miércoles, 20 de septiembre de 2017

La Guardia Civil registra cinco consellerias de la Generalitat y detiene a varios altos cargos.

Doce altos cargos detenidos -de momento-, se podría afirmar que este es el único momento de la larga legislatura de Rajoy en que está siendo directo y eficaz. Entre el inmovilismo pretérito del Estado y las fantasías absurdas independentistas, que parece se habían creído su propia propaganda, creo que los registros, detenciones, etcétera, les han pillado de sorpresa, como a un niño al que de pronto le dicen que no puede salir a la calle a jugar. Con todo no digo que me parezca bien, pero luego veo del otro lado a Ada Colau hablando de “escándalo democrático” y a Pablo Iglesias hablando de asambleas, y entiendo que entre los que están pensando en el 2 de octubre y las próximas elecciones anticipadas, y los que directamente no piensan, el espectáculo panem et circenses va a continuar a costa de todos los españoles sin que, en realidad, se les tenga en cuenta, como si fueran un convidado de piedra.

Como llevo diciendo mucho tiempo, a pesar de todos los exabruptos aquí no va a suceder nada, habrá elecciones anticipadas, y sí, dentro de algunos años, un gobierno de Podemos y el PSOE dará a Cataluña más competencias, un mini concierto fiscal al estilo País Vasco, para que  PDeCAT, ERC, o el gobierno de turno siga robando con su famoso 3%, al estilo PP, mientras los ciudadanos mantienen su precariedad actual. Ah, bendito nacionalismo, otro infantilismo más de una sociedad cateta a la que se manipula con facilidad con discursos hueros y posverdad, con ese toque cainita intrínsecamente español, que tanto daño nos ha hecho en el pasado.

Añado un comentario muy interesante y lúcido que han dejado en esta entrada y que no quiero que pase desapercibido:
Dentro de los independentistas catalanes tenemos dos grupos, los enamorados, que se creen a pies juntillas que su amor es puro y bueno, y cuya característica más visible es la estupidez, y los embaucadores, que se dejan querer porque saben que pase lo que pase para ellos sólo hay beneficios. Por favor, olvidémonos que esta España cateta y caciquil (incluyendo a Cataluña) está gobernada por corruptos, ineptos y ladrones, y no hagamos bandos de buenos y malos.

Pensemos que los federalismos, como propone el PSOE, dividen las regiones entre pobres y ricos, y no entre catalanes y españoles (¿cómo financiarían las comunidades más pobres la sanidad o la educación? ¿De verdad ese sentimiento de identidad es tan grande que se puede alcanzar la felicidad aumentando la brecha entre pudientes y necesitados?, ¿De verdad la solución a todo esto es crear una nueva Euskadi o una nueva Navarra?); que la separación, como proponen los independentistas, nos vuelve a todos más pobres y miserables, haciendo que perdamos poder de negociación en Europa y el mundo, y que nuestras pasiones más bajas conviertan todo esto en una confrontación de miseria (olvídense los ilusos que creen que una Cataluña independiente se convierta en algo parecido a Suiza o Gibraltar, o que la situación de España se quede tal como está); que un referéndum pactado no es la solución, como propone Unidos Podemos, ya que nos deja a una mayoría en manos de la minoría ante un problema que nos afectará a todos enormemente de forma catastrófica (independientemente que piensen con el corazón, la cabeza o el culo, me resisto a dejar semejante decisión en manos de otros, porque si soy afectado también tengo derecha a opinar y decidir; eso sin contar que según la ley es un derecho que hoy por hoy tengo y que al menos se nos debería preguntar si queremos prescindir de él); y que el inmovilismos, como proponen el PP o Ciudadanos, sólo beneficia a la derecha más casposa que gana rédito de la confrontación y nos retrae de nuevo a esa España de vencedores y vencidos, estrategia muy parecida a la de los independentistas que buscan mediante la polaridad sumar apoyos de gente moderada de izquierda, que confunden este referéndum con democracia, y no se dan cuenta que su derecho a decidir me quita el mío (Para mí una hacienda catalana, como tienen los vascos y quería Artur Mas, no es el problema, el cupo pactado es lo que erosiona la convivencia y crea las desigualdades e injusticias).

