miércoles, 18 de julio de 2012

Un mundo nace cuando dos se besan.

Beso a la botella en ausencia de labios más cálidos. Meses. Mi barrio es un gueto. Ruidoso, hediondo. Perros y humanos corroyendo el silencio. El calor estrujándome los huevos. Me masturbo como última opción de amor, pero la cabeza ensangrentada de un niño desborda el coño en primer plano, y los gemidos pasan a ser gritos.

Exceptuando en los trabajos vocacionales o relacionados con el arte, el resto, la mayoría, capitalizan nuestra identidad, ahogándola en un trabajo agotador donde solo somos un número, una pieza más en la cadena de montaje. Simultáneamente en todos los países hay miles de personas haciendo lo mismo que tú, utilizando los mismos programas, las mismas maquinas. Podrían sustituirte millones de personas y nadie notaría la diferencia. Sin embargo la mayoría se retrata en sueldos, en cargos nominales. Si por ejemplo dices que te gusta escribir, enseguida te preguntan: ¿has publicado algún libro, has ganado dinero con ello? Si no produce dinero, no tiene valor. Incluso en las escasas ocasiones que hablas del blog la gente –peyorativo- te sugiere poner publicidad. Presumimos, con cierta pulsión sexual, de los cargos en nuestra tarjeta de crédito abducidos por el capitalismo. La casa, la televisión, el coche, las tetas, el móvil, la ropa, las joyas, todo lo más grande, caro y destacable posible. Que incongruencia buscar marcas o etiquetas que nos representen, cuando la única huella personal y real que podemos plasmar es con algún hobbie creativo. Y matizo que viajar sería una buena inversión sino cayéramos en el síndrome del turista que nos obliga a inmortalizar todo a través de una cámara de fotos y luego subirlo al Facebook.

Deberíamos de tener un monitor en el antebrazo con nuestros datos, por ejemplo la vida que nos queda, quizás nos ayudaría a no tragar tanta mierda y decir basta antes de acostumbrarnos al sabor. También se podría ver las reservas de amor, de inocencia, de generosidad. ¿Tienes todavía inocencia que gastar, amor? Adelante. Hay demasiados jugando a las canicas con los sentimientos ajenos. Pensad en todas esas personas solitarias, tímidas, ovilladas en su soledad, con todo el amor intacto todavía, mientras tú sigues perdiendo el tiempo rastrillando empatía en el desierto.

Vivimos tiempos acelerados, resumidos, de números que crean estadísticas. Twitter y sus ciento cuarenta caracteres, no hay tiempo para la noticia, solo para el titular. Las relaciones también se miden con un número. Si sufres por una ruptura de seis años la gente se acomoda a tu lado, si lo haces por una de tres meses bufan y esquivan tus quejas. ¿De qué sirve publicar diez libros si son todos basura? Mil amigos en Facebook, una colección de cromos inservible. Citas que se prostituyen de libros que nunca se leen. Aforismos que realmente no significan nada fuera de su contexto.

Alguien dice: “mi blog tiene 100.000 visitas” 350 seguidores, 200 visitas diarias” ¿ese es el único resumen? Como si no se tratara tanto de ofrecer –palabra con reminiscencias de obligado altruismo-, como de ofertar -palabra que implica vender un producto- un número bonito y más grande que los demás.
Las estadísticas genocidan el talento. Hay excepciones: me estás leyendo. Pero en Blogger fíate más de los pináculos de soledad, sin imágenes música, comentarios o seguidores, solo el texto en blanco emborronado con letras. Porque las fotos en bikini rodeadas de faltas de ortografía o la poesía rancia que huele a mierda en todos sus lugares comunes son legión, y es fácil perder la esperanza.

Supongo que todo esto viene porque me acojona un poco tener tantas visitas. Menos mal que a partir de la segunda botella me importa todo una mierda y surge esta especie de grito/vomito conceptual que nadie suele entender.

Meses.

Oh Me by Nirvana on Grooveshark