miércoles, 20 de junio de 2012

Secuestro

Ophelia: Quiero crear un blog, como tú.
Rorschach: Mal momento has elegido, los blogs son una moda en fase terminal. Si la gente no lee, ¿para qué se va a molestar en escribir? Hazte un Twitter o sube fotos al Facebook, tendrás más notoriedad.
Ophelia: Pero hay gente que tiene muchos seguidores y visitas. Será por alguna razón.
Rorschach: Mira, hay tres tipos de blog que llegan a tener más de doscientos seguidores.
El primero es de alguien que actualiza a menudo. Simplemente eso. Da igual que sea bueno o malo. En dos años google habrá indexado suficiente mierda para que, aunque sea por error, la gente lo visite a menudo.
El segundo tiene dos vertientes: si pertenece a una mujer, da igual que nos hable de zapatos, maquillaje, o de que su vida tiene sentido gracias a la anorexia. Lo importante es que ponga fotos, y a ser posible en bikini. La sangre de sus seguidores abandonará rápidamente el cerebro y nuestra protagonista recibirá miles de mails augurándole un excelente futuro como novelista. Si es un hombre, bueno, tampoco requiere demasiado talento, poesías decadentes sobre desamor envueltas en una extrema sensibilidad. O relatos exaltados sobre sexo anal. Lobos con piel de cordero.

Y el tercer tipo es minoría, el dueño denota cierto talento residual, pero se muestra ajeno a todo. Normalmente no tiene opción de comentarios, o si lo tiene no los contesta. Tampoco le verás dejando sus palabras en otros blogs. Le encuentras de casualidad y disfrutas de su isla en silencio.
Ophelia: Son ideas muy peregrinas, no creo que el éxito sea siempre inversamente proporcional al talento. Ni que tener público te condicione tanto.
Rorschach: El público no es lo que te hace trascender. De todas formas, ¿has escrito algo ya? Si es así, léemelo.

Ophelia: Una flor destripada a solas con los dioses, labios desollados marcando a dentelladas las invisibles corrientes que conectan nuestros cuerpos. La sirena de una ambulancia jadea brevemente tras la persiana. Ángeles sin alas se mueven en silla de ruedas, con las espaldas ensangrentadas como rosas ajadas. Eres un fetichismo doloroso que camina por los tejados de mi memoria, dejando gotas de gloria, de angustia, un asesino profanando los pasillos de mi sexo, convirtiéndome en otra puta que suplica amor de rodillas. Escucho a medias como caen tus pantalones, tu sexo duro, tenso, palpitante entra en mi boca hasta que los cojones presionan contra mi barbilla. La vida antes era un sueño lúcido, donde la lavadora limpiaba casi todos los recuerdos. Ahora, aquí, con tu semen frío como el hielo deslizándose por mi cara, solo existe el ayer, ese instante reposado, como único refugio.”

Rorschach: Es deprimente. Es evidente que el hecho de canalizar un sentimiento de tristeza en algo físico, ya sea un texto o una canción, ayuda a desprendernos de ese poso propio que antes era inasible en nuestro interior. Pero ahora hay demasiada mierda pululando a nuestro alrededor, problemas reales, la situación socioeconómica de España es peligrosa, no conviene ser masoquistas. La gente necesita un escapismo alegre.
Ophelia: Quizás tengas razón, pero esa era mi idea principal, hacer un blog de canciones tristes. 
Rorschach: Hay mucho cálculo en ese tipo de canciones, creo que sería más correcto decir que algunas predisponen a la melancolía y que luego, en base a experiencias personales, te producen un sentimiento más hondo de tristeza. Canciones de desamor después de una ruptura, canciones que marcaron una época de tu vida, que sonaban en un determinado momento de soledad, de felicidad. La música es un catalizador de sensaciones, un continente en busca de contenido. Creo que esa es la razón por la cual cuando pienso en canciones tristes empiezo con alguna balada de Queen, y termino con Yann Tiersen.

Llaman a la puerta. Ophelia se esconde rápidamente. Aparecen los conejos Castañuela y Kierk.
Kierk: Hemos secuestrado a tu gato, esa gran ballena blanca peluda. Nos ha costado muchas latas de atún y nos hemos llevado algún arañazo, pero nuestra causa merece la pena. Ahora está atrapado en nuestro cubil.
Rorschach: (cara incredulidad) ¿Causa? ¿Secuestro? ¿De qué diablos estáis hablando?
Kierk: Quiero que nos devuelvas a Ophelia. Teníamos un acuerdo y lo rompiste. Ella no puede abandonar el clan ¿creías que nos habías engañado con toda esa pantomima del suicidio? Ella tiene que estar conmig… con nosotros.
Rorschach: (Momento de duda) No sé de qué estás hablando, entiendo que estés afectado por todo lo que pasó, pero está muerta y cuanto antes lo asumas antes podremos volver a la normalidad.
Kierk: ¡Mientes, maldito humano! ¡¡Si quieres guerra la tendrás, y tu gato será la primera víctima!!
Rorschach: Esta conversación no tiene sentido. Además, mi ex vendrá en dos días, ella se ocupará de vosotros.
Castañuela: ¿Tu ex? Eso es un mito, eres una virgen vestal, lo más cerca que has estado de un coño fue cuando la vecina vino a pedirte sal. Y tiene más de sesenta años.
Rorschach: Es una pena lo de la orden de alejamiento de sus nietos, estaba a punto de conquistarla. Pero Patricia existe, hay grietas en las paredes que lo atestiguan. Es alguien terrible cuando se enfada. Y es catalana. Si seguís con esta locura perderéis vuestras orejas.
Kierk: (voz temblorosa) No nos amedrentas. Resistiremos como Numancia ante Escipión. Tenemos provisiones, armas y vídeos Playboy. Ophelia es mi Helena y como Aquiles arrastraré tu cuerpo por el salón durante nueve días sino me la entregas. Tienes cuarenta y ocho horas, o hasta el siguiente post, para darnos una respuesta.
Se marchan, pero antes me entregan unas fotos de Kirk atado a una cama y de Castañuela mirándole con odio mientras sujeta unos dardos con una de sus patas.

Ophelia sale arrastrándose de debajo de la cama y se lanza llorando a los brazos de Rorschach.
Ophelia: ¡No quiero separarme de ti!, tomemos un veneno, nos darán por muertos y…
Rorschach: ¡Maldita sea! Deja de leer a Shakespeare. No eres Julieta, joder. Ni siquiera te llamas Ophelia, te llamas Arya. Que por otra parte es un nombre precioso. Esto tiene que acabar, en algún momento se les acabarán las latas de atún y esa enorme bola de grasa peluda fijara sus hambrientos ojos verdes sobre ellos, están en peligro, ¿quieres que mueran por tu culpa?
Arya: Te amo, ellos nos quieren separar. Kierk quiere casarse conmigo, por eso está haciendo todo esto…
Rorschach: Es majo el chaval ya sé que no sientes nada cuando te la mete, pero…
Arya: ¡Basta! Soy la mujer de tu vida, no hagas que me arrepienta de mi destino. Actúa como un hombre.
Rorschach: No sé si es un extraño Síndrome de Estocolmo pero cada noche me gustas más –suspiro-, pásame esa botella de vino, no pienso claramente cuando estoy sobrio y necesitamos una buena idea para salir de este embrollo...

Al Otro Lado Del Silencio by Angeles del Infierno on Grooveshark