Una vez un amigo me comparó este problema con un divorcio, me decía “Nada te puede obligar a seguir junto a quien ya no quieres”, y aunque me hizo dudar luego leí Campos de Níjar, de Juan Goytisolo, y deje de ver a Cataluña como una relación fracasada, empecé a verla como parte de un todo que algunos llaman patria, otros nación, y yo veo como un hogar, uno en el que vive mucha gente que aunque no se conozca influye en nuestra trayectoria vital. Por eso pienso que trocear la casa es una mala idea, ninguna de las partes será más feliz que antes de estar juntos, y si fuera realmente una casa de lo que hablamos, la solución sería sencilla, venderla y repartirse los euritos, pero como no lo es sólo nos queda encontrar una nueva forma de convivir que nos deje a todos insatisfechos, pero lo suficientemente tranquilos para seguir viviendo juntos, porque lo importante es que podamos desarrollar nuestra trayectoria vital con normalidad: tener una vivienda, un trabajo digno, tiempo para disfrutar, poder mantener a nuestros hijos, darles una buena educación, poder tener sanidad, justicia, seguridad, igualdad de oportunidades, etc.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Reseña película “It” (2017)

Ayer, en excelsa compañía, tuve el placer ir al cine a ver la última adaptación de Stephen King. Antes de entrar en la sala me hice la siguiente pregunta, ¿estaba ante otra adaptación estilo Misery, El Resplandor, Carrie, La Milla Verde, o, como suele ser habitual, me encontraría con otra basura que no hace justicia al libro? No en vano “It” es una de mis novelas favoritas de este autor, y a pesar de su extensión, más de mil páginas, me la leí en mi adolescencia en menos de una semana. Pues bien, en esta ocasión podemos felicitar a su director, Andrés Muschietti, porque ha conseguido una adaptación perfecta, y sin duda se va a convertir en uno de los taquillazos del mes.

Aquí tenemos un buen producto, sobre todo gracias a la clasificación “R”, con una atmosfera de misterio e incomodidad al principio, para luego pasar al puro terror con las apariciones del payaso Pennywise y los efectos especiales. La película tiene alma, los losers, el grupo de niños protagonistas, son fantásticos, combinando ese toque ochentera que ya vimos en Stranger Things, con buenos puntos de humor e interacción iniciática. Actuaciones muy buenas, y lo digo desde la perspectiva de que normalmente los niños en pantalla me suelen irritar, pero la película consigue ser una especie de “Cuenta conmigo”, conmovedora y terrorífica a partes iguales.

Siempre que hablamos de una adaptación se suele ser más crítico con el producto final. Aquí puedo resumir en lo siguiente: si no te has leído el libro y te gustan las películas de terror te va a encantar. Si has visto el film de 1990 y, sin disgustarte, sentiste que tenía mucho potencial que explotar, te va a encantar. Si has leído el libro, aquí hay algunos matices. El libro es maravilloso y recomendaría encarecidamente que lo leyerais, pero su adaptación perfecta sería en formato de miniserie de seis capítulos, dado que su estructura es ir alternando los capítulos de los niños y los de su etapa adulta, de tal forma que las dos líneas temporales se van entremezclando hasta el enfrentamiento final con el payaso. Hay miles de detalles, no en vano son mil páginas, y por tanto esa continua comparativa temporal entre el niño y el adulto tienen un efecto fascinante en el lector. Aquí esto se pierde en pos de una limpieza cronológica y comercial, lo que conlleva que la parte de los niños, más extensa y vibrante en el libro, defienda mejor esta primera parte, mientras que la segunda película, planificada para 2019, con menos enjundia y pasado el efecto sorpresa, se quedará un poco más coja.

En cualquier caso es una película muy recomendable, no decepcionará a los fans que hayan leído el libro, ni a los que simplemente les gusta el género y buscan divertirse en su visionado.

martes, 12 de septiembre de 2017

Julio Ramón Ribeyro - Prosas apátridas.

Entre el aforismo, el ensayo filosófico y el diario, estas páginas son el testimonio espiritual de uno de los grandes autores de las letras hispanas del siglo XX. Prosas apátridas es una obra de singular fuerza. Cada anotación es un bocado de sabiduría sobre temas tan diversos como la literatura, la memoria y el olvido, la vejez y la infancia o el amor y el sexo.

Julio Ramón Ribeyro explora nuevas formas de representar una realidad que se percibe como irremediablemente fragmentada. Su estilo, elegante y preciso, y su ironía y amarga lucidez dotan de unidad a estas páginas que captan la condición del hombre moderno en toda su profundidad.


“La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco, apuntando hacia el futuro”

“La carta que aguardamos con más impaciencia es la que nunca llega. No hacemos otra cosa en nuestra vida que esperarla. Y no nos llega, no porque se haya extraviado o destruido, sino sencillamente porque nunca fue escrita”

“El artista de genio no cambia la realidad, lo que cambia es nuestra mirada. La realidad sigue siendo la misma, pero la vemos a través de su obra, es decir, de una lente distinta. Esta lente nos permite acceder a grados de complejidad, de sentido, de sutileza o de esplendor que estaban allí, en la realidad, pero que nosotros no habíamos visto. El arte solo se alimenta de aquello que sigue vibrando en nuestra memoria.”

