jueves, 7 de noviembre de 2019

Pronóstico Elecciones Generales 10 de Noviembre.

Siempre me equivoco en mis pronósticos, lo cual es una buena razón para seguir haciéndolo, hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces al día. Además, me apetece caer en la gracieta de dar a cada bloque 155 escaños. Justifico mi pronóstico en una movilización del voto a VOX y la derecha, sobre todo si se repiten los disturbios en Cataluña el día 9 de noviembre; parece que el Tsunami Democràtic ha cambiado de idea con respecto a los bloqueos de los colegios electorales el 10, pero quizás haya incidencias y boicots en algunos pueblos con poca presencia policial.

            Lo que parece claro es que Ciudadanos va a caer muchísimo, más si cabe por el pésimo debate de Albert Rivera el lunes 4. Y VOX, gracias a la ley electoral, saldrá beneficiado y sus escaños costarán menos votos que en las elecciones pasadas. Abascal ha tenido dos apariciones públicas (primero en el Hormiguero, luego en el debate donde salió claramente vencedor) que han ayudado a blanquear y visibilizar su discurso. Rocío Monasterio estuvo algo deslucida en el debate de mujeres de este jueves, pero teniendo en cuenta lo farragoso del formato, bronco y aburrido en su mayor parte, tampoco ha perdido demasiado. A la única cuestión casi capital que se preguntó en primer lugar -acuerdos a partir del 11N-, María Jesús Montero (PSOE) respondió: “un gobierno fuerte en solitario”. E Irene Montero confirmó que Pablo Iglesias volvía a ser pieza indiscutible para su deseada coalición. Déjà vu impenitente.



Bloque Derecha 155 Escaños, entre paréntesis el resultado de la Elecciones Generales de abril:
PP (66) 90 escaños
VOX (24) 50 escaños
Ciudadanos (57) 15 escaños

            En cuanto al bloque de la izquierda a priori parece también sencillo: a pesar de lo que afirma el denostado Tezanos en el CIS, el PSOE va a bajar en escaños, no mucho, pero al menos siete. Más País, del ínclito Errejón, no lograría grupo propio, se quedaría en tres inútiles escaños, y UP también bajaría, primero por la desmovilización de la izquierda, la decepción por la falta de acuerdo, y porque la ley electoral le afectaría más que a los demás, pero tampoco creo que sea un descenso excesivo, solo seis escaños, un ligero tirón de orejas.

Bloque Izquierda 155 Escaños, entre paréntesis el resultado de la Elecciones Generales de abril:
Más País (0) 3 escaños
PSOE (123) 116 escaños
Unidas Podemos (42) 36 escaños

En cuanto a los demás partidos, lo más destacable quizás es el trasvase de votos a la CUP que tampoco daría para bloque propio:
PNV (6) 6
JxCAT (7) 6
CUP (0) 3
ERC (15) 14
EH Bildu (4) 4
Pacma (0) 0

            Si estos son los resultados todo parece mucho más complicado que antes. El PP no se va a abstener, VOX es peligroso, al igual que antes lo era Ciudadanos, y no cederá votos ante su competidor ideológico. Lo que nos deja el conglomerado de siglas: PSOE + UP + Bildu + ERC + PNV, o la abstención de Ciudadanos, ERC y PNV en la segunda votación de la investidura de Sánchez. Sea como sea primero tendrían que llegar a un acuerdo Sánchez e Iglesias (Coalición, vicepresidencia, etcétera) y, aunque lo consiguieran, lo que tienen por delante es una legislatura prácticamente imposible de terminar, ¿cómo convencer a la vez a nacionalistas y Ciudadanos para votar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado? En estas circunstancias parece incluso probable que vayamos a unas terceras elecciones, esta vez no solo por el tacticismo de Sánchez, sino también por una incapacidad real de llegar a acuerdos.

            De todas formas solo quedan dos días, esperemos un poco antes de empezar a despotricar; quizás -ojalá- esté equivocado y la situación sea mucho más sencilla de resolver.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Reseña: ‘La Náusea’, de Jean-Paul Sartre (1938)

“Me levanto sobresaltado; si por lo menos pudiera dejar de pensar, ya sería mejor. Los pensamientos son lo más insulso que hay. Más insulso aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan un gusto raro. Y además, dentro de los pensamientos están las palabras, las palabras inconclusas, las frases esbozadas que retornan sin interrupción […] Éramos un montón de existencias incómodas, embarazadas por nosotros mismos; no teníamos la menor razón de estar allí, ni unos ni otros: cada uno de los existentes, confuso, vagamente inquieto, se sentía de más con respecto a los otros.”

