miércoles, 17 de agosto de 2011

Suripanta

Alborada noctívaga. Suspiro oximorónico. Hoy es un día de esos, de los malos, de los de desamor y melancolía. Porque sí, lo reconozco, lo de Laura me ha afectado. Se queda con mi pasado mientras la borro de mi red social ¿Un paso adelante? Más bien una chorrada, como un eunuco coleccionando pornografía.


Y es por ello que todos estos temas sobre el Papa y la subida de precio de los transportes, la crisis económica que esta provocando America, etcétera me son indiferentes, llevo años sintiéndome como alguien enjaulado en un zoo llamado España donde los políticos se encargan cada cuatro años de echarme cacahuetes y limpiarme la jaula. Sin margen de acción. En Londres simplemente son violentos, y aunque el viernes pasado mataron a navajazos a un tipo antes de la hora de la cena en mi maravilloso guetto, todavía no siento esa pulsión en el dorso del cerebro pidiendo sangre. Soy tibio de vocación.

Estoy intentando quedar con mujeres de Madrid a ver lo que sucede. Estamos hablando de mujeres que ya me conocen. Que han superado ese primer trámite visual que conlleva mi sobrepeso, la mirada de loco y las cicatrices en mi cabeza por aquella lobotomía que intentaron practicarme de pequeño.

Soy raro, soy ese que esta obsesionado con la biografía de Van Gogh, o que se levanta de pronto de la mesa y dice “Soy un genio, aunque sólo yo lo sé”. Pero nadie ha leído a Bukowski y los condones estriados caducan sin decoro.

No hay nada que hacer, no buscan mi alma ni yo la suya. El alma es fluidez, el alma es llorar sentimientos, es apretar el acelerador cuando ves el callejón sin salida buscando un bonito accidente, el alma es la calidez de un abrazo por detrás mientras murmuras sigues tan guapa como siempre Pero no, ahora no hay eso, solo hay condones dispuestos en fila, como ejercito invasor, dispuestos a llenar huecos, pero no los del alma claro esta.

Porque sino tienes valores, sino crees en Dios -ni en el puto Papa-, en la familia, en un trabajo edificante, en la sociedad, en una bandera, ¿de donde sacas las fuerzas si ni siquiera te caes bien?

Ahora solo intento amputar la luz de estas luciérnagas existenciales gracias a la bebida, mientras ellas, ajenas a mis esfuerzos, bailan como tijeras bajo mi piel y abren –puñeteras- surcos de memoria sin mi permiso.

Buscando una luna by Extremoduro on Grooveshark