viernes, 22 de marzo de 2019

Reseña: The Umbrella Academy (Serie de TV)

Gerard Way fue el vocalista de la desaparecida banda de rock My Chemical Romance, pero también es conocido por ser uno de los escritores de cómics más interesantes de la última década. En 2007 junto al dibujante Gabriel Bá creó The Umbrella Academy (ganadora del Premio Eisner, el 'Oscar del cómic'), la historia de una familia disfuncional con poderes que busca detener el fin del mundo. Netflix ha adaptado los dos primeros volúmenes, Suite Apocalíptica y Dallas, y aunque no conserva toda la locura de los cómics en los que hay combates con alienígenas, luchas contra una Torre Eiffel mutante o minirobots asesinos, la combinación de cierta seriedad estilo Watchmen con el espíritu adolescente original de los X-Men funciona muy bien y le da entidad propia.

La historia arranca cuando en 1989, en un mismo día, se produce el nacimiento inesperado de cuarenta y tres niños de madres que a primera hora de ese mismo día no estaban ni siquiera embarazadas. Lo peculiar de la situación llama la atención del millonario e inventor Reginald Hargreeves que adopta a siete de ellos. Pronto descubre las únicas habilidades que poseen cada uno de los jóvenes, por lo que crea la academia de superhéroes The Umbrella Academy y prepara a sus “hijos” para salvar el mundo.

Años después la familia se encuentra completamente separada, pero la noticia del fallecimiento de su padre los volverá a unir, despertando viejas tensiones y rencillas existentes entre ellos. Sin embargo, el misterio de la muerte de su padre, que es tan natural como parecía, unido a la amenaza de un apocalipsis global, los obligará a volver a trabajar juntos.

Cada uno de los personajes representa un trauma familiar. Vanya Hargreeves (Ellen Page) es el único miembro sin poderes y por ese motivo fue siempre menospreciada y sintió que nunca pertenecía realmente a la familia. Luther siempre quiso ser el héroe que su padre quiso que fuera, y eso le costó su propio cuerpo. En la serie es un hombre del espacio encerrado entre los músculos de un enorme gorila que rehúye del contacto físico. Klaus (Robert Sheehan, conocido por la serie Misfits) es quizás el personaje que más profundidad alcanza, sobre todo en comparación al cómic. Puede hablar con los muertos, pero para huir del terror que le provoca ese poder se ha convertido en drogadicto. Allison es The Rumor, puede manipular a todo el mundo a través de su voz. Es popular, una actriz famosa, pero acaba de divorciarse y perder la custodia de su hija. Diego es el único que sigue activo como vigilante, The Kraken. Es un asesino, y tiene una puntería sobrenatural con los cuchillos. Número 5 es un hombre de cincuenta años atrapado en el cuerpo de un niño de doce, tiene el poder de viajar en el tiempo y se quedó atrapado en el futuro, justo unos días después del apocalipsis. Vivió décadas como el último hombre vivo sobre la Tierra, intentando regresar al pasado; para soportar ese aislamiento recrea una historia de amor con un maniquí con el que conversa continuamente.

Cada uno de los personajes podría sostener la serie por sí solo, pero es la combinación de todos, las subtramas que se van desarrollando para aportarles más complejidad (y que más allá de las que atañen al Número 5 ni siquiera aparecen en el cómic) lo que llena de interés cada capítulo. Además, hay grandes personajes secundarios como Pogo, un chimpancé capaz de hablar (un guiño al Planeta de los Simios), la madre robot que parece que ha enloquecido y sobre todo, los sicarios temporales, Cha-Cha y Hazel: profesionales y extravagantes, violentos y divertidos a la vez, muy del estilo Tarantino.

Mención especial a la música, disponible en Spotify, canciones como “Soul Kitchen”, “Sinnerman”, “Barracuda” Exit Music (For a Film) o “Don’t Stop Me Now”, además de temas del propio Gerard Way, acompañan a momentos lisérgicos y muy épicos. Soy un apasionado de la música y reconocer un tema de Nina Simone o Radiohead en una escena coreografiada que funciona me parece una maravilla y le aporta un plus de personalidad y enjundia a la serie.

