rápido la mediocridad mayoritaria. Al final solo queda la propia censura, intentar no crear polémicas ni meterse en líos.

Os dejo un vídeo de Juan Soto Ivars sobre la poscensura, que complementa muy bien el tema de la entrada:

viernes, 12 de octubre de 2018

El "Bloqueo Lector"

Un término famoso y que empiezas a temer cuando llevas un tiempo escribiendo, es el llamado “bloqueo del escritor”. No recuerdo haberlo sufrido nunca, pero también es verdad que siempre me he movido en mi zona de confort (este blog, NaNoWriMo, redes sociales) y que quizás en proyectos largos y más serios como una novela se puede producir. De todas formas siempre he pensado que cuando nos cuesta doblar el brazo a la página en blanco suele está motivado por la falta de material creativo; y la solución es muy simple: leer más, salir al exterior y conocer gente nueva, ver películas… cualquier cosa que estimule intelectualmente. Al principio no es necesario porque siempre tendemos a usar nuestro material biográfico, pero luego, una vez hemos agotado ese atajo, hay que seguir alimentando al cerebro con estímulos externos.

Sin embargo, lo que no conocía y he descubierto recientemente gracias a las redes sociales es lo del “Bloqueo Lector”. Y me llama la atención porque leer es mucho más pasivo que escribir: alguien ya ha hecho todo el trabajo sucio, ha intentado ser ingenioso, ameno y divertido, y nuestra parte se limita a tumbarnos en el sillón y comprobar si lo ha conseguido. Es cierto que hay libros y ensayos mucho más densos de lo habitual y que requieren de mucho más esfuerzo intelectual. Pero hay miles de libros en las librerías, solo es cuestión de escoger el más adecuado para tu estado anímico. Supongo que me ha llamado la atención esa expresión porque es otro síntoma más de la época de mierda en la que vivimos, obsesionada con poner nombres y etiquetas a cualquier concepto, de tal forma que todo pensamiento tenga su respectivo código de barras y compartimento, y pueda ser comprado y consumido en el supermercado de ideas al por mayor, siempre y cuando la policía de lo políticamente correcto haya dado el permiso para su comercialización.


            Soy tan refractario a ese concepto porque no conozco a nadie más indolente que yo, lo digo totalmente en serio, cualquier actividad requiere en mi caso el triple de esfuerzo que para una persona normal. Sin embargo estamos en octubre y ya me he leído 104 libros. Algunos argüirán que tengo mucho tiempo libre. Y yo les replicaría que si solo hiciera falta tener tiempo libre para que la gente leyera más, todos los parados, jubilados, amas de casa y adolescentes hiperactivos, etcétera, hubieran subido la venta de libros -o si lo preferís los prestamos de libros en las bibliotecas-, durante la crisis de forma significativa. Pero no ha sido así. En realidad si te gusta leer no necesitas tener mucho tiempo libre; he conocido personas que madrugan más para poder leer o escribir un poco antes de ir al trabajo, que aprovechan los trayectos en metro o en autobús, que leen durante la hora que tienen para comer en su trabajo. Trabajas cuarenta horas, ¿y qué? Tienes los fines de semana, todas las tardes libres. Pero prefieres hacer otras cosas…

Más allá de las terribles secuelas de cómo se gestiona la lectura obligatoria en las escuelas, cobrándose la muerte de millones de lectores potenciales, lo curioso es cómo los años de instituto y universidad no solo han conseguido bloquear la capacidad lectora de la mayoría de la gente, sino también convencerles de que son sinceros cuando afirman que no tienen tiempo para leer, cuando en realidad lo que sucede es que no quieren hacerlo. Hay un problema con lo de pensar, la gente asocia el pensar a cosas terriblemente aburridas o desagradables. No quieren leer porque supone un esfuerzo. Pero si nos tomamos algo de tiempo para analizar la cuestión deducimos que todo lo que merece la pena en la vida supone un esfuerzo. Sin embargo, por poner un ejemplo banal, ¿es tan habitual escuchar a alguien decir que no quiere follar porque supone un esfuerzo?