El novelista y filósofo francés Jean-Paul Sartre escribió ‘La náusea’ cuando tenía 26 años, en 1931, aunque su versión definitiva no se publicó hasta 1938. Esta novela clave en la literatura universal y exponente del pensamiento existencialista, está escrita en forma de diario. El protagonista, Antoine Roquentin, es un treintañero que percibe la existencia del ser humano como absurda en un mundo en el que nada tiene sentido y con el que no puede conectar. Tras haberse cansado de viajar, Roquentin vive de las rentas en una ciudad de provincias en la que no ocurre demasiado y trabaja minuciosamente en una obra sobre la vida de un aristócrata del siglo XVIII. Día a día se va perdiendo más en una espiral infinita de preguntas para las que no encuentra respuesta sobre los más diversos temas, desde las relaciones humanas, hasta la muerte y la rebelión. De esta forma Roquentin comienza a sentir extraños síntomas que lo hacen sentirse asqueado, él lo llama: la náusea.

“En la pared hay un agujero blanco, el espejo. Es una trampa. Sé que voy a dejarme atrapar. Ya está. La cosa gris acaba de aparecer en el espejo. Me acerco y la miro; ya no puedo irme. Es el reflejo de mi rostro. A menudo en estos días perdidos, me quedo contemplándolo. No comprendo nada en este rostro. Los de los otros tienen un sentido. El mío, no. Ni siquiera puedo decidir si es lindo o feo. Pienso que es feo, porque me lo han dicho. Pero no me sorprende. En el fondo, a mí mismo me choca que puedan atribuirle cualidades de ese tipo, como si llamaran lindo o feo a un montón de tierra o a un bloque de piedra.”

La náusea se va intensificando, hasta el punto en que descubre que el pasado no tiene sentido. Empieza a creer que los recuerdos son solo una excusa para sentir que no se ha vivido en vano, y que el mérito de olvidarlos intensifica su vida, le da una sensación única de aventura, ya que solo ese instante importa, pero a la vez, siente el vértigo de que no hay nada más adelante y no hubo nada más atrás, es solo el ahora, la existencia vacía. Eso lo llena de angustia, a tal punto de compararse con la vegetación y los objetos. Ellos al carecer de lenguaje no pueden pensar ni decidir sobre su vida, únicamente los seres humanos tenemos esa capacidad y cuando la ejercemos utilizamos nuestra conciencia y solo así podemos, por lo tanto, existir. Al existir definimos la esencia de nuestro ser porque esta se forma por nuestros actos, lo que hagamos o dejemos de hacer determinará quiénes somos, es decir nuestra esencia. La esencia, entonces, se construye, no nacemos con ella. Pero aunque tengamos el conocimiento, este no es eterno, no trasciende, solo lo hace existencia. Es todo lo que hay, afloramos de la nada, somos brotes aleatorios de vida que no respondemos a ningún plan ni proyecto. Podemos existir como también no existir, no tenemos causa, somos contingentes.

“Aquel momento fue extraordinario. Yo estaba allí, inmóvil y helado, sumido en un éxtasis horrible. Pero en el seno mismo de ese éxtasis, acababa de aparecer algo nuevo: yo comprendía la Náusea, la poseía. A decir verdad, no me formulaba mis descubrimientos. Pero creo que ahora me sería fácil expresarlos con palabras. Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente: los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Creo que algunos han comprendido esto. Sólo que han intentado superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de sí mismo. Pero ningún ser necesario puede explicar la existencia; la contingencia no es una máscara, una apariencia que puede disiparse; es lo absoluto, y en consecuencia, la arbitrariedad perfecta. Todo es arbitrario, veleidoso: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar […]; eso es la Náusea.”

Para llegar a estas conclusiones filosóficas Sartre no se molesta en crear una historia interesante o entretenida, sino más bien degradativa: es un proceso de descomposición. El personaje va perdiendo poco a poco lo único que lo protege contra La náusea: el amor de una mujer, sus vínculos sociales y el proyecto de su libro. Es un novela filosófica, más que literaria, que Sartre formula de forma inteligente, concepto a concepto, hasta llegar a una devastadora conclusión.

“…para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado de sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que le sucede, y trata de vivir su vida como si la contara. Pero hay que escoger: o vivir o contar. Cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos […] El pasado es un lujo de propietario.”

¿Encuentra Sartre alguna forma de aliviar este malestar terrible? Una de las posibilidades que la novela explora es la idea del conocimiento como tabla salvadora, idea que aparece personificada en el personaje del ‘Autodidacto’, un personaje absurdo que se ha propuesto leer todos y cada uno de los libros que hay en la biblioteca en riguroso orden alfabético, independientemente de la materia del libro y, lo que es más triste, de si le interesa o no. Es una sátira clara, y se muestra claramente cuando este mismo personaje es expulsado para siempre de la biblioteca por intentar acariciar a un muchacho adolescente.

