miércoles, 27 de marzo de 2013

Dame tus imperfecciones, con ellas me conformo.

No sé si sé volar…

Nunca me había gustado. Lo había hecho alguna vez, por obligación, sin disfrutar lo más mínimo, sin desearlo en absoluto…
Hasta él. ¿Por qué coño con él sí? No lo entiendo. Odio no entender. La primera vez me pilló por sorpresa. Estaba encima de mí. La metía y cuando parecía que estaba a punto de sacarla completamente, de abandonarme, embestía furioso. El sexo así tiene algo que el tierno no tiene. ¿Cómo podía no echar de menos la ternura? “Pregúntame lo que quiero” “Te jodes, hoy mando yo”

¿Y por qué me gusta? ¿Por qué ese “te jodes” me hace sentir perra en celo, por qué me inunda así? Creo que me estoy volviendo loca.
De repente no sé bien cómo llegó a mi boca y empezó a follármela. Sin pedir permiso, sin preguntar. Mis flujos llenando mi boca, mezclados con los suyos. Sube el ritmo, ahógame, quiero morir asfixiada.

Aprenderás a hacerlo. Y sonaba a promesa, a sesiones eternas de sexo, a ti aprendiendo de memoria los lunares de mi espalda hasta que sean tu guía, tu mapa celestial en las noches oscuras. Sonaba a mí suplicando que me folles también el culo, mientras tus dedos buscan en mi coño la felicidad.

Suena a caricias, a mordiscos. Suena a mi pelo acariciándote las caderas mientras subo y bajo rítmicamente, mientras mis labios te envuelven y mi lengua te saborea.
Enséñame. Hazme hacer horas extras. Se mi dueño. Fóllame hasta que tu polla no conozca otro hogar que mi boca. Hasta que encuentres el amor en el fondo de mi garganta, hasta que mi lengua sea la única caricia que desees.
Mi dueño… ¿O no?

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