Hay mucho espíritu atrofiado pululando por las calles, gente que no tiene ni treinta años y ya tiene el alma vieja y cansada, que decide mutilarse, limitarse, porque prefieren vivir una vida sin imaginación antes que esforzarse por ser un poquito mejores. La gente no lee, no porque no puedan, o su vida sea estresante y agotadora sin ningún momento libre: la gente no lee porque son unos necios. Y son unos necios porque no leen.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Una reflexión sobre VOX y el resurgimiento oficial del fascismo en España.

Ayer en La Sexta escuché a Jorge Verstrynge negar que VOX tuviera alguna posibilidad electoral. Se refería a que todos los votantes de esta formación estaban dentro de Vistalegre escuchando el mitin de su ínclito líder, que fuera no había más. Y que si el PP y Ciudadanos seguían endureciendo su discurso frente a la inmigración y los independentistas, no había posibilidad de crecimiento. Añadía una cuestión interesante: VOX no son populistas, tienen una ideología muy concreta de la que presumen sin pudor: son católicos monárquicos, reaccionarios en género, liberales en lo económico y defensores de la fe española. En referencia a VOX Pablo Casado también comentó ayer que él tenía una excelente relación con Santiago Abascal, que compartían muchas ideas […] y que era una derecha nueva que había que respetar. Ninguna crítica más allá de intentar optimizar esfuerzos por el voto útil y concentrado. A mí lo que me preocupa de todo esto es que VOX se convierta, después de las próximas elecciones generales, en un partido bisagra, es decir, aquel que no tiene la fuerza suficiente para llegar al gobierno pero resulta indispensable para que los partidos mayoritarios consigan mayoría parlamentaria; por poner un ejemplo cercano: la CUP en Cataluña, que con cinco míseros escaños tienen capacidad para alterar la agenda política a su antojo.

En cualquier caso lo interesante de todo esto es reflexionar sobre cómo una formación como VOX abiertamente xenófoba, homófoba, antifeminista y ultranacionalista ha conseguido reunir a más de diez mil personas este domingo en Vistalegre. Porque aunque Verstrynge le quite importancia hace falta bastante organización, dinero (consiguen más de  1.2 anuales solo en donaciones) y masa social para conseguirlo. Creo que hay varios factores:

El independentismo catalán no ha sido el factor más importante pero es cierto que ha convulsionado al nacionalismo español, La vía unilateral decidida por el sector independentista ha polarizado a su antagonista, precursora del lamentable “A por ellos, oe”. Que Torra y los suyos persistan en esa utopía no hace sino radicalizar las posiciones: a más persistencia, más resistencia. Pero en España hay miles de personas que no dan tanta importancia al conflicto catalán y, sin embargo, simpatizan con la extrema derecha; se nota, por ejemplo, en la resistencia a que saquen a Franco del Valle de los Caídos, con la excusa de no reabrir heridas. También hay que tener en cuenta que en el resto de Europa florece la ultraderecha en países sin conflictos identitarios. Primero fue Polonia, Suiza o Dinamarca, y luego, Francia, Alemania, Austria o Italia. Al otro lado del Atlántico Trump se erige como un ídolo para la ultraderecha, un outsider que habla de proteccionismo económico en un mundo globalizado: primero su patria, luego los demás.

Explica Gramsci que a través del concepto de nación las clases dominantes generan en el pueblo un sentimiento de identidad en contra de un enemigo exterior, y que, de esta forma, el obrero se derechiza exaltando la patria. La gente no vota necesariamente por sus intereses. Vota por sus valores. Vota por aquellos con quienes se identifica. La sensación de incertidumbre, la desigualdad social y el miedo al futuro ha empujado a mucha clase obrera a encontrar cobijo en un discurso que promete mirar primero por la patria y luego por quienes vengan de fuera, que promete devolver las ayudas destinadas a los extranjeros al pueblo español y que quiere restringir las fronteras, evitando el colapso del Estado de Bienestar. La ultraderecha ofrece una hoja de ruta sencilla, con soluciones concretas, fáciles de asumir. La aporofobia, el miedo a los pobres, se viste de xenofobia.

