lunes, 18 de febrero de 2013

Reflexión noctívaga.

Otra vez el insomnio, es maravilloso cuando llegas cansado del trabajo, las ideas hundidas en el fango, quieres dormir, pero no puedes. Simplemente no puedes.
Entonces, vuestro querido decadente, porque asumo que si me leéis hay cierta afinidad, rescata una botella de vino y se pone a escribir de madrugada.

Quiero defender una idea desde esta quejumbrosa palestra: la gente contradictoria, incoherente, incongruente, rara, absurda, es tremendamente interesante. No me refiero naturalmente a esas personas que afirman una cosa y luego actúan de forma radicalmente opuesta, gente sin ideas o convicciones que se mueven sin escrúpulos o por inercia. Me refiero a esas otras que a través de un conocimiento honesto de si mismas, pueden mantener dos posiciones totalmente opuestas.

Esto a priori nos cuesta de entender porque en occidente prima el pensamiento aristotélico, y nos resulta inevitablemente ilógico. Pero si nos acercásemos a la filosofía oriental, como el taoísmo, descubriríamos que conceptos opuestos pueden ser interdependientes, que pueden forman equilibrios dinámicos, incluso permutarse.

Voy a poner un par de ejemplos para intentar hacerme entender. En el sexo, sobre todo a la mujer, le resulta difícil mantener los dos roles de puta y esposa, como si necesitara recurrir a una forzada compartimentación, un atrezzo psicológico, como si el hecho de ser romántico, poeta, excluyera utilizar luego un lenguaje sórdido y sucio en la cama, excluyera utilizar consoladores, fustas o cuerdas; esto sucede incluso en el BDSM, alguien adopta el rol de sumiso y el otro el de Amo, ¿por qué? ¿no podemos intercambiarlos, no podemos quitarnos el cinturón de castidad mental y ver que sucede? Coge un arnés y fóllate a tu novio. Quizás le guste. Deja a un lado tus gilipolleces feministas, vístete de colegiala, y fingid una violación. Quizás te guste. Somos animales viviendo en una sociedad que encorcheta nuestras fantasías en un comercio de imágenes y películas. Sométete a tus propias reglas.

Otro ejemplo: reconozco que tengo ciertas limitaciones a la hora de escribir, suelo ser monotemático, me cuesta desplegar mi sentido del humor, o peor aún, pasa desapercibido. Naturalmente no resulto el único por estos lares afín al realismo sucio, a los poetas simbolistas, a Carver, Houellebecq, Welsh, Palahniuk, etcétera; hay grandes escritores en blogger, inmensos, pero he de reconocer que me sorprendo cuando en algunos casos leo sus comentarios y descubro que su depresión es real. Depresión.

Vaya, quiero decir, a priori es razonable pensar que si escriben así es porque están deprimidos, hay una “lógica” tristeza coyuntural, pero en mi caso, si puse el nombre a mi blog de “Hermosa Decadencia” no fue porque quisiera desgarrarme el alma y deprimir en el proceso a todo aquel que tuviera la mala suerte de leerme, fue porque creía –y creo- que “sentir” a alguien al límite, en su particular madriguera, hundido, y sin embargo dejando cantar a su pájaro azul, o riendo con cierta estúpida épica porque el alcohol se ha acabado y sigue echándola de menos, es perturbador, pero posee una belleza fascinadora.

No digo que en mi caso sea impostura, en absoluto, ahí, entre líneas, está mi soledad, mi aislamiento, mi alcoholismo autodestructivo, mi cinismo, mi tristeza, mi incapacidad para llevar una vida normal. Pero, ¿depresión? En absoluto, al revés, y creo que transciende en mis comentarios, en mis mails, en las conversaciones telefónicas: soy una persona jovial que le gusta reírse, y de hecho lo hace a menudo.

Y sin embargo, me gusta escribir sobre la Muerte, sobre el suicidio, me gusta pensar que tengo esa decisión, esa salida, me alivia realmente, me gustan esas goteras rojascasinegras, me gusta pensar en esa cuchilla –siempre vertical- desgarrando –en agua caliente- la piel del antebrazo. Me gusta, no lo puedo remediar, y aunque no resulte sano sentir esa pulsión, no puedo evitar esa incoherencia.

Pero quizás reside ahí lo divertido de todo este escaparate efímero que compartimos, en esa fortuna de poder defender la propia individualidad, la singularidad de cada uno, resistirse a encajonarse a una etiqueta –al menos escoge tres-, para de alguna manera empezar el cambio, esa sutil revolución silenciosa que comienza, siempre primero, delante del espejo. Nada más fácil y a la vez –volviendo a los conceptos opuestos-, más difícil.

Y como ya he divagado en exceso, voy a intentar dormir un poco. La próxima vez intentaré escribir sobre mi no-vida sexual.

In der Palästra by Sopor Aeternus & The Ensemble Of Shadows on Grooveshark