jueves, 14 de marzo de 2013

Hay momentos para recitar poesía y otros para boxear.

El contexto eras tú: vestido blanco y escotado, melena castaña, mirada color miel de orgasmo verde, labios entreabiertos, un aire frágil y ajeno a la vez. Sexo sobredimensionando una relación llena de contradicción y sin futuro, solo un T’estimo en un chat etéreo mientras el instante de zozobra pasea travieso e imberbe entre nosotros.

Pero a fin de cuentas no existe demasiada metafísica en el polvo de dos personas tan dañadas: polla y coño, poemas de vida, húmedos y ansiosos sexos transformando el ritmo monótono de su existencia en una indecorosa alegría libertaría de sodomización brutal. Entrega, como la poesía de tu mirada fija, como la pequeña capitulación de realidad que inicia tu mano recorriendo mi cara. Somos pequeñas dosis de litio en pleno parto amoroso: como una habitación acolchada donde eyacular mi ponzoña, como tu ansiedad sedimentada en mi amor capcioso.

Y sin embargo nos caló brevemente la felicidad, como esa primavera sutil de la flor que se abre bajo la lluvia.

(...)

La quería, así de simple, quería que viniera a mi casa, que ocupase mi cama, mi habitación, mi alma, mi polla con su boca, su coño y su culo, quería que se apropiara de mí, quería sentirme propiedad, quería que me leyera cuentos, todas esas fastuosas costumbres que tenemos los seres humanos cuando vivimos en pareja, toda esa soledad barrida con sutileza y sencillez, con la sombra de una presencia que se cree eterna y que dura lo mismo que la pasión de un día, de un amanecer, lo mismo que el abrazo de unos borrachos, que la fascinación de una canción, que la admiración cuando se pone a prueba. Yo quería todo eso porque soy idiota, porque mi ánimo suicida solo es cobardía, decepción, unos comics que leía de pequeño en los cuales la vida era sencilla, con perfectas reglas de uso.

Y ahí estaba yo mientras mi abuela psicótica decía que mi madre era una puta y no me afectaba. Y ahí estaba yo cuando durante cuatro años me insultaban en el colegio y no reaccionaba. Y ahí estaba yo cuando liberé mis venas, ensucié el baño de sangre y el grito histérico de mi madre se reflejaba en ella como algo banal, anecdótico. No, no, no, no. A fin de cuentas todos pendemos de un hilo muy fino. Desaparecer es como escupir al suelo y ver como se derrite nuestra humanidad poco a poco.

(...)

¿De qué hablar cuando has aniquilado la primera botella de vino y sabes que tienes público? Porque la desdichada conclusión lógica de semejante escenario es empujar tu ego estúpido a publicar cualquier cosa que tus dedos maniqueos y espurios elucubren, aunque luego invoques una penitencia cerril escondiéndolo tras otra entrada poética insustancial. Pero, ¿acaso importa, acaso nos conocemos para que me importe realmente vuestra opinión? No, nada, todo es insípido, tremendamente asqueroso e insustancial. Radiohead. Niño mimado.

Podría hablar de mi abuela psicótica. De mi madre inexistente. De mi padre muerto, porque quien no aparece, quien no te quiere ni se interesa por ti, deja de existir y muere. No conozco a ese miserable cabrón, ¿es duro? No, las preguntas se hacen ante un espejo. Existe un vacío. Una oportunidad perdida. Una zona muerta. Lo más cerca a un padre que tuve fue mi tío, y murió hace unos meses. Hacía más de diez años que no le veía. Hablé con él por teléfono un par de veces. Pero le despreciaba porque también tenía problemas psicológicos. Supongo que es hereditario. Durante mucho tiempo pensé que yo también estaba condenado a escuchar voces y ver “cosas”, pero no sucedió. Hubiera sido una buena excusa. Sólo heredé el orgullo y el alcoholismo. Pero me arrepiento. Me hubiera gustado hacerle algunas preguntas, saber más de él, de lo que había estado haciendo todo este tiempo. Dejar a un lado mis prejuicios estúpidos e ir a verle.

