viernes, 25 de agosto de 2017

Reseña novela “Cartero” de Charles Bukowski.

Hablar de Charles Bukowski es hablar del movimiento literario estadounidense “realismo sucio” que surgió en la década de los 70 y que se caracteriza por representar fielmente la realidad —sobre todo en contextos urbanos—, y por no escatimar en las descripciones de los aspectos humanos más sórdidos; hay un cierto minimalismo y parquedad en las descripciones, el adverbio y la adjetivación quedan reducidos al mínimo, todo queda enfocado al diálogo y a la presentación de personajes decadentes y sin futuro. Como se ve poca o ninguna relación tiene con la generación beat, más allá de que también eran americanos, y que nació y murió con Allen Ginsberg, Jack Kerouac (1957) y Burroughs.

Cartero se publicó en 1971 y nos relata, a través del álter ego Henry Chinaski, sus vivencias lo largo de casi dos décadas de vida, desde 1952 cuando comienza a trabajar como cartero, hasta su renuncia definitiva en 1969. Lo interesante de este libro no es solo la parte autobiográfica, o el estilo en primera persona honesto y visceral, sino también la crítica brutal al sueño americano, como levanta las alfombras y señala el alienamiento de los trabajadores, el sadismo de los jefes, el fracaso de las relaciones humanas, el lugar cosificado y limitado de la mujer en la década de los cincuenta. Esto lo seguirá haciendo en su poesía y en sus siguientes novelas “Factotum” y “Mujeres”, pero aquí lo hace con más… humor, de forma más irreverente, fresca, con capítulos mucho más cortos y directos. Supongo que también me gusta porque es una etapa de su vida muy interesante, desde la convivencia con Jane, el amor de su vida, cuando está a punto de morir por una ulcera sangrante causada por su alcoholismo con solo treinta seis años, como sobrevive y empieza su obsesión por los hipódromos  las apuestas, pero también cómo después de diez años de sequía vuelve a escribir, no solo relatos, sino poesía, que es lo que al final le hará famoso, al menos en Estados Unidos. Convierte la resaca y la decadencia en arte, resulta casi hiriente esa tosca zafiedad con la que muestra el mundo. Hay quien dice que usa un lenguaje simple, llano, sin segundas lecturas. Pero se olvidan de que pocos habían hablado hasta entonces de esos temas con tanta lucidez y nitidez, y que su revolución poética continúa hoy en día. Para mí su catarsis literaria es análoga a otras rupturas literarias, como la de Emily Brontë con “Cumbres borrascosas” en plena época victoriana. Hay que entender y valorar las obras literarias en su contexto temporal, no hacerse el intelectual y mostrar prejuicios que solo retratan la propia ignorancia.

La novela termina… y sí, esto es un SPOILER, aunque realmente poco importante…. con su propia génesis: John Martin un admirador de la poesía de Bukowski monta una editorial y le ofrece un cheque de cien dólares mensuales de por vida para que deje su trabajo de cartero y pueda así escribir a tiempo completo. Bukowski se lo piensa durante un par de semanas y finalmente acepta. Después de presentar su dimisión y dar una fiesta brutal de tres días con todos sus amigos se levanta resacoso, se da una ducha y se sienta delante del teclado. De pronto le invade el nerviosismo, está asustado. ¿Y si acaba de cometer una locura, y si no vende suficiente, y si la editorial de John se va a pique y el cheque desaparece, que hará él después, con cincuenta años, de qué va a vivir? Tiene que pasar una pensión a su hija, la poesía apenas da dinero. Mientras piensa en ello su casero le deja una bolsa con fruta y huevos en la puerta. Parece que no es el único que está preocupado.

Entonces una idea se le cruza por la cabeza. Sonríe, se sirve una copa de vino barato y empieza a escribir. Tres semanas después llama a John y le pide que pase por su casa. Cuando llega le entrega el manuscrito de una novela y le dice: “Adelante, publícala, las novelas suelen dar más dinero que la poesía, vamos a intentarlo.”

Un año después se publicó y fue un éxito absoluto. Bukowski, después de vivir en la indigencia durante décadas, a los cincuenta y un años empezaba a acariciar el éxito...

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