Rorschach: Mal momento has
elegido, los blogs son una moda en fase terminal. Si la gente no lee, ¿para qué
se va a molestar en escribir? Hazte un Twitter o sube fotos al Facebook,
tendrás más notoriedad.
Ophelia: Pero hay
gente que tiene muchos seguidores y visitas. Será por alguna razón.
Rorschach: Mira, hay tres
tipos de blog que llegan a tener más de doscientos seguidores.
El primero es de alguien que actualiza a menudo. Simplemente eso. Da igual que sea bueno o malo. En dos años google habrá indexado suficiente mierda para que, aunque sea por error, la gente lo visite a menudo.
El primero es de alguien que actualiza a menudo. Simplemente eso. Da igual que sea bueno o malo. En dos años google habrá indexado suficiente mierda para que, aunque sea por error, la gente lo visite a menudo.
El segundo tiene dos vertientes: si pertenece a una
mujer, da igual que nos hable de zapatos, maquillaje, o de que su vida tiene
sentido gracias a la anorexia. Lo importante es que ponga fotos, y a ser
posible en bikini. La sangre de sus seguidores abandonará rápidamente el
cerebro y nuestra protagonista recibirá miles de mails augurándole un excelente
futuro como novelista. Si es un hombre, bueno, tampoco requiere demasiado
talento, poesías decadentes sobre desamor envueltas en una extrema sensibilidad.
O relatos exaltados sobre sexo anal. Lobos con piel de cordero.
Y el tercer tipo es minoría, el dueño denota cierto talento
residual, pero se muestra ajeno a todo. Normalmente no tiene opción de
comentarios, o si lo tiene no los contesta. Tampoco le verás dejando sus
palabras en otros blogs. Le encuentras de casualidad y disfrutas de su isla en
silencio.
Ophelia: Son ideas muy
peregrinas, no creo que el éxito sea siempre inversamente proporcional al
talento. Ni que tener público te condicione tanto.
Rorschach: El público no
es lo que te hace trascender. De todas formas, ¿has escrito algo ya? Si es así,
léemelo.
Ophelia: “Una flor
destripada a solas con los dioses, labios desollados marcando a dentelladas las
invisibles corrientes que conectan nuestros cuerpos. La sirena de una
ambulancia jadea brevemente tras la persiana. Ángeles sin alas se mueven en
silla de ruedas, con las espaldas ensangrentadas como rosas ajadas. Eres un
fetichismo doloroso que camina por los tejados de mi memoria, dejando gotas de
gloria, de angustia, un asesino profanando los pasillos de mi sexo,
convirtiéndome en otra puta que suplica amor de rodillas. Escucho a medias como
caen tus pantalones, tu sexo duro, tenso, palpitante entra en mi boca hasta que
los cojones presionan contra mi barbilla. La vida antes era un sueño lúcido,
donde la lavadora limpiaba casi todos los recuerdos. Ahora, aquí, con tu semen
frío como el hielo deslizándose por mi cara, solo existe el ayer, ese instante
reposado, como único refugio.”
Rorschach: Es deprimente. Es
evidente que el hecho de canalizar un sentimiento de tristeza en algo físico,
ya sea un texto o una canción, ayuda a desprendernos de ese poso propio que
antes era inasible en nuestro interior. Pero ahora hay demasiada mierda
pululando a nuestro alrededor, problemas reales, la situación socioeconómica de
España es peligrosa, no conviene ser masoquistas. La gente necesita un
escapismo alegre.
Ophelia: Quizás tengas
razón, pero esa era mi idea principal, hacer un blog de canciones tristes.
Rorschach: Hay mucho
cálculo en ese tipo de canciones, creo que sería más correcto decir que algunas
predisponen a la melancolía y que luego, en base a experiencias personales, te
producen un sentimiento más hondo de tristeza. Canciones de desamor después de
una ruptura, canciones que marcaron una época de tu vida, que sonaban en un
determinado momento de soledad, de felicidad. La música es un catalizador de
sensaciones, un continente en busca de contenido. Creo que esa es la razón por
la cual cuando pienso en canciones tristes empiezo con alguna balada de Queen,
y termino con Yann Tiersen.