Cada día me cuesta más levantarme de la cama. Aspiro a una especie de epifanía sentimental, pero es un error, confundo vacío existencial con vacío emocional. De hecho el blog es un problema. Debería de sacudirme la resaca, el aturdimiento de la soledad, salir a la calle, quizás matricularme de nuevo en la universidad o trabajar en otra cosa. Pero no, no comienzo nada; algo anda mal en mi cabeza, debería ir a un psicólogo, debería castrarme o cortarme las venas de forma melodramática, debería lamer tus tacones, sacar mi enorme monstruo purpura y eyacular por quinta vez sobre la faz de esta fatídica noche, y así, de esa forma, conseguir que todo termine en un happy end, en un sarpullido de indigencia, en un fundido en negro con un pedazo de carne con forma humana dormitando a lo lejos.

A veces recuerdo a mi ex, ¿fui cruel con ella, despiadado, me la follé como un desalmado? Seguramente lo mejor que le ha podido suceder es que se haya alejado definitivamente de mí. Lo que me lleva a recordar a esa otra catalana. La quería, enamorado de esa pasión que tenía por la vida, fingiéndome un reflejo, un cuento. Me hacía sentir vivo, quizás por eso aún me cuesta hablar con ella.

Estoy al borde del abismo, un abismo con forma de pista de hielo en la cual nada tiene importancia, como si solo fuéramos pequeñas conversaciones que se gestan con el eco de la risa del almanaque a nuestras espaldas. Y no puedes evitar sentir que la oportunidad se pierde, como si fueras el espectador de una carrera amañada. Pero, ¿realmente quieres esa oportunidad? A veces no lo sé, se está tan bien aquí, es casi como volver a saborear el líquido amniótico, escondido, disfrutando del silencio artificial pero seguro del laboratorio, metáfora de los lugares comunes del capitalismo que evitan con el placer artificial del consumismo que cuestiones una felicidad ficticia y anoréxica.

 (...)

La filosofía de los blogs es bien sencilla: uno llega, escribe su mierda y luego alguien la olfatea. Hasta aquí todo bien. El problema es idealizar. Voy a contaros una historia. Cuando volví de Barcelona hace unos años, no sé exactamente cómo, recabé en un blog que me impactó sobremanera. De hecho me recuerdo recomendándolo a mis amigos porque era visceral, sorprendente, políticamente incorrecto, usando a la vez un lenguaje sórdido y excelso. Es cierto se repetía: sexo, sexo y más sexo, pero aun así me gustaba pasarme de vez en cuando, como una reverencia bienintencionada. Recuerdo un par de meses en los que escribió una saga cojonuda donde mezclaba fantasía con mapas del tesoro y una musa ninfómana; joder, era impresionante. Había talento, honestidad, soledad irredenta, daba la sensación de que escribía porque lo necesitaba, sin más. De pronto, sin ninguna explicación, cerró el blog. Me fastidió, pero al final consideré que era la mejor forma de desaparecer, una digna salida.

Mucha gente se queja de Bukowski, sus temas manidos: alcohol, putas, callejones, peleas, hipódromo, y al final de su vida: vejez, muerte y gatos. Pero nadie puede negar que fue un escritor honesto: escribía porque era su pasión, porque era lo que le definía y daba sentido a su vida. Nunca he admirado a nadie, nunca he tenido posters de cantantes o deportistas en mi habitación, he leído demasiadas biografías, soy demasiado ¿inteligente? ¿realista? No lo sé, pero lo que sí puedo afirmar rotundamente de Bukowski después de leer toda su obra publicada en España, y un par de biografías, es que siempre fue fiel a si mismo, a pesar incluso del éxito, y aunque no seas afín a su material, eso merece todo nuestro respeto.

Pero reconduzcamos el tema. En diciembre del 2010 comencé mi blog, y unos meses después, navegando de enlace en enlace, encontré un blog que albergaba unos textos excesivamente familiares. Un comentario, una respuesta: era el mismo autor. Me pareció increíble reencontrarlo. Decidí mandarle un correo, de hecho vivía en Madrid, podríamos quedar en algún momento.

Desgraciadamente la realidad siempre transpira el germen de la decepción. No voy a entrar en detalles, el resumen, forzando la elipsis, es haber descubierto detrás de la impostura a alguien despreciable, que siente un nulo respeto por sus textos y él mismo.

Bah, da igual. No es importante, ¿algo lo es? Todo es efímero y eterno a la vez, como las palabras, como las musas, como la vida. Fundido en negro. Brindis. Mañana será otra oportunidad para asfixiar al delirio y bendecir la racionalidad.
Solo espero que cuando os sintáis frustrados, incluso abandonados por mi silencio, recordéis esta entrada y entendáis que, en cierta forma, lo he hecho por vosotros.

Un cálido abrazo.

The End by The Doors on Grooveshark