viernes, 1 de noviembre de 2013

Carta de un decadente (II)

Estoy escribiendo un relato muy divertido en el que voy andando por Gran Vía con el monstruo púrpura en libertad, fuera del pantalón. Las mujeres abren desmesuradamente los ojos y gritan asustadas. Los hombres corren de un lado para otros buscando un policía. Pero el monstruo púrpura no sigue las leyes convencionales, nadie puede detenerle en su conquista mundial.

Además sabe que el arte que provoca pasividad es totalmente estéril.

Sinclair Lewis, Eugene O’Neill, William Faulkner, Ernest Hemingway y John Steinbeck tienen dos cosas en común: son premios Nobel de literatura y alcohólicos. Bukowski volvía de su jornada de diez o doce horas y se ponía a beber y a escribir. Pienso en ellos y borro el relato. Brindo por la burda sombra de autodestrucción y la sempiterna indolencia. A fin de cuentas ni tengo talento ni pasión, para mí es un simple pasatiempo.

Alzar la copa ya supone demasiado esfuerzo.


Escucho un ruido arriba: mis vecinos otra vez discutiendo. Él es un puto advenedizo, de esos que dibujan sonrisas con tiza en el capo de los coches. Ella es una lolita de tetas caídas con un tono de voz excepcionalmente agudo. Él debería de comerle el coño con más intensidad y ella debería de hacerse una ligadura de trompas. Y yo debería de subir y matarles. Acabar con su sufrimiento. Pero sé que son gente peligrosa, al robarles el wifi descubrí que los dos tienen blog. Ella uno de esos típicos donde habla de sus anhelos románticos mientras se folla al portero en el cuarto de la limpieza. Escribiendo todos los días poemas vacