martes, 26 de marzo de 2013

Desprendes un carisma poco usual, supongo que es por tu métrica de trapecio. Y porque tienes pinta de follar bien, claro.

Quizás seamos (en)seres sin misterio
diluyéndonos en una celda de publicidad
como el sonido de un tractor en el cementerio.
La lluvia continúa cayendo, danza existencial delicada y ajena
enjambre de emociones escarificadas.
Necesito sobrevivir a los imponderables una noche más
enciendo una cerilla y la luna se vuelve verde absenta.


Eres mi nueva sumisa: charlas viciosas, sentimientos como sutiles dédalos sin salida, faldas sin ropa interior que esconden el secreto del eterno retorno, carnicería de rojos sobre una piel demasiado blanca todavía. Bésame con tu carmín extenuado, despellejemos tu ropa por el suelo, huyamos juntos: ¿sabes volar?

La noche estalla, tu pelo juega sobre mi vientre desnudo mientras rodeas el glande con tu lengua y te la metes en la boca cerrando los labios despacio, muy despacio. Arqueo el cuello para poder disfrutar del espectáculo: tu cabeza meciéndose sobre mí, tus labios llegando a la base de mi polla, atravesándote. Siento las contracciones de tu garganta en pequeñas ondas de placer y calor. Tu dedo ensalivado provoca primero la sorpresa y luego el placer incólume. Aumentas el ritmo más y más, me miras excitada. Hay una certeza de amor en tus ojos, de juego peligroso.

Cuando estoy a punto de correrme me empujas y te pones sobre mí, derramándote sobre mí boca. Te fusilo con mi aliento de mármol, mi lengua te embiste mientras masturbo en círculos tu clítoris con el pulgar. Orgasmo casi simultáneo, perverso en su sencillez, mi nombre muere en tus labios. Te echas a mi lado, nos besamos, flujos en armonía. Sigues caliente, yo también, pero ahora necesito una copa.

Te observo de pie como ronroneas impaciente. Hay una coreografía vital de quietismo en morse en esa mirada febril que me dedicas. Me sorprende tu sola presencia. Estoy acostumbrado a mujeres cobardes, impotentes más allá de una pantalla y un teclado, jodidas musas que al final acaban con un gañan sin imaginación. Pobres ingenuas, ¿creen de verdad que encontrarán a un amante que las folle alternando ternura y dureza visceral? Espero que no terminen mirando la lámpara del techo esperando que todo acabe rápido, porque será entonces cuando no podrán evitar recordar que había alguien que solo con su voz y las palabras adecuadas las llevaba al orgasmo en pocos minutos. Así son las decisiones. La jodida vida siempre nos ladra en los tobillos para recordarnos nuestra resaca de idioteces.

Me pongo un condón, me siento extrañamente feliz. Espero que ninguno de los dos estropee algo tan bonito enamorándose.

Point mort by Yann Tiersen on Grooveshark