una
soledad, un estertor, un descosido de semen, un nudo en las venas
una
promesa de felicidad antes de desflorar, de horadar la carne
un
peso muerto, un ronquido, una necedad.
Mi
corazón, antes de conocerte, era una cloaca de silencio cruel
como
el de una ventana tapiada.
Metáforas
como rendijas que flotan
en
habitaciones separadas
fractales
por omisión
como
las cicatrices de tu boca.
(¿Hay un corazón detrás de
tu ropa, de tus plumas escarchadas?)
“Ven aquí, mi amor, vamos a matarnos en la mentira” me dices
y sin rendir pleitesía al
vértigo que me provocas
me empujas la cabeza entre
tus muslos
hacía ese coño de féretro
anémico de sentimientos.
Y bebo tu mundo, trago tus
aguas saladas
pero en vez de fundirme en
tu misterio
mi lengua se hiela, mi
corazón se congela.
“Tengamos un aborto esta noche, pero no intentes
desvirgar mis sentimientos” me dices
(Estás enferma)
Los cuervos chillan en tu
cabeza, el eco golpea tu cráneo
miles de hormigas ebrias
de sangre supuran de tu cuerpo.
Y mientras la guadaña
juega en la rayuela
me mutilas con tus uñas
negras y rotas
atravesando mi saco de
huesos.
Cuando todo ha acabado me
acunas entre tus brazos
apenas respiro
mi corazón late entre tus
labios
sonríes y me lanzas por la
ventana, hacía el cielo
“Vuela, vuela libre” me dices
Y me elevo desde el quinto
piso
rápidamente
hacia el suelo
donde el asfalto me aplasta
con su bendición.
