
A veces me mira con tristeza, supongo que es por su edad, es joven, vocacional todavía, no está cansada, no ve números ni nombres, se implica, proyecta. No cree que la solución sea simplemente medicar, drogar a un paciente y luego pasar al siguiente. Esconder tras antidepresivos un problema que cuesta esfuerzo resolver. También guardo la fútil esperanza de saber algo más de usted, un poco de bilateralidad. No veo cuadros familiares en su mesa, y por su acento se nota que no es de aquí. Su mesa posee ese extraño caos armonioso de la gente polivalente y emotiva. La verdad es que me gusta. Me gusta su tono de voz, me gusta cuando se toca el puente de las gafas cuando algo le disgusta, me gusta cuando cruza las piernas y balancea sutilmente el pie, me gusta porque no es pasiva, no se dedica a escuchar y fingir apuntar algo en su libreta mientras hace la lista mental de la compra.
Pero sí, tiene razón,
vamos al tema, a la masturbación de interrogantes. Últimamente no puedo dormir.
Me dedico solo a leer y a ver películas, tengo una vida parecida a Charles
Crumb. Si, el hermano mayor del dibujante. Se suicidó. Hay un documental muy
bueno producido por David Lynch. Un poco deprimente la verdad. Vi también el
otro día, porque supongo que esto también trata de vivencias personales, la serie
de anime “Aoki Densetsu Shoot”, ya sabe, shojo, triángulo amoroso adolescente,
autorrealización personal a través de disciplina deportiva, muerte al estilo
Touch, y grandes batallas. Recordé, viendo el último capítulo, que estuve
durante un tiempo en un equipo de futbol, pero lo dejé, no me gustaba correr.
Una metáfora de toda mi vida. Nunca me he esforzado por nada, ni siquiera por
las mujeres, ¿miedo a perder, a sufrir? No sé si fue Oscar Wilde el que dijo “Mejor
haber amado y haber perdido que no haber amado nunca” Da igual, teniendo en
cuanta De Profundis y el final que
tuvo cualquiera se fía de su opinión.
Aunque he de reconocer que
hay una cosa en la que siempre me he esforzado.
Es difícil hablar sobre el
alcohol o las drogas a mi edad. Cuanto eres un adolescente es más fácil ser
condescendiente o displicente. Pero con mi edad cualquier defensa, alegato o
pequeña crónica suena ridícula, estúpida, anacrónica. Como cuando una mujer
mayor viste como una colegiala, hay cierto rechazo comprensible en esa imagen a
priori poco elegante.
Lo llamativo es que tengo
ejemplos muy cercanos. A. es cocainómano. A despecho de informaciones
gubernamentales, hacerse adicto es complicado al menos que te hagas tu propio
proveedor. Y también el de otros. Es cara, de mala calidad y requiere muchos
años con grandes dosis. Luego sí, aparecen las paranoias, las manías persecutorias,
algo de TOC, perdidas abismales de memoria. G. es alcohólico y encima lo
mezclaba antes con su medicamento contra la esquizofrenia. Aún recuerdo cuando
me lo encontré bebiendo solo de madrugada, una de esas botellas rancias de vino
que se utilizan para cocinar. Fue como la escena de la naranja mecánica en al
que el gordo empieza a hablar con su fusil.
Luego hay gente de mi
edad, compañeros de viaje a los que parece que hayan golpeado con un bate de béisbol en la cabeza repetidas veces.
Todavía recuerdo a L. que debe de llevar más de veinte años fumando porros a diario y del cual llegué a pensar que padecía el Síndrome de Asperger. Y C. que siempre me dice lo mismo “Putas y juerga” Tiene un trabajo manual de más de diez horas al día, de viernes a sábado. Y ahí le tienes: sobreviviendo. Puto tarado, tengo que ir a verle algún día.
Todavía recuerdo a L. que debe de llevar más de veinte años fumando porros a diario y del cual llegué a pensar que padecía el Síndrome de Asperger. Y C. que siempre me dice lo mismo “Putas y juerga” Tiene un trabajo manual de más de diez horas al día, de viernes a sábado. Y ahí le tienes: sobreviviendo. Puto tarado, tengo que ir a verle algún día.
Pero no quiero aburrirla
con ejemplos ajenos, lo que quería indicarle con esta introducción es que tuve
constancia en su momento de la sordidez intrínseca. Y sin embargo, no me atraía
el término medio, el disfrutar de las cosas con mesura. Quería llegar hasta el
límite, hasta el final de la historia del Kronen. Los demás tenían su propia
perspectiva, se miraban el ombligo en busca de ambiciones, sueños, ilusionados
en proyectos de éxito. Aprender y adaptarse hasta conseguir una normalidad que
te exima de juicios externos. Pero me hartaba que me vendieran su felicidad,
una felicidad hueca e inexistente grabada en sus almas por la simple repetición
de idearios.
Pienso ahora en tantos
personajes femeninos luchando por esa normalidad, como la Señora Dalloway, o el
amor del Gran Gatsby. La verdad es que no sé por qué hablo tanto de Irene
Adler, la mayoría de las protagonistas literarias dejan mucho que desear…Madame
Bovary, Anna Karenina, la viuda de Cinco Horas Con Mario, protagonistas
del teatro de Lorca. Aunque como musas funcionáis perfectamente, estas líneas
son la mejor prueba. Beatriz solo es especial como posibilidad.
