martes, 6 de marzo de 2012

No nos dejemos engañar, Cristo fue el primer masoquista, deseaba sufrir, la crucifixión. Seguro que se le puso dura en la cruz.

Sigo aquí, atada, esperándole. A veces me pregunto porque soy sumisa, que es lo que provoca esta pulsión, porque necesito tener un Amo para sentirme completa; no es solo un rol, hay algo más en mi interior, como una vocación que limita y concreta mi forma de sentir, de vivir. En una doble penetración, cuando te corres, ¿Qué polla te enamora?

Siento el calor de su semen en el cuello, collar de perlas, es así como lo llaman, reciclando su recuerdo, deslizándose por mis pechos. La sesión suele acaba así…

Pero empieza conmigo, postrada a sus pies, suplicando seguir siendo usada, humillada, azotada, anillada, amordazada…Me tumbo de espaldas a él, desnuda, acariciando el collar que llevo, símbolo de entrega y propiedad, mientras él elige con cuidado los juguetes perversos que va a usar conmigo.
Soy su puta, su cómplice, su Perra.

Cuerdas y caricias. Espero asustada, excitada, cediendo el control. La fusta hace su trabajo. Fuerte. Hilillos de saliva resbalan por mi mordaza, esta bola roja que abrazan mis labios. Otro latigazo, el ciclo sigue. Hace un cruzado con las cuerdas sobre mis pechos, ajustando los nudos, tensando, aprisionando los pezones, la carne entre mis piernas. Inmovilizada. Ciega. Indefensa.
La fusta provoca crepúsculos sobre mi piel. Algo helado recorre lentamente mi clítoris. Mi cuerpo se tensa. Espinas de Sumisa, laureles de Amo.

Me quita la mordaza. Recoge con su polla toda la saliva que boqueo y me la introduce en la boca. Me folla la boca. Asfixia erótica. No hay palabra de seguridad, no hay límite para mi entrega. Me retuerce los pezones, me la saca y me besa brutalmente. Me quita la venda. Me siento bella, viciosa, la hermosura gotea entre mis piernas.
Un pequeño bofetón. Sonrío. Otro. Estamos progresando. Soy suya. Sometida, esclava, disfrutando con ello.
Le noto dentro de mí, no puedo hablar ni quejarme, son las reglas de la sesión.
Me folla como una máquina, rápido, duro, su polla entra y sale con violencia, me pellizca el clítoris. Dolor. Placer. Ahogo mis gemidos, me muerdo los labios hasta que siento la sangre. Me corro.

La saca y me la mete por el culo. No puedo evitarlo y pego un chillido. Mi Amo se enfada. Me da un par de azotes con la mano abierta. Lagrimas saladas pero dulces recorren mi rostro. Me sigue sodomizando sin apenas preparación. Dolor, y sin embargo un indefinible Placer. Coge un dildo y me ordena que lo chupe. Luego me lo introduce en la vagina. Me hace llegar al límite, noto la fina y delgada capa de piel y carne que separa los dos orificios a punto de romperse. No puedo contenerme y grito cuando me vuelvo a correr. Mi Amo me sigue usando y después de un par de embestidas noto como se corre dentro de mí.

Soy feliz si mi Amo está satisfecho. Pero hay una sombra en su mirada. Me quita las cuerdas y me advierte que esto no ha terminado. Pone la cadena a mi collar y me lleva, arrastrándome detrás de él, hacía el salón. Me dice que me he portado mal, que tiene demasiada paciencia conmigo, que va a exhibirme a otros Amos. Pone la webcam. Delante hay un hombre, no me inspira nada. Mi Amo delega. El Otro me obliga a abrirme ante él. Estoy irritada pero obedezco. Me meto el puño como me pide, le enseño los hematomas de mis pechos, todo cosas vulgares y aburridas, hay demasiada frialdad. Miro a mi Amo suplicante hasta que él, por fin, decide que es suficiente y corta la transmisión.

Sigue con la sesión, me ata a la cama, abriéndome las piernas al límite. Coge la fusta y golpea mi sexo, la esclavitud del escozor, la humillación de esta perra que no es capaz de controlar su deseo. Solo Él, mi Dueño, es capaz de llevarme a este estado, se acuclilla entre mis piernas y lame mi clítoris a la vez que lo pincha con una tira de chinchetas, las sensaciones contradictorias de aspereza, dolor y placer me mojan como una perra en celo y me corro otra vez gritando su nombre.

Me abandona y sale de casa. No sé cuándo volverá. Me siento dolorida, agarrotada en esta piel quemada, dilatada hasta la extenuación. Pero sé que es por mí bien, me está adiestrando, domando mi mente, ahondando en la satisfacción que siento al complacerlo, al convertirme en una mejor esclava. Consiguiendo que el placer que los dos sentimos en mi sufrimiento, con mi humillación, sea cada vez mejor. Le debo tanto…

Escucho sus pasos en la entrada. Ha vuelto. Mi Dueño. Mi Dios.

Too Drunk to Fuck by Nouvelle Vague on Grooveshark