domingo, 17 de marzo de 2013

¿Prefieres hablar o follar?

Últimamente escribo con una fijación extraña
compulsiva
como si mi sombra fuera la de un muerto
en un oasis de papel
como si el quietismo y el sonido monótono de las agujas del reloj
hubieran conspirado para anular
el sonido de mi propia vida.

¿Existo? 

quizás solo soy carne envasada tropezando consigo misma
coleccionando cicatrices en algún lugar ajeno al amor
un crisol de remiendos
alguien que se cree decadente por escribir sobre ciertos temas
pero sin honestidad
como el revolucionario portando una camisa de Che Guevara
los fines de semana
pero que de lunes a viernes trabaja en Bankia
con la sonrisa del gusano.

No.

Soy real en esto, no existen decepciones
créeme
antes prefiero el corte vertical
la bañera supurando sangre
el gas acariciando mis pulmones antes de la explosión final       
                                                                                               [¿por qué?]
porque la vida en este momento
me sigue pareciendo un lapso extraño
entre el líquido amniótico
y la fosa común.

Hay quien dice
                                                        [gente sabia]
que hay que ensuciarse con ella
zambullirse en su fango
a pesar de lo efímero de todo
a pesar de sus labios leprosos
manchados de responsabilidad ciega.

Pero tengo un terrible dolor de muelas
                                                                  [es jodidamente cierto]
y he comprado dos botellas de vino
para aplacar mi infecto nihilismo radical e ignorante
y el puto dolor al que no estoy acostumbrado.

Y podría afeitarme, cortarme el pelo
comprar ropa interior nueva
quedar con alguna mujer guapa
que me enseñase a vivir.
Pero en vez de eso, con despuntes suicidas
sacrifico aquí mi palabra
como si fuéramos viejos amigos
como si quisierais besar mi fea herida
como si quisierais arrancar a mordiscos
la soledad de mi piel.

Pero tranquilos, no os impliquéis
nadie lo hace
nadie
todos son mentiras aprendidas
paredes pintadas de necesidad y veleidad.

Por eso abro la página de índole sexual
con vídeos violentos
duros, sórdidos
y durante una hora aniquilo mi sensibilidad

a fin de cuentas no soy un poeta
soy más bien
un gilipollas.

Y el teclado queda manchado con el maquillaje obsceno
de mi orgasmo
y chapoteo
con mis dedos largos de pianista
para intentar inmortalizar este placer
efímero
de mi decrepitud.

Pero no consigo saciarme.

El dolor vuelve en pequeñas oleadas
y os juro
que solo quiero olvidar
solo quiero que se acerque
la tormenta de sus ojos
y con un gran estruendo
lo borre todo
hasta que no quede nada
solo su figura
caminando sobre las aguas
como un ángel de luz
y muerte.

The National Anthem by Radiohead on Grooveshark