¿Y el amor? ¿Acaso aquí hay un bálsamo para el dolor de vivir? Me temo que tampoco. Anny, antigua pareja de Roquentin, irrumpe hacia el final de la novela simplemente para confirmar que no hay posibilidad de refugio en el otro, que tampoco a través de las relaciones personales se puede encontrar significado o trascendencia. Pero hay esperanza, en los últimos párrafos se esboza tímidamente la posibilidad de que el arte -y la escritura concretamente para el protagonista- pueda ser, en cierto modo un paliativo para el problema de la náusea existencial.

La lectura de esta novela puede resultar árida y deparar pocas satisfacciones inmediatas al lector, pero vale la pena insistir y atravesar el denso velo de las palabras, quizás así lleguemos a la misma epifanía que sugiere Roquentin en uno de los pasajes más memorables de la novela: la Náusea soy yo.

“Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad. Me dejé ir hacia atrás y cerré los párpados. Pero las imágenes, en seguida vigilantes, saltaron y vinieron a colmar de existencias mis ojos cerrados: la existencia es un lleno que el hombre no puede abandonar.[…] Soy libre: no me queda ninguna razón para vivir, todas las que probé se han soltado y ya no puedo imaginar otras... Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte.”

jueves, 31 de octubre de 2019

Echo de menos las marcas que dejaban tus besos sobre mi piel, ese baile perfeccionado de contracciones y embestidas, el retroceso de tu rostro manchado de carmín ante la bofetada consentida. Siempre fuiste una mujer que se divierta enseñando sus cicatrices, que rezaba a un fuego clandestino mientras la lluvia crecía en su interior.

Las montañas ríen a lo lejos, como cubitos de hielo que parpadean al intentar barrer la oscuridad de un recuerdo. El silencio es una orgía de heridas sin orgasmo, la hierba desafinada del párrafo vacío, un fetiche bautizado con el humo de una batalla que perdimos hace demasiado tiempo. Hay muchos pensamientos que me siguen como coyotes a punto de morir de frío y que no digo en voz alta ni me atrevo a escribir, quizás porque ya ni siquiera tenemos espacio en una canción.

Me imagino la nostalgia como una meretriz que se cuela en la fiesta del presente, con su maquillaje excesivo, dejando aquí y allá marcas de su impúdica desnudez. Y todo, ¿para qué? Prefiero el lenguaje de la sordidez cuando te explico que el amor es dolor, cuando intento astillar con mis palabras tu piel, tu jaula, cuando te corres sola y piensas que, a fin de cuentas, el otoño siempre podrá consolarte con la belleza de su juego de hojarasca.

Volver al presente es confesar que tengo un fantasma en casa. Aparece de madrugada y siento como sus ojos forman sombras chinescas de amor sobre mi piel. Ya no me habla, y cuando intento tocarla mi mano atraviesa su cuerpo traslúcido. Es frustrante. Supongo que el corazón es un cazador solitario, un barco en miniatura atrapado en una brújula oxidada, sueños cogiendo polvo debajo del pasado.

Nunca sabré que a veces
cuando estoy dormido
se acuesta conmigo en el lado frío de la cama
y ahuyenta los monstruos de mi sueño
con sus labios azules.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Reseña: ‘Mujeres’, de Charles Bukowski (1978)

En esta novela (cronológicamente situada entre ‘Factótum’ y ‘Hollywood’) Bukowski nos presenta a un Henry Chinaski que ha dejado su trabajo de cartero, tiene más de cincuenta años y por fin ha empezado a conseguir cierto éxito como escritor, aunque su éxito todavía está en transición. Ahora que ya no tiene que luchar por sobrevivir y se dedica a tiempo completo a la escritura, también decide volcarse en sus vicios: el alcohol y las mujeres. La primera relación de la que se habla en el libro es con Lydia, una mujer treinta años menor que él con la que vive un romance intenso, desquiciante y tóxico. Después de Lydia comienza un eterno desfile de mujeres en la vida del escritor, todas con personalidades extravagantes y demenciales. Da la impresión que Chinaski solo busca mujeres disfuncionales para sumergirse en su comedia humana y poder luego escribir sobre ello; pero es una actitud de masoquismo ridículo, porque muchas veces se enamora y cada ruptura le hace sufrir intensamente.