Llaman a la puerta. Ophelia se esconde rápidamente. Aparecen
los conejos Castañuela y Kierk.
Kierk: Hemos secuestrado a tu gato, esa gran ballena blanca peluda. Nos ha costado muchas latas de atún y nos hemos llevado algún arañazo, pero nuestra causa
merece la pena. Ahora está atrapado en nuestro cubil.
Rorschach: (cara incredulidad) ¿Causa? ¿Secuestro? ¿De qué
diablos estáis hablando?
Kierk: Quiero que nos
devuelvas a Ophelia. Teníamos un acuerdo y lo rompiste. Ella no puede abandonar
el clan ¿creías que nos habías engañado con toda esa pantomima del suicidio?
Ella tiene que estar conmig… con nosotros.
Rorschach: (Momento de duda)
No sé de qué estás hablando, entiendo que estés afectado por todo lo que pasó,
pero está muerta y cuanto antes lo asumas antes podremos volver a la
normalidad.
Kierk: ¡Mientes,
maldito humano! ¡¡Si quieres guerra la tendrás, y tu gato será la primera víctima!!
Rorschach: Esta
conversación no tiene sentido. Además, mi ex vendrá en dos días, ella se
ocupará de vosotros.
Castañuela: ¿Tu ex?
Eso es un mito, eres una virgen vestal, lo más cerca que has estado de un coño fue
cuando la vecina vino a pedirte sal. Y tiene más de sesenta años.
Rorschach: Es una pena lo
de la orden de alejamiento de sus nietos, estaba a punto de conquistarla. Pero Patricia existe,
hay grietas en las paredes que lo atestiguan. Es alguien terrible cuando se
enfada. Y es catalana. Si seguís con esta locura perderéis vuestras orejas.
Kierk: (voz temblorosa) No nos
amedrentas. Resistiremos como Numancia ante Escipión. Tenemos provisiones,
armas y vídeos Playboy. Ophelia es mi Helena y como Aquiles arrastraré tu cuerpo
por el salón durante nueve días sino me la entregas. Tienes cuarenta y ocho
horas, o hasta el siguiente post, para darnos una respuesta.
Se marchan, pero antes me entregan unas fotos de Kirk atado a una cama y de Castañuela mirándole con odio mientras sujeta unos dardos con una de sus patas.
Se marchan, pero antes me entregan unas fotos de Kirk atado a una cama y de Castañuela mirándole con odio mientras sujeta unos dardos con una de sus patas.
Ophelia sale arrastrándose de debajo de la cama y se
lanza llorando a los brazos de Rorschach.
Ophelia: ¡No quiero
separarme de ti!, tomemos un veneno, nos darán por muertos y…
Rorschach: ¡Maldita sea!
Deja de leer a Shakespeare. No eres Julieta, joder. Ni siquiera te llamas
Ophelia, te llamas Arya. Que por otra parte es un nombre precioso. Esto tiene
que acabar, en algún momento se les acabarán las latas de atún y esa enorme
bola de grasa peluda fijara sus hambrientos ojos verdes sobre ellos, están en
peligro, ¿quieres que mueran por tu culpa?
Arya: Te amo, ellos
nos quieren separar. Kierk quiere casarse conmigo, por eso está haciendo todo
esto…
Rorschach: Es majo el
chaval ya sé que no sientes nada cuando te la mete, pero…
Arya: ¡Basta! Soy la
mujer de tu vida, no hagas que me arrepienta de mi destino. Actúa como un hombre.
Rorschach: No sé si es un extraño
Síndrome de Estocolmo pero cada noche me gustas más –suspiro-, pásame esa
botella de vino, no pienso claramente cuando estoy sobrio y necesitamos una
buena idea para salir de este embrollo...