Por supuesto la serie no escapa de algunos problemas: tiene diez capítulos y los primeros pueden resultar algo lentos, sobre todo porque duran casi una hora. La serie te obliga a ser paciente, a que te vayas acostumbrado poco a poco al ritmo que la historia necesita, por eso resulta chocante que, justo al final, los dos últimos capítulos sean los más cortos, apenas cuarenta y cinco minutos, dando la sensación de que todo se resuelve de forma apresurada; se echa de menos algo más de épica y no el típico cliffhanger que anuncia una segunda temporada

En resumen: una adaptación de los cómics algo libre, quizás no del agrado de los puristas, pero cuyo resultado es una serie coral muy equilibrada, carismática y que me ha encantado. Junto a Titans y Doom Patrol va a poner las cosas muy difíciles a la serie basada en Watchmen de HBO que se estrenará en verano, la cual lo tiene muy, muy complicado para conseguir apaciguar mi lado más hater. Como añadido os dejo enlace a los dos primeros volúmenes del cómic: Umbrella Academy 1: Suite Apocalíptica, y su continuación Umbrella Academy Vol.2: Dallas, por si os interesa leerlos en vuestro ordenador.

jueves, 21 de marzo de 2019

Reseña: Golpéate El Corazón, de Amélie Nothomb

Con esta autora tengo una relación de amor-odio. La descubrí hace ya más de quince años leyendo una entrevista que le hicieron, si no recuerdo mal para el periódico El País, y al descubrir su extravagante biografía y su forma lisérgica de responder a las preguntas decidí darle una oportunidad al libro que estaba promocionando en ese momento. Antichrista me deslumbró y nada más terminar de leerlo me compré todos los que había publicado con Anagrama. Una de las curiosidades que me embaucó de ella es que llevaba publicando una novela al año desde 1992, es decir, a día de hoy ya tiene veintisiete novelas publicadas.


Con el paso del tiempo, y según se va acercando la cita anual, hay una cierta curiosidad masoquista, de ceño fruncido ante la expectativa de leer otro de sus cuentos largos -me niego a llamarlos novelas-, dado que su calidad suele ser bastante desigual. A veces escoge una buena idea y la transforma en algo interesante, y otras veces fracasa sin deslumbrar porque ni ella misma sabe a dónde quiere llegar. Amélie Nothomb es prestigio y marketing, es talento y pantomima: es capaz de venderte por 18€ un cuento largo que lees en dos horas y no te aporta nada y, al año siguiente, publicar una historia autobiográfica y visceral, con unos personajes femeninos tan definidos y colosalmente dañados, que parte de ti queda fascinado durante días. Todo o nada.

Vayamos pues a la sinopsis del libro de este año: Marie, joven belleza de provincias, despierta admiración, se sabe deseada, disfruta siendo el centro de atención y se deja cortejar por el galán más guapo de su entorno. Pero un embarazo imprevisto y una boda precipitada cortan en seco sus devaneos juveniles, y cuando nace su hija Diane vierte sobre ella toda su frialdad, envidia y celos. Diane crecerá marcada por la carencia de afecto maternal e intentando comprender los motivos de la cruel actitud de su madre hacia ella. Años después, la fascinación por el verso de Alfred de Musset que da origen al título del libro la impulsará a estudiar cardiología en la universidad, donde se topará con una profesora llamada Olivia. Con ella, en la que creerá encontrar la anhelada figura materna, establecerá una ambigua y compleja relación, pero Olivia tiene a su vez una hija, y la historia dará un vuelco inesperado…

La fábula de Nothomb es una historia sobre mujeres y sus relaciones, un cuento sobre su capacidad de amar, los hombres apenas existen en su cosmología, son simples figurantes. Con el eje estético y moral de la maternidad, Nothomb no da por seguro el amor entre madres e hijas, pero para ello no pone excusas generacionales, ni le asusta hablar de lo peor de la feminidad, de su competitividad, envidias y posesividad intrínsecas; no necesita forzar un feminismo buenista para conseguir que sus personajes provoquen empatía o rencor. A pesar del lenguaje sencillo, de la excesiva lucidez y racionalidad de algunos personajes en contraposición con el narcisismo simplista y cruel de otros, el poso que deja la novela es de enorme complejidad, el lenguaje sencillo influye y deja espacio al lector para que busque algo más detrás de su historia. En resumen, me ha gustado bastante, y esta vez merece la pena su compra, aunque, como siempre, dejo un enlace al ePub aquí.

domingo, 17 de marzo de 2019

La chica del abrigo rojo.

Estar loca es difícil de asumir, no es algo que puedas solucionar con un par de visitas al psiquiatra o amputar en un quirófano: es una etiqueta que te define y siempre irá contigo. Pensé mucho en ello de pequeña, mientras iba de una institución a otra, encerrada en pequeñas habitaciones blancas, atada a la cama, la cabeza llena de algodones, la boca seca y sin vida. Al final llegué a un acuerdo con las voces: ninguna quería continuar así. La tristeza de nuestros padres carceleros se podía evitar, solo teníamos que disimular, rellenar los test de forma adecuada, imitar el comportamiento de los demás, decir lo que ellos necesitaban escuchar. Y aunque mi aceptación era pura resignación, todo salió bien y poco a poco la alegría volvió a sus vidas.

Nunca se lo conté a nadie, seguía con mi vida sorprendida de que fuera tan fácil fingir ser normal y engañarlos a todos. Durante la adolescencia se agravó más y, cuando el ruido de mi cabeza se hacía demasiado insoportable y las voces requerían protagonismo, me escapaba por las noches en busca de alcohol y emociones fuertes donde nadie pudiera asustarse por mi comportamiento. Naufragaba entre el grupúsculo de pequeños burgueses de colegio privado, con sus grandes apellidos y futuro encorsetado, y mi mundo nocturno, lleno de juergas al límite, donde era la misteriosa chica del abrigo rojo, la que se atrevía con cualquier locura, la promiscua arromántica, la Reina Lagarto y su séquito de drugos del caos.

Han pasado muchos años, años en los cuales mi actuación como hija, amiga, novia y profesional ha sido perfecta. Todos sonríen cuando entro en la habitación, ningún asomo de duda en sus rostros. Pero ahora, esta noche, me siento al límite de mis fuerzas, atrapada en un hara-kiri emocional, alejada ya de toda esperanza de ser feliz. Pero en vez de intentar distraerme, recrudezco el masoquismo emocional releyendo tus cartas; tenías talento para elegir las palabras, para saber cuáles romperían mi hermetismo, palabras mil veces escritas y repetidas por todos los amantes del mundo, pero que consiguieron llegar al núcleo de mi ser, enquistarse en mi memoria. Qué estúpida y yerma me siento ahora. La conclusión es que el amor es una impertinencia de los sentidos, endorfinas sin escrúpulos, horizontes de carne abriéndose en canal ante una sensibilidad sobrevalorada, despótica, veleidosa y cruel.

Las voces te odian y te anhelan. Todas ellas. Me piden que te llame, que exija que sigas disfrazando mis huecos, ahuyentando el asco y el desvanecimiento. Una de ellas toma el control y comienza a escribir una inconexa carta de amor, quiere explicarte los silencios, las caricias al aire, los cambios de humor, mi retraimiento, mis salidas nocturnas... Debería de haber compartido todo contigo, pero, cómo hacerlo, cómo contarte, por ejemplo, las terribles pesadillas que tenía; no quería asustarte. Ahora no importa, es incluso necesario, necesito que me comprendas: todas empiezan con una extraña luz añil iluminándolo todo poco a poco. Y ahí, en medio de la nada, aparece alguien dándome la espalda. Esa persona siempre cambia, a veces es mi padre, un amigo, las últimas semanas siempre eras tú. Lo que nunca cambia es la sensación de pánico, de angustia, sé que algo terrible va a ocurrir. Empiezo a llamarte, a suplicarte que te acerques y salgamos de aquí. Pero sigues sin moverte, ajeno, distante, sin ni siquiera darte la vuelta, como si fueras una máscara de carne colgada de la pared. Al final todo empieza a desdibujarse, a volverse violento, la tonalidad de la luz va cambiando a un rojo oscuro, las voces gritan asustadas todas a la vez, te insultan, quieren hacerte reaccionar; pero cuando intentan arrastrarte a la fuerza, alejarte de este lugar, nuestras manos se convierten en cuchillos que te abren en canal. Caigo de rodillas ante tu cuerpo destrozado, llorando histérica, sin saber cómo solucionarlo.

No sé cuánto tiempo pasa, pero cuando consigo recuperar el control noto que tu cuerpo es diferente. De él ha surgido una versión de mí más joven, sin cicatrices, brillante, de un blanco incólume. Ella me mira fijamente, levanta sus manos hacía mi cuello y empieza a asfixiarme. Intento soltarme, golpearla, pero es demasiado fuerte. El pánico me aturde, mis pulmones arden, los capilares de mis ojos estallan, solo siento la náusea. Y mientras me asesina tú, justo detrás de ella, lo observas todo impasible, casi sonriente. Todos mis sueños terminan siempre con mi muerte.

Arrojo el teclado al suelo, una voz masculina grita de frustración. No, dejemos de escribir, ¿para qué forzar la transcripción de pensamientos, para qué esta necesidad de astillar el hueso con metáforas? Pero los recuerdos me sobrevienen como pequeñas explosiones en el campo de minas de mi cerebro, mezclando los quizás con los ojalá. Me echo a llorar, pero las voces no tienen paciencia, me recuerdan con crueldad que nos habíamos convertido en una parodia vulgar, carne seca deslizándose por las sábanas, una papelera de sentimientos entumecidos y arrugados. Sin embargo sigo anhelando perderme en tu piel, sangrar dentro de tu respiración, observar el cristal empañado por tus embestidas, sentir como tus dedos acarician mis muñecas y controlan mi pulso.