Divago. Lo que quería
decir es que hay otras personas que son más del tipo de Trainspotting, Fight Club. Gente que prefiere la no-vida, el
no-movimiento, la no-elección. Mira por tu ventana, seguro que los identificas,
son esos borrachuzos con pinta de mendigo que siempre recalan en una plaza o en
un parque. Siempre por la mañana con sus dos o tres cervezas del supermercado.
Malviviendo con alguna renta o porque viven en un piso de alquiler bajo.
Siempre hay una mujer con la dentadura deteriorada entre ellos. Recuerdo que
cuando vivía en Barcelona se reunían en el Parc De La Pegaso, detrás del Corte Ingles
de la Meridiana. Observad a vuestro alrededor, no son invisibles aunque os esforcéis
en ello.
¿Qué impulsa realmente a
esas personas a despreciar su potencial, a afrontar las crisis existenciales
desde un banquillo tan deprimente? ¿Falla algo en la química de su cerebro que
les hace ver la decadencia como algo adictivo? ¿Cómo se sienten sin carisma,
sin éxito, cuando pierden el respeto de su propia familia?
Al final la realidad es
triste, no se trata de mártires de su propia libertad inventada, no se trata de
la náusea o la falta de sentido: se trata de simple debilidad. Y al no asumir
esa debilidad huimos. Escogemos una buena banda sonora, The End con Morrison,
Ian Curtis, Velvet Underground, leemos los excesos de los famosos, de los
malditos y buscamos ingenuamente eso. Putos retardados. La figura de Jim
Morrison no sobrevive al leer su biografía, una víctima de sí mismo. Alguien
guapo para las camisas y alguna portada. Pero en 1969 no era más que un pobre y
gordo borracho bobalicón sin una pizca de talento.
Pero así somos, nos gusta la pistola apuntando a la cabeza mediocre del yonqui, nos gusta Chinaski, nos gusta esa mano temblorosa tirando la mitad del alcohol en la barra, no confiamos en la palabra Rosebud, somos como moscas de fruta a las que el conocimiento solo quita vitalidad. Sigues bebiendo porque odias la realidad, por inercia, por el vértigo cada vez más pronunciado por todo el tiempo perdido. Es curioso como en la antigüedad el ideal no era la sobriedad, sino la ebriedad sobria, que facultaba para gozar el entusiasmo sin incurrir en necedades. El abstemio era visto como alguien limitado que prefería no avergonzarse ante los demás porque no se veía capaz de controlarse.
Pero así somos, nos gusta la pistola apuntando a la cabeza mediocre del yonqui, nos gusta Chinaski, nos gusta esa mano temblorosa tirando la mitad del alcohol en la barra, no confiamos en la palabra Rosebud, somos como moscas de fruta a las que el conocimiento solo quita vitalidad. Sigues bebiendo porque odias la realidad, por inercia, por el vértigo cada vez más pronunciado por todo el tiempo perdido. Es curioso como en la antigüedad el ideal no era la sobriedad, sino la ebriedad sobria, que facultaba para gozar el entusiasmo sin incurrir en necedades. El abstemio era visto como alguien limitado que prefería no avergonzarse ante los demás porque no se veía capaz de controlarse.
Ahora es cuando tocaría,
como catarsis personal de toda esta introspección, una especie de moralina que
nos haga sentir mejor a los dos. Me temo que no. Llevo más de veinte años
bebiendo, lustros impares donde bebía a diario. Épocas donde no sabía ni que
día era y mantenía el ritmo gracias a las drogas. Ya no es así, pero el motivo
no son las secuelas, no estoy ahora más preocupado que antes por mi salud o mi
cerebro. No, realmente el cambio a una rutina más moderada ha sido provocado
únicamente por las RESACAS. Son el puto infierno de Dante, no hay metáforas
suficientes en toda la literatura para describir el horror del día siguiente,
cuando sientes como se va pudriendo poco a poco tu cerebro mientras una colonia
de indígenas toca con tambores un puto réquiem acelerado.
Supongo que con este texto
he querido que entienda que soy perfectamente consciente de mi situación, que
no hay dramas infantiles ni nadie me encerró en un armario. Tuve mis
frustraciones personales y albergo inseguridades que aún no he superado, como
usted, como todos. Pero no me dedico a hacerme cortes en los antebrazos, aunque
me parezca otra opción perfectamente válida dicho sea de paso. Tampoco tengo
una depresión o excesivos –de momento- deseos de suicidarme, aunque la vida me
parezca un avance irremisible a la perdida de nuestra identidad. Solo asumo,
como le he dicho antes, mi miedo, mi debilidad de la única forma que soy capaz.
Sé que hay consecuencias. Me gustaría invitarla a cenar y hacerla feliz.
Pero estoy seguro de que dejando aparte nuestra relación médico-paciente, se negaría. Esta es mi consecuencia, no tener a alguien como usted a mi lado. Perdidas. Pero elegir siempre es perder, elijas lo que elijas. Lo importante es no arrepentirse, ser consciente. Y si lo eres…adelante. Levanta esa copa. Esnifa esa mierda. Traga esas pastillas. Ábrete de piernas. Y por fin, enloquece totalmente.
Pero estoy seguro de que dejando aparte nuestra relación médico-paciente, se negaría. Esta es mi consecuencia, no tener a alguien como usted a mi lado. Perdidas. Pero elegir siempre es perder, elijas lo que elijas. Lo importante es no arrepentirse, ser consciente. Y si lo eres…adelante. Levanta esa copa. Esnifa esa mierda. Traga esas pastillas. Ábrete de piernas. Y por fin, enloquece totalmente.