La izquierda lleva décadas sin tener una solución real, su discurso ni seduce ni aglutina, por tener no tiene ni siquiera ni un atisbo de autocrítica. Se enarbola en una superioridad moral que lo único que consigue es lastrarla y alejarla de la realidad y de sus votantes. Ha abandonado a la clase obrera, y la clase obrera ha respondido igual. La solución sería clara: alejarse de esa caricatura que la enmarca en luchas absurdas, bajar a la tierra, a las cuestiones reales que le importan a la gente, aparcar la guerra de siglas y de poder, e intentar afrontar su espacio político desde la pedagogía y la pluralidad. Pero no lo hacen, no reaccionan.

            El auge del feminismo, la conquista del espacio público por parte de las mujeres, el #metoo, el éxito del 8M, las manifestaciones por la sentencia de la Manada, Leticia Dolera y sus fastuosas entrevistas, machete al machito, mansplaining, Todos los hombres son potenciales violadores y agresores, la opresión del heteropatriarcado como respuesta a todo, etcétera, ha provocado que muchos sientan que la ultraderecha es el refugio perfecto para realizar una enmienda a la totalidad del movimiento o, como mínimo, para no estar constreñidos en el silencio pusilánime del progre de izquierdas.

            Por último añadiría la crisis del PP: demasiada corrupción, demasiado saqueo institucional. Hay muchos que creen que Rajoy ha sido un líder blando incapaz de plantar cara a los independentistas. Y el relevo de Casado (o Rivera) yendo a degüello a por el segmento más duro de sus votantes, radicalizando su discurso, quizás llega tarde. Puede que el gatopardismo ya no engañe a tanta gente como antes.

No sé si VOX acabará en la irrelevancia o será un importante arbitro político, prefiero no hacer pronósticos porque me suelo equivocar más que Verstrynge. En realidad está entrada tiene la intencionalidad de advertencia propia y ajena: hay que tomarse en serio a VOX, también se ridiculizaba al votante de Trump, a ese obrero de derechas, y puede que repita como presidente en 2020. No volvamos a subestimar la capacidad que tiene el fascismo para normalizarse e integrarse en la sociedad. Es fácil decir que el votante español es tradicionalmente de centro, poco aficionado a los excesos, pero nuestra sociedad siempre ha vivido entre los fórceps de la Iglesia y la Monarquía. Luego han venido cuarenta años de Dictadura y una transición que sirvió de tabula rasa para víctimas y verdugos. Y el pueblo ha seguido agachando la cabeza ante cualquier simulacro de Democracia u orden social que le vendían. Ahora llega este discurso simplista, burdo y visceral, ¿y nadie piensa que es viable que pueda calar entre la población más deprimida y precarizada? Ay, cuánta ingenuidad.

Hay que conocer al enemigo, por eso dejo una entrevista que realizaron a Santiago Abascal antes del mitin en Vistalegre. No estoy de acuerdo con su discurso, pero es uno de los pocos políticos que resulta creíble, es decir, que tiene una ideología real y no tiene pudor en defenderla abiertamente. Nos puede resultar un argumento viejo apelar a la bandera, pero en realidad, aparte de la religión, es uno de los pocos pegamentos sociales que funcionan en la actualidad.

martes, 9 de octubre de 2018

Reseña: V de Vendetta, Alan Moore & David Lloyd (Pentalogía Distópica 5/5)

En la Inglaterra de 1980 el liberalismo de la “dama de hierro”, Margaret Thatcher, iniciaba su dominio de la forma más pura: privatizando las empresas públicas y desmontando las prestaciones sociales y el Estado de Bienestar. Las manifestaciones obreras se contaban por centenares en el Reino Unido y el conflicto laboral alcanzaba sus cotas más altas, enconando el enfrentamiento tradicional entre el laborismo y el sindicalismo, y por otro lado la alianza de los conservadores con los neoliberales. Seguramente fueron estas circunstancias que vivieron tan de cerca los británicos Alan Moore y David Lloyd lo que inspiró la temática pesimista y politizada de esta obra.