Suspiro. Me agacho para recoger el teclado y es entonces cuando me percato: hay un reguero de sangre, pequeñas gotas oscuras, recorriendo todo el pasillo, como si fuera la escena de un crimen imperfecto. Mi primera y absurda reacción es quitarme el camisón e intentar limpiar el suelo con él, pero cuanto más me esfuerzo en limpiar más sangre aparece por todas partes. Tardo en darme cuenta que son mis propios brazos los que gotean. Me rindo, estoy agotada. Me dejo caer como un parásito sobre las baldosas frías, empapándome de la vida que huye de mi cuerpo, deshilachándome del fluir del tiempo y mi propia existencia.

La voz más desagradable despierta en mi cabeza: es la de mi madre, retumba en mi cerebro como uñas arañando una pizarra. Me increpa, me exige que me levante, que deje de mancharlo todo, que soy una guarra y una puta. Me incorporo, voy dando tumbos hasta el baño. Eludo el espejo, todo palpita, me siento mareada. Abro el grifo de la bañera y me meto dentro. El agua empieza a caer sobre mi piel ensuciándose con mi sangre. No hay banda sonora, solo frío y temblores. Cada vez me siento más pequeña, el griterío insoportable de mi cabeza se va desvaneciendo, la bañera abarca todo mi mundo. Antes de perder el conocimiento ensayo una sonrisa y me dejo arrastrar junto al agua por el sumidero.

***

Ahora, semanas después, he vuelto aquí, al infierno de batas blancas, charlas en círculo, pastillas y ojos opacos. Cuando estoy sola en mi despacho, miro al espejo y vomito todas mis quejas y frustración, pidiendo algo de paz, de libertad. Pero las voces siempre me contestan: “No podemos dejarte morir todavía, hay mucho trabajo que hacer, necesitamos nuestro ejército”. Suspiro, y por un instante pienso en ti. Pero ahora solo hay odio, quiero que mueras junto a los demás. Por eso hay que seguir con el plan y convencer a los últimos inversores, es lo único que tiene sentido. El alzamiento está cerca.

Epílogo

Médico: “Os doy a todos la bienvenida a la mejor clínica psiquiátrica del país: Segunda Oportunidad. Pasen por aquí por favor. Como ya saben todo el mérito del programa es de la Doctora Alicia Sierra, fue ella quien fundó la primera de las clínicas con su propio dinero hace ya más de diez años. Es una mujer admirable, ha conseguido progresos increíbles con pacientes crónicos que habían sido desahuciados de las demás instituciones. Tendrán que perdonar mi efusividad, pero como compañero de profesión solo puedo dar las gracias por tenerla cerca y aprender de sus métodos. ¿Esas noticias de hace un par de semanas? Rumores sin fundamento, se lo puedo asegurar, fueron solo unas vacaciones. Con su dinero podríamos exportar el programa a otros países, podríamos convertirnos en un referente mundial en psiquiatría, existe mucha gente que sería capaz de decir cualquier cosa con tal de impedir un acuerdo así. Les puedo asegurar que ella es un ejemplo de entereza y serenidad, y aquí, entre estos muros, estos rasgos son imprescindibles para nuestro trabajo. Ya estamos aquí, este es su despacho. Les aseguro que conocerla les va a cambiar la vida..."

viernes, 15 de marzo de 2019

La acróbata suicida que obligaba al precipicio a cerrar los ojos.

Anacronías y desastres, ruinas e insomnios, deseos y utopías. No sé amar si no lo hace el poema. La carne y sus súbditos, animales naufragando buscando el paraíso. La tristeza de las arañas. El amor y el arrebato. La sinergia de lo salvaje. Los barracones del infierno. Todos tenemos una bestia dentro, el instinto de los chacales que usan el amor como coartada. Por eso muy pocos se atreven a dejarse desgarrar por el amor, a conocerlo de cerca. Pero a pesar de ser parias, prefiero su fuego a la mentira común.

            Amnesia de civilización. Diástole en la carretera. El extraño abracadabra en la caverna de mi imaginación, la lluvia cayendo sobre una acuarela que ya ha perdido la fe. Esa terrible forma de llorar y amar desde la barricada, acumulando poemas y pavesas de hoguera anorgásmica. Resulta difícil abrazar una certeza y crearse un hogar.

            A veces tengo miedo y prefiero que me hiera tu verso a que lo haga la nada. Necesito jugar a ser dos, a la dialéctica del peyote, a buscar juntos los trenes que certifiquen la autopsia de tus labios. Por eso me atrae el sonido de nuestra risa en el desfiladero, donde el tiroteo del pecho se vuelve secundario y solo existe la verticalidad de lo improbable.

            Pero no sirve de nada: la rayuela se rinde ante la geometría de la mariposa, la hojarasca pierde el sonido del poema, el mar sigue gritando como un animal herido. Nos hemos normalizado demasiado.


***
El ojo del amor // The eye of love (by René Groebli, 1953)