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miércoles, 28 de agosto de 2013

Quedarme quieto es estar a la deriva en ese espacio de ruidos y fantasmas que existe entre tu boca y la mía.

Hay momentos en la vida
En que casi puedes oír como el Tiempo
Desmadeja el ovillo de lo efímero
Mientras se ríe de ti
Una risa de cartas marcadas
Poco humilde, rastrera, incluso cruel

Y vislumbras a la Muerte
Llevando de un hilo varios globos de colores
Parando en un parque para dar de comer a los patos
Haciendo una foto a dos enamorados
Esperando su turno
Mientras luce su sonrisa de uróboros

Sí, así es: el tiempo nunca muestra compasión.

Ya de noche, en la cama
Cuerpo y mente agotados
Reflexionas sobre el día
Y te percatas de que sólo has vivido
Como mucho
Media hora

Piensas en tu edad
Y tratas de encontrar alguna trampa
Algún golpe de estado que te permita
Ganar seis meses, un año
Algo de tiempo real donde refugiarte

Y te das cuenta
Que la única forma de conseguirlo
Es vivir al margen de él
Dejarte llevar por una Pasión
Por un Amor
Por una Vocación
Por la libertad de una Página en blanco

Porque ese es el único lugar
Donde los gestos despiertan ecos, surcos de trascendencia
Donde la propia historia es reescrita
En un nuevo orden, en una nueva filosofía, en un nuevo hogar

La creación como último gesto de insolencia
Ante el abismo

Y aunque es un farol
Existe cierta redención existencial
En amañar la lógica
Y poder jugar con tus propias reglas

Brinda conmigo
Despierta.

Darkness Within by Machine Head on Grooveshark

domingo, 30 de junio de 2013

No es necesario ser una casa para tener fantasmas.

La mano que mece la hierba dialoga con mis canas
la encrucijada sin espuelas no es un mal lugar donde dormir
el premio de la vida a veces es morir
sin que la esperanza te torture demasiado
saltando de vacío en vacío
entre precipicios llenos de copos de nieve
y minutos medidos con compás.

Y todo sigue su curso…
feliz jugueteando con el Musgo de mi ruina
incapaz de soltar el Puñal enamorado de la herida
tal vez por eso no me atraiga el Paraíso.

Pero no quiero resultar dramático
todo es una cuestión de perspectiva
de fijarse en otros matices
como el Silencio jugando su partida de ajedrez con la Muerte buscando las tablas
y el Viento acunando el alma desnuda del bosque con su nana poética de rocío helado
o tu Recuerdo de cursiva cayendo como un ovillo y esparciéndose por el suelo
mientras el Gato lo mira con codicia y piensa en la emboscada con su corazón de niño eterno…

Quizás el problema es que todos creemos tener aptitud de pájaro
cuando la mayoría sólo somos abrigos de arcilla cubiertos de vértigo
por eso lo importante es recordar
que siempre
siempre
existe cierta redención en los besos.

Glass: Metamorphosis #2 by Henrik Måwe on Grooveshark

domingo, 24 de marzo de 2013

Interludio de ficción.

Proust y el tiempo perdido. Y piensas, ¿para qué, de qué sirve? De nada, al final de nada. La vida real no se ajusta a tus deseos, sigue sin vacilaciones a pesar de las decepciones, de esas hondas decepciones que te llevas con las personas. Y el dolor es vulgar porque se repite en todas esas pútridas historias que nos rodean, y además sabes que la primera persona del singular suele ser la más decepcionante. Y no sucede nada relevante, solo esa pequeña fisura entre lo que te gustaría contar y lo que puedes escribir.

A fin de cuentas todos siguen adelante, somos muescas, trofeos llenos de polvo, sabanas sucias, frías ya, sin pasión, olvidadas; atrás quedan las palabras, los sentimientos, las noches llenas de biografías extraviadas, de roles obscenos, de promesas, planes, del bello accidente en el que apretabas con tu sonrisa el acelerador porque creías que era real y merecía la pena. Atrás quedan los puntos suspensivos, las ciclotimias, las caricias a una muñeca rota, atrás quedan las entradas efusivas donde realmente existía el pálpito, donde la vulgaridad no era una opción.

Porque ese es el problema: nos desligamos de esa parte de la literatura que todos atesoramos desde pequeños, mutilamos nuestra épica y nos convertimos en algo ordinario. Algunos se engañan, creen que siguen adelante cuando lo único que hacen es caminar en círculos sin luchar, no se atreven a mirar atrás y enfrentarse a todo lo que están perdiendo. Tampoco saben elegir las palabras, ya no, se queda todo en una sinfonía de silencios, de estupideces, de meteduras de pata en las cuales la crueldad solo es una ventana abierta que se han dejado olvidada por error.

No importa, como decía, ¿de qué sirve todo esto?

Lights by Archive on Grooveshark

jueves, 14 de marzo de 2013

Hay momentos para recitar poesía y otros para boxear.

El contexto eras tú: vestido blanco y escotado, melena castaña, mirada color miel de orgasmo verde, labios entreabiertos, un aire frágil y ajeno a la vez. Sexo sobredimensionando una relación llena de contradicción y sin futuro, solo un T’estimo en un chat etéreo mientras el instante de zozobra pasea travieso e imberbe entre nosotros.

Pero a fin de cuentas no existe demasiada metafísica en el polvo de dos personas tan dañadas: polla y coño, poemas de vida, húmedos y ansiosos sexos transformando el ritmo monótono de su existencia en una indecorosa alegría libertaría de sodomización brutal. Entrega, como la poesía de tu mirada fija, como la pequeña capitulación de realidad que inicia tu mano recorriendo mi cara. Somos pequeñas dosis de litio en pleno parto amoroso: como una habitación acolchada donde eyacular mi ponzoña, como tu ansiedad sedimentada en mi amor capcioso.

Y sin embargo nos caló brevemente la felicidad, como esa primavera sutil de la flor que se abre bajo la lluvia.

(...)

La quería, así de simple, quería que viniera a mi casa, que ocupase mi cama, mi habitación, mi alma, mi polla con su boca, su coño y su culo, quería que se apropiara de mí, quería sentirme propiedad, quería que me leyera cuentos, todas esas fastuosas costumbres que tenemos los seres humanos cuando vivimos en pareja, toda esa soledad barrida con sutileza y sencillez, con la sombra de una presencia que se cree eterna y que dura lo mismo que la pasión de un día, de un amanecer, lo mismo que el abrazo de unos borrachos, que la fascinación de una canción, que la admiración cuando se pone a prueba. Yo quería todo eso porque soy idiota, porque mi ánimo suicida solo es cobardía, decepción, unos comics que leía de pequeño en los cuales la vida era sencilla, con perfectas reglas de uso.

Y ahí estaba yo mientras mi abuela psicótica decía que mi madre era una puta y no me afectaba. Y ahí estaba yo cuando durante cuatro años me insultaban en el colegio y no reaccionaba. Y ahí estaba yo cuando liberé mis venas, ensucié el baño de sangre y el grito histérico de mi madre se reflejaba en ella como algo banal, anecdótico. No, no, no, no. A fin de cuentas todos pendemos de un hilo muy fino. Desaparecer es como escupir al suelo y ver como se derrite nuestra humanidad poco a poco.

(...)

¿De qué hablar cuando has aniquilado la primera botella de vino y sabes que tienes público? Porque la desdichada conclusión lógica de semejante escenario es empujar tu ego estúpido a publicar cualquier cosa que tus dedos maniqueos y espurios elucubren, aunque luego invoques una penitencia cerril escondiéndolo tras otra entrada poética insustancial. Pero, ¿acaso importa, acaso nos conocemos para que me importe realmente vuestra opinión? No, nada, todo es insípido, tremendamente asqueroso e insustancial. Radiohead. Niño mimado.

Podría hablar de mi abuela psicótica. De mi madre inexistente. De mi padre muerto, porque quien no aparece, quien no te quiere ni se interesa por ti, deja de existir y muere. No conozco a ese miserable cabrón, ¿es duro? No, las preguntas se hacen ante un espejo. Existe un vacío. Una oportunidad perdida. Una zona muerta. Lo más cerca a un padre que tuve fue mi tío, y murió hace unos meses. Hacía más de diez años que no le veía. Hablé con él por teléfono un par de veces. Pero le despreciaba porque también tenía problemas psicológicos. Supongo que es hereditario. Durante mucho tiempo pensé que yo también estaba condenado a escuchar voces y ver “cosas”, pero no sucedió. Hubiera sido una buena excusa. Sólo heredé el orgullo y el alcoholismo. Pero me arrepiento. Me hubiera gustado hacerle algunas preguntas, saber más de él, de lo que había estado haciendo todo este tiempo. Dejar a un lado mis prejuicios estúpidos e ir a verle.

Cada día me cuesta más levantarme de la cama. Aspiro a una especie de epifanía sentimental, pero es un error, confundo vacío existencial con vacío emocional. De hecho el blog es un problema. Debería de sacudirme la resaca, el aturdimiento de la soledad, salir a la calle, quizás matricularme de nuevo en la universidad o trabajar en otra cosa. Pero no, no comienzo nada; algo anda mal en mi cabeza, debería ir a un psicólogo, debería castrarme o cortarme las venas de forma melodramática, debería lamer tus tacones, sacar mi enorme monstruo purpura y eyacular por quinta vez sobre la faz de esta fatídica noche, y así, de esa forma, conseguir que todo termine en un happy end, en un sarpullido de indigencia, en un fundido en negro con un pedazo de carne con forma humana dormitando a lo lejos.

A veces recuerdo a mi ex, ¿fui cruel con ella, despiadado, me la follé como un desalmado? Seguramente lo mejor que le ha podido suceder es que se haya alejado definitivamente de mí. Lo que me lleva a recordar a esa otra catalana. La quería, enamorado de esa pasión que tenía por la vida, fingiéndome un reflejo, un cuento. Me hacía sentir vivo, quizás por eso aún me cuesta hablar con ella.

Estoy al borde del abismo, un abismo con forma de pista de hielo en la cual nada tiene importancia, como si solo fuéramos pequeñas conversaciones que se gestan con el eco de la risa del almanaque a nuestras espaldas. Y no puedes evitar sentir que la oportunidad se pierde, como si fueras el espectador de una carrera amañada. Pero, ¿realmente quieres esa oportunidad? A veces no lo sé, se está tan bien aquí, es casi como volver a saborear el líquido amniótico, escondido, disfrutando del silencio artificial pero seguro del laboratorio, metáfora de los lugares comunes del capitalismo que evitan con el placer artificial del consumismo que cuestiones una felicidad ficticia y anoréxica.

 (...)

La filosofía de los blogs es bien sencilla: uno llega, escribe su mierda y luego alguien la olfatea. Hasta aquí todo bien. El problema es idealizar. Voy a contaros una historia. Cuando volví de Barcelona hace unos años, no sé exactamente cómo, recabé en un blog que me impactó sobremanera. De hecho me recuerdo recomendándolo a mis amigos porque era visceral, sorprendente, políticamente incorrecto, usando a la vez un lenguaje sórdido y excelso. Es cierto se repetía: sexo, sexo y más sexo, pero aun así me gustaba pasarme de vez en cuando, como una reverencia bienintencionada. Recuerdo un par de meses en los que escribió una saga cojonuda donde mezclaba fantasía con mapas del tesoro y una musa ninfómana; joder, era impresionante. Había talento, honestidad, soledad irredenta, daba la sensación de que escribía porque lo necesitaba, sin más. De pronto, sin ninguna explicación, cerró el blog. Me fastidió, pero al final consideré que era la mejor forma de desaparecer, una digna salida.

Mucha gente se queja de Bukowski, sus temas manidos: alcohol, putas, callejones, peleas, hipódromo, y al final de su vida: vejez, muerte y gatos. Pero nadie puede negar que fue un escritor honesto: escribía porque era su pasión, porque era lo que le definía y daba sentido a su vida. Nunca he admirado a nadie, nunca he tenido posters de cantantes o deportistas en mi habitación, he leído demasiadas biografías, soy demasiado ¿inteligente? ¿realista? No lo sé, pero lo que sí puedo afirmar rotundamente de Bukowski después de leer toda su obra publicada en España, y un par de biografías, es que siempre fue fiel a si mismo, a pesar incluso del éxito, y aunque no seas afín a su material, eso merece todo nuestro respeto.

Pero reconduzcamos el tema. En diciembre del 2010 comencé mi blog, y unos meses después, navegando de enlace en enlace, encontré un blog que albergaba unos textos excesivamente familiares. Un comentario, una respuesta: era el mismo autor. Me pareció increíble reencontrarlo. Decidí mandarle un correo, de hecho vivía en Madrid, podríamos quedar en algún momento.

Desgraciadamente la realidad siempre transpira el germen de la decepción. No voy a entrar en detalles, el resumen, forzando la elipsis, es haber descubierto detrás de la impostura a alguien despreciable, que siente un nulo respeto por sus textos y él mismo.

Bah, da igual. No es importante, ¿algo lo es? Todo es efímero y eterno a la vez, como las palabras, como las musas, como la vida. Fundido en negro. Brindis. Mañana será otra oportunidad para asfixiar al delirio y bendecir la racionalidad.
Solo espero que cuando os sintáis frustrados, incluso abandonados por mi silencio, recordéis esta entrada y entendáis que, en cierta forma, lo he hecho por vosotros.

Un cálido abrazo.

The End by The Doors on Grooveshark

lunes, 18 de febrero de 2013

Reflexión noctívaga.

Otra vez el insomnio, es maravilloso cuando llegas cansado del trabajo, las ideas hundidas en el fango, quieres dormir, pero no puedes. Simplemente no puedes.
Entonces, vuestro querido decadente, porque asumo que si me leéis hay cierta afinidad, rescata una botella de vino y se pone a escribir de madrugada.

Quiero defender una idea desde esta quejumbrosa palestra: la gente contradictoria, incoherente, incongruente, rara, absurda, es tremendamente interesante. No me refiero naturalmente a esas personas que afirman una cosa y luego actúan de forma radicalmente opuesta, gente sin ideas o convicciones que se mueven sin escrúpulos o por inercia. Me refiero a esas otras que a través de un conocimiento honesto de si mismas, pueden mantener dos posiciones totalmente opuestas.

Esto a priori nos cuesta de entender porque en occidente prima el pensamiento aristotélico, y nos resulta inevitablemente ilógico. Pero si nos acercásemos a la filosofía oriental, como el taoísmo, descubriríamos que conceptos opuestos pueden ser interdependientes, que pueden forman equilibrios dinámicos, incluso permutarse.

Voy a poner un par de ejemplos para intentar hacerme entender. En el sexo, sobre todo a la mujer, le resulta difícil mantener los dos roles de puta y esposa, como si necesitara recurrir a una forzada compartimentación, un atrezzo psicológico, como si el hecho de ser romántico, poeta, excluyera utilizar luego un lenguaje sórdido y sucio en la cama, excluyera utilizar consoladores, fustas o cuerdas; esto sucede incluso en el BDSM, alguien adopta el rol de sumiso y el otro el de Amo, ¿por qué? ¿no podemos intercambiarlos, no podemos quitarnos el cinturón de castidad mental y ver que sucede? Coge un arnés y fóllate a tu novio. Quizás le guste. Deja a un lado tus gilipolleces feministas, vístete de colegiala, y fingid una violación. Quizás te guste. Somos animales viviendo en una sociedad que encorcheta nuestras fantasías en un comercio de imágenes y películas. Sométete a tus propias reglas.

Otro ejemplo: reconozco que tengo ciertas limitaciones a la hora de escribir, suelo ser monotemático, me cuesta desplegar mi sentido del humor, o peor aún, pasa desapercibido. Naturalmente no resulto el único por estos lares afín al realismo sucio, a los poetas simbolistas, a Carver, Houellebecq, Welsh, Palahniuk, etcétera; hay grandes escritores en blogger, inmensos, pero he de reconocer que me sorprendo cuando en algunos casos leo sus comentarios y descubro que su depresión es real. Depresión.

Vaya, quiero decir, a priori es razonable pensar que si escriben así es porque están deprimidos, hay una “lógica” tristeza coyuntural, pero en mi caso, si puse el nombre a mi blog de “Hermosa Decadencia” no fue porque quisiera desgarrarme el alma y deprimir en el proceso a todo aquel que tuviera la mala suerte de leerme, fue porque creía –y creo- que “sentir” a alguien al límite, en su particular madriguera, hundido, y sin embargo dejando cantar a su pájaro azul, o riendo con cierta estúpida épica porque el alcohol se ha acabado y sigue echándola de menos, es perturbador, pero posee una belleza fascinadora.

No digo que en mi caso sea impostura, en absoluto, ahí, entre líneas, está mi soledad, mi aislamiento, mi alcoholismo autodestructivo, mi cinismo, mi tristeza, mi incapacidad para llevar una vida normal. Pero, ¿depresión? En absoluto, al revés, y creo que transciende en mis comentarios, en mis mails, en las conversaciones telefónicas: soy una persona jovial que le gusta reírse, y de hecho lo hace a menudo.

Y sin embargo, me gusta escribir sobre la Muerte, sobre el suicidio, me gusta pensar que tengo esa decisión, esa salida, me alivia realmente, me gustan esas goteras rojascasinegras, me gusta pensar en esa cuchilla –siempre vertical- desgarrando –en agua caliente- la piel del antebrazo. Me gusta, no lo puedo remediar, y aunque no resulte sano sentir esa pulsión, no puedo evitar esa incoherencia.

Pero quizás reside ahí lo divertido de todo este escaparate efímero que compartimos, en esa fortuna de poder defender la propia individualidad, la singularidad de cada uno, resistirse a encajonarse a una etiqueta –al menos escoge tres-, para de alguna manera empezar el cambio, esa sutil revolución silenciosa que comienza, siempre primero, delante del espejo. Nada más fácil y a la vez –volviendo a los conceptos opuestos-, más difícil.

Y como ya he divagado en exceso, voy a intentar dormir un poco. La próxima vez intentaré escribir sobre mi no-vida sexual.

In der Palästra by Sopor Aeternus & The Ensemble Of Shadows on Grooveshark