viernes, 23 de noviembre de 2012

Un sudor enfermizo deslizándose por la cerradura, olor a gritos, pesadilla, quemaduras en la alfombra, tierra en los ojos y humedad en las paredes.

El amor es una carta de suicidio
una soledad, un estertor, un descosido de semen, un nudo en las venas
una promesa de felicidad antes de desflorar, de horadar la carne
un peso muerto, un ronquido, una necedad.
Mi corazón, antes de conocerte, era una cloaca de silencio cruel
como el de una ventana tapiada.

Metáforas como rendijas que flotan
en habitaciones separadas
fractales por omisión
como las cicatrices de tu boca.
(¿Hay un corazón detrás de tu ropa, de tus plumas escarchadas?)

“Ven aquí, mi amor, vamos a matarnos en la mentira” me dices
y sin rendir pleitesía al vértigo que me provocas
me empujas la cabeza entre tus muslos
hacía ese coño de féretro anémico de sentimientos.
Y bebo tu mundo, trago tus aguas saladas
pero en vez de fundirme en tu misterio
mi lengua se hiela, mi corazón se congela.

“Tengamos un aborto esta noche, pero no intentes desvirgar mis sentimientos” me dices
(Estás enferma)
Los cuervos chillan en tu cabeza, el eco golpea tu cráneo
miles de hormigas ebrias de sangre supuran de tu cuerpo.
Y mientras la guadaña juega en la rayuela
me mutilas con tus uñas negras y rotas
atravesando mi saco de huesos.

Cuando todo ha acabado me acunas entre tus brazos
apenas respiro
mi corazón late entre tus labios
sonríes y me lanzas por la ventana, hacía el cielo
“Vuela, vuela libre” me dices

Y me elevo desde el quinto piso
rápidamente
hacia el suelo
donde el asfalto me aplasta
con su bendición.

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