Fue en 1982 cuando comenzó a publicarse V de Vendetta en las páginas de la revista "Warrior" (en blanco y negro), convirtiéndose en un cómic muy popular. Concebida originalmente como una serie abierta, esta concepción chocó contra la realidad cuando la revista quebró en 1985, dejándola a la mitad. En 1988 DC Comics se hizo con los derechos de publicación y convenció a los autores para que la terminasen. Finalmente, "V de Vendetta" se publicó en diez números (esta vez a color), y posteriormente sería recopilada en diversas ediciones en formato novela gráfica.

V de Vendetta es un cómic distópico que se desarrolla en 1997 en un mundo que ha sufrido una catástrofe nuclear. La miseria, el caos y la violencia asolan el planeta. Inglaterra consigue sobrevivir y mantener el orden gracias a una coalición entre grandes empresas y ultraderechas fascistas (el partido Fuego Nórdico) que instauran un estado totalitario. El máximo dirigente del grupo es Adam Susan, denominado “Líder”. Sentado en su despacho y gracias a un ordenador llamado Destino domina todo el país. Para ayudarle en su tarea de control se han creado varias facciones: Ojo y Oreja se encargan del espionaje, de controlar a la población con cámaras y micrófonos. Nariz investiga cualquier crimen. Boca se encarga de hablar por el régimen y, por supuesto, lanzar noticias manipuladas. Y los Dedos son los agentes de la ley. Se ha conseguido crear un estado de represión absoluta, donde a la población se le ha privado de cualquier forma de arte, de poder de decisión o posibilidad de criticar el orden establecido. La inspiración en 1984 es evidente.

En medio de este escenario aparece la figura de “V”, un anarquista revolucionario que quiere despertar a la población y declara la guerra al Estado. Es un personaje con una indumentaria muy teatral, con una capa, un sombrero de ala ancha y una máscara blanca de sonrisa permanente. La máscara está basada en Guy Fawkes, un personaje histórico inglés que trató de volar la Cámara de los Lores de Londres el día 5 de abril de 1605 motivado por la falta de tolerancia religiosa por parte del gobierno inglés, pero que fue detenido antes de poder completar su misión. Moore dijo en una entrevista que gracias a la máscara: “Podríamos mostrar una ilustración del personaje ahí de pie, en silencio y con una expresión que podría ser tanto agradable como despreocupada o incluso siniestra“. La máscara desde hace varios años se asocia al grupo Anonymous.

A través de la trama se muestra una contraposición entre dos modelos ideológico-políticos: el fascismo personalizado por el líder de Fuego Nórdico y el anarquismo personalizado en V. El fascismo se construye a través de un discurso fuertemente nacionalista (“Inglaterra prevalece”), estatalista y corporativista: los órganos del estado buscan la analogía con partes del cuerpo (el oído, el ojo, la nariz…) y el liderazgo unipersonal de la cabeza define el Destino del conjunto. El anarquismo se articula a través de un discurso libertario (“la justicia carece de sentido sin libertad”), antiestatalista e individualista, duramente crítico con las instituciones: V dinamita el Palacio de Westminster (sede del Parlamento) y el Old Bailey (sede del Tribunal Penal Central para Inglaterra y Gales), además de revelar la pedofilia del arzobispo de Westminster (máxima cabeza visible de la Iglesia Anglicana). La lucha dialéctica se presenta como una guerra.