Bukowski ya no divaga sobre cuestiones filosóficas, sobre la vida, la sociedad o la naturaleza humana, este libro es más solipsista, reflexiona solo sobre sí mismo, sus relaciones -si se les puede llamar así-, y sobre el escepticismo tormentoso que le provoca el amor. Se nota su nueva situación personal: más tiempo para escribir poesía, para viajar y acudir a recitales, para el hipódromo, para ver combates de boxeo, para pagar a sus cada vez más numerosas admiradoras un billete de avión para visitarlo. El alcohol es un elemento omnipresente en cada escena, pero se pierde la soledad a la que antes estaba unido, ahora siempre hay mujeres a su alrededor, visitas de admiradores, fiestas en su casa, recitales con barra libre…

El libro resulta entretenido al principio porque Bukowski sabe cómo escribir situaciones cotidianas de manera divertida, pero según van pasando los capítulos se vuelve más y más repetitivo debido a que el esquema siempre es el mismo: conoce a una mujer, se emborrachan, follan, aparecen los poemas de amor, luego las discusiones, hasta el estallido final y la ruptura; y vuelve a empezar el ciclo, con algunas variaciones pero la esencia siempre es la misma.

Aburre un poco tanta reiteración, sin embargo son precisamente esos defectos, el hecho de que tengamos un protagonista que no aprende nada, enzarzado sin control en relaciones cada vez más tóxicas, obsesionado en vender su serenidad de ánimo para obtener material para otro poema u otro capítulo de la novela, lo que consigue parcialmente que el libro tenga alma. Una vez más Bukowski nos gana con su visceral honestidad a la hora de retratar sus grandes limitaciones como ser humano. Y esa valentía despierta, incluso a pesar nuestro, cierta simpatía, porque al final Chinaski solo es una víctima de sí mismo, una persona tan defectuosa, perdida y aislada emocionalmente que es incapaz de tener una relación sentimental sana y equilibrada. Y así, entre la lástima y cierta repulsión, llegamos al final de la novela donde se intuye cierta necesidad de redención, de romper el círculo vicioso en el que lleva inmerso toda la vida.

En resumen: no es de sus mejores libros, a pesar de la fama que tiene, pero sí puede resultar interesante para conocer un poco más a Bukowski y su trayectoria vital. Podéis descargar el ePub (AQUÍ)

“Detestaba las relaciones así, el tipo de relaciones sexuales de Los Ángeles, Hollywood, Bel Air, Malibú, Laguna Beach. Extraños al conocerse, extraños al despedirse. Un gimnasio de cuerpos innominados masturbándose mutuamente. La gente amoral suele considerarse más libre, pero a menudo carece de la capacidad de sentir o de amar. Así que se hacían promiscuos. Los muertos jodiendo con los muertos. No había juego ni humor en su práctica, era una cópula de cadáveres. La moral era restrictiva, pero estaba afianzada en la experiencia humana a través de los siglos. Algunas morales tendían a mantener a los hombres esclavizados en fábricas, en Iglesias, y fieles al estado. Otras morales tenían simplemente buen sentido. Era como un jardín lleno de frutas venenosas y frutas buenas. Tenías que saber cuál escoger y comer y cuál abandonar.”

“Una vez que una mujer te da la espalda, olvídala. Te aman y de repente algo se da vuelta. Te pueden ver muriéndote en una cuneta, atropellado por un coche y pasarán a tu lado escupiéndote.”

“"Dejé el teléfono. Pensé en Sara. Pero Sara y yo no estábamos casados. Un hombre tiene sus derechos. Yo era un escritor. Era un viejo indecente. Las relaciones humanas nunca solían funcionar. Sólo las dos primeras semanas tenían algo de electrizante, luego los participantes perdían el interés. Las máscaras caían y la realidad aparecía: dementes, imbéciles, chiflados, rencorosos, sádicos, asesinos. La sociedad moderna había creado su propia especie y la había enfrentado entre sí. Era un duelo a muerte en un cerco sin salida. Lo más que podía uno esperar de una relación, decidí, eran dos años y medio como máximo.”

“La segunda pelea también fue buena. La muchedumbre rugía y se desgañitaba y trasegaba cerveza. Habían escapado temporalmente de fábricas, almacenes, mataderos, garajes de limpieza de coches… volverían a la cautividad al siguiente día, pero ahora estaban fuera, enardecidos por la libertad. No estaban pensando en la esclavitud de la pobreza, ni en la esclavitud de la beneficencia y los sellos de comida. El resto de nosotros viviría tranquilo hasta que los pobres aprendieran a construir bombas atómicas en sus sótanos.”

Reseñas de otras novelas de Charles Bukowski:
Cartero (1971)
Factótum (1975)
Mujeres (1978)
Hollywood (1989)