“Se reprocha a los escritores su inclinación a tratar temas sombríos, tristes, dramáticos, sórdidos y nunca o casi nunca temas felices. No creo que ello sea fruto de una preferencia, sino imposibilidad de sortear un escollo. Ocurre que la felicidad es indescriptible, no se puede declinar la felicidad. Donde empieza la felicidad, el happy end, empieza el silencio.”

“Comprendí entonces que escribir, más que transmitir un conocimiento, es acceder a un conocimiento. El acto de escribir nos permite aprehender una realidad que hasta el momento se nos presentaba en forma incompleta, velada, fugitiva o caótica. Muchas cosas las conocemos o las comprendemos solo cuando las escribimos. Porque escribir es escrutar en nosotros mismos y en el mundo con un instrumento mucho más riguroso que el pensamiento invisible: el pensamiento gráfico, visual, reversible, implacable de los signos alfabéticos."

jueves, 7 de septiembre de 2017

El secesionismo catalán.

            Cualquiera que esté informado sabe que esto viene de lejos, y por señalar algún detonante podríamos recordar a Zapatero y su Estatut de Cataluña; apareció el PP necesitado de votos, lo llevó al TC y este, después de varios años de deliberación, recortó catorce artículos, sometiendo a interpretación otros veintisiete (indicando que el término “nación” no tiene validez jurídica, y quitando competencias fiscales, dado que una de las cosas que querían era tener Poder Judicial autónomo). Luego llegó Artur Mas pidiendo un concierto fiscal al estilo País Vasco, y Rajoy tampoco cedió en esto. Mientras tanto la trama Pujol y del 3% se ha judicializado y Cataluña arrasa en el FLA: el Gobierno le ha prestado 58.116 millones desde 2012. El 'rescate' de la región copa el 30% del dinero inyectado por Hacienda en las autonomías en cinco años. Al final todo se trata de dinero, y de poder juzgar a sus propios corruptos, con la vista puesta en algún indulto circunstancial.

            Ayer sucedió otro episodio de esperpento, que no llega ni siquiera a revolución palaciega –no en vano se lleva avisando durante año y medio-, y en que la mayoría está más preocupado de copar su minuto de gloria en telediarios, de hacerse el selfie para sus redes sociales, de sacar la frase de Twitter para reivindicar su papel, aun de secundario, en esta magna tragicomedia. Hoy el Tribunal Constitucional invalidará la ley, y el lunes, 11 de septiembre, la Diada, será un buen momento para salir a la calle a denunciar la actitud fascista del Estado, ya que es la participación el verdadero talón de Aquiles de toda esta patochada. Luego llegará el 1 de octubre, habrá urnas y votos, pero el referéndum no se podrá realizar. Y así llegaremos a otras elecciones anticipadas donde presumiblemente el señor Junqueras será el próximo President de la Generalitat.

Lleva hablando de esto Iñaki Gabilondo con tono alarmista desde hace un par de años. Y dentro de la sobriedad de sus argumentos creo que falla algo crucial: el carácter de los españoles. Cada región tiene sus pequeñas idiosincrasias pero no somos un país serio. Los catalanes por permitir gobernar durante décadas a CIU, ideológicamente derecha conservadora, neoliberal, sufriendo el mismo tipo de corrupción del PP con Pujol y su mafia del 3%. Ahora, con los tribunales sobre ellos, y cuando nunca han sido independentistas, en 2016 se cambian las siglas -ahora se llaman Partido Demócrata Europeo Catalán ​(PDeCAT)- para poder polarizar más la opinión pública y que no se hable de su gestión política. Eres independentista, me parece muy bien, ¿puedes cuestionar más cosas aparte de tu lugar en España, puedes fiscalizar también la gestión de tus políticos, puedes ser crítico con ellos? Al parecer no. Supongo que es una falla de los nacionalismos: son reduccionistas, acríticos, dogmáticos. Pero claro, al resto no nos va mucho mejor: el PP ha ganado las elecciones generales, ha demostrado que aquí no hay ansias de cambio, que nos pueden ningunear, mentir y robar sin coste político. Solo necesitan polarizar y que solo se hable de una cosa, ¿Gürtel, comisiones de investigación, declaraciones del testaferro de Ignacio González? Aburrido, menudencias.

¿Qué va a suceder después del 1 de octubre? Nada. Cambio de poltronas en el Parlament, más declaraciones inopinadas, más equilibrio de debilidades. Los catalanes seguirán sin saber dónde han ido esos 60.000 millones del FLA, seguirán con la zanahoria independentista mientras una parte importante de sus vidas, el precio del alquiler, convenios, servicios públicos, sanidad, educación, peajes, etcétera, sigue sin mejorar. En este país cateto, cainita, esclavo de su propia apatía e ignorancia, ni siquiera es necesario recurrir al gatopardismo, aquello de "cambiar todo para que nada cambie”. Ahora más que nunca sigue vigente esa dura reflexión de Unamuno referida a España: "¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!".