El dibujo de David Lloyd puede parecer poco vistoso y desfasado a un lector novel, sin embargo para mí se ajusta perfectamente al tono sombrío de la trama de Alan Moore. Los fondos oscuros y las líneas gruesas se combinan con colores intensos de tonalidades vivas, creando una atmósfera asfixiante y trascendente. El negro lo invade casi todo, sólo desaparece momentáneamente durante las explosiones o en los momentos más felices de la historia de Valerie Page. Lloyd se centra mucho más en los personajes y sus expresiones que en los fondos, mucho más simplistas pero efectivos, por eso en la perspectiva hace más hincapié en los planos de transición y de detalle que en las grandes panorámicas. Hay que tener también en cuenta que los primeros números se publicaron en blanco y negro y posteriormente se le añadió el color.

Quienes han leído el cómic entienden perfectamente las razones por las cuales Alan Moore rechazó con vehemencia la adaptación cinematográfica de los hermanos Wachowski (2006) y no permitió que su nombre apareciera en los créditos. En la película hay demasiados cambios, la trama se vuelve naif, torpe y vulgar; lo peor es la brutal simplificación de los personajes, muy lejos de la complejidad y matices que les aportaba el cómic. Algo se conserva, pero lo fundamental fue extirpado sin que apenas quedase rastro: el mensaje libertario se sustituye por una defensa de la democracia institucional actual, el individuo consciente de sí mismo se diluye en una acción de masa donde el individuo queda borrado y sustituido por el conjunto, o personajes como los de Evey Hammond o Eric Finch carecen de valores y de fondo moral, parecen meras marionetas. Una adaptación lamentable, pero que al menos sirvió para que muchos espectadores descubriesen uno de los cómics más importantes y trascendentales del noveno arte.

En resumen: si aún no habéis leído el cómic y os gustó la película, os pido que dejéis a un lado los prejuicios y le deis una oportunidad. La curiosidad intelectual siempre es recompensada. Añado enlace a los cómics y también a la película.


domingo, 7 de octubre de 2018

Reseña: Nosotros, Evgueni Zamiátin (Pentalogía Distópica 4/5)

En la ciudad de cristal y acero hiperindustrializada del Estado Unido, delimitada por el Muro Verde, que aísla "nuestro perfecto mundo mecánico del irracional y feo mundo de los árboles, pájaros y animales", la vida transcurre sometida a la inflexible autoridad del Benefactor: los hombres-número trabajan con horarios fijos, siempre a la vista de todos, sin vida privada, el sexo está programado y cada actividad del día está regulada de acuerdo a un estricto horario: el yo ha dejado lugar al nosotros. Está prohibido ser diferente; incluso tener pensamientos distintos del colectivo. Cada persona no es más que una pieza del gran organismo colectivo al que están supeditados los individuos. Sin embargo, ni siquiera el control absoluto por parte del sistema consigue eliminar por completo las ansias de individualidad del ser humano. El narrador de este diario íntimo, D-503, es el ingeniero de una nave interestelar que deberá llevar al universo “el bienaventurado yugo de la razón”. El conflicto comienza cuando el protagonista, que vive feliz y convencido de la grandiosa victoria de la masa contra el individuo, “La tonelada tiene derechos y el gramo, deberes”, conoce a I-330, la mujer fatal, tentadora como Eva en el Paraíso e irracional como la raíz cuadrada de -1. No puede evitar enamorarse de ella, y el amor equivale a la rebelión y al deseo de libertad.

Nosotros es la primera distopía pura (1920) de la historia de la literatura. En ella su autor, Evgueni Zamiátin, explica a fondo un sistema socio-político complejo (un régimen totalitario gobernado por el Benefactor y que promulga la falta de libertad como antídoto de la irracionalidad humana), y las vicisitudes del protagonista en el proceso de comprenderlo y rebelarse contra él, igual que ocurrirá algunas décadas más tarde en Un mundo feliz, de Aldous Huxley, en 1984 de George Orwell, o en Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. De hecho Orwell no solo leyó a Zamiátin sino que también reseñó su novela en el diario londinense Tribune en 1946, lo que explica las enormes semejanzas que guarda con 1984.

-Nuestra revolución fue la última de todas. No puede haber más. Esto lo sabe todo el mundo.
-Querido mío, tú eres un matemático. Aún más: eres un filósofo de las matemáticas. Así que dime, pues, la última cifra.
-¿Cómo? No…, no lo comprendo. ¿Qué última cifra?
-Pues la última. La más elevada. La mayor de todas.
-Pero… eso es absurdo. La sucesión es infinita, ¿cómo quieres que te diga la última?
-¿Y de qué última revolución hablas? No hay una última, las revoluciones son infinitas. Eso de la última es para los niños: a los niños la infinitud los asusta, y es necesario que duerman tranquilos de noche.

            La novela puede resultar algo árida de leer, con un estilo fragmentario de frases cortas en primera persona, de un estilo cortante desquiciado y áspero, sobre todo cuando Zamiátin convierte a las matemáticas en una especie de instrumento lírico con el que expresar las emociones de su protagonista D-503. Resulta un buen ejemplo cuando intenta definir el amor a través de una fórmula matemática: “Es evidente que para determinar el verdadero significado de una función hay que llevarla al límite. De modo que la absurda ‘disolución del universo’ que mencioné ayer no es otra cosa que la muerte. Porque la muerte es la disolución absoluta del Yo en el Universo. De aquí se infiere que si A es el amor y M la muerte, A = f(M). El amor es función de muerte.“ El título, es parodia y leitmotiv: el dilema entre tener alma, la pasión amorosa, la incertidumbre de lo irracional… y el nosotros, la colectivización de las conciencias, donde se barre con la individualidad y lo distinto, en busca de un orden confortable y alienante.

El Génesis es el mito más recurrente en el libro. D-503 es Adán en el Jardín del Edén: un privilegiado, inocente, que nunca ha dudado entre el bien y el mal porque nunca ha tenido elección real, y tiene a sus pies un mundo en apariencia perfecto; hasta que llega Eva, I-330, para plantearle la duda, el fruto prohibido, la libertad: “A aquellos dos en el Paraíso se les presentó una alternativa: o dicha sin libertad o libertad sin dicha. No se les dio una tercera opción. Y ellos, unos zoquetes, eligieron la libertad. Así, es comprensible que durante siglos añoraran las cadenas. Las cadenas, ¿comprende?, ahí tiene en qué consistió el dolor del mundo. ¡Durante siglos! Sólo nosotros supimos recuperar la felicidad.”

Por desgracia Nosotros fue prohibida en Rusia. La censura rusa vio en Zamiátin a un librepensador del tipo más peligroso: un intelectual inconformista y demasiado comprometido con sus propias ideas. Por ese motivo Nosotros tardó en publicarse unos años (1924) y solo pudo hacerlo en New York y traducida al inglés. Años más tarde, en 1931, Zamiátin escribió a Stalin pidiéndole permiso para abandonar el país y poder huir de “la sentencia de muerte como escritor” a la que se sentía condenado por la persecución y censura de sus obras (le llamaban el hereje). Consiguió abandonar Rusia en 1932 después de que Gorky intercediera a su favor, y se asentó en París con su mujer. Muere en la pobreza, en marzo de 1937, a la edad de cincuenta y tres años, de un ataque al corazón. En la Unión Soviética no se pudo leer Nosotros en su idioma original hasta 1988.

Orwell, Huxley, Bradbury, Karel Čapek, Ursula K. Le Guin o Kurt Vonnegut son algunos de los nombres que hoy se asocian a Zamiátin. Después de todo esto no creo que haya ninguna duda de que Nosotros merece estar en cualquier listado de joyas ocultas, obras maestras y libros pendientes para cualquier amante de la ciencia-ficción. Espero que esta reseña os anime a darle una oportunidad. Enlace ePub aquí.

“La literatura nociva es más útil que la literatura útil. Hay que escribir literatura nociva, literatura que le haga daño al tiempo en el que está siendo publicada”.