domingo, 17 de junio de 2012

Apéndice

La luz de mi pantalla, ebria, humeante, pútrida, me empala los ojos. Escucho el ruido de sus tacones. Visualizo su nariz respingona, el sol azul de su falda enmarcando unas piernas infinitas, su innata disposición a ser desarmada. Ojos miel follándose las sombras que siempre rodean su perfecta ficción romántica.
Pero me excita más la camarera hastiada que a veces me sube a su cuarto. Alma de ramera, encharcando los huecos de mi cerebro con el mismo gesto cínico con el que llena mi copa. Follarte sería morir más deprisa, abocado a la posibilidad de empezar de nuevo sin poder borrar el pasado.

La madrugada sigue reptando como una serpiente hambrienta, buscando gente asustada y gorriones muertos por inanición espiritual. A pesar de todo es generosa y coloca dos peniques sobre los ojos.

Mi enemigo sigue siendo esta página de blanco inmaculado, un eterno naufragio de nada, como abrazar una almohada hasta sentir dolor. La violencia no me excita, pero aun así me estrello contra ella todas las noches, intentando llenarla de orgasmos sin placer, de masa encefálica enmohecida por palabras arrugadas y colores deformados. Me rompo contra ella sin ruido, sin vendas, como un beso que sabe a muerte sin recuerdos, con el sonido de una copa rota acariciando mis muñecas con ternura. No hay heridas, ni viento, ni olor a tormenta. Solo un colgante de dedos que silban tu nombre, la risa de un niño que se transforma en grito cuando intenta besar sus muñones. Un final sin paz en una ventana sin luz.

Y vuelvo a coger impulso. Aunque las canciones me den por muerto.

Something in the Way by Nirvana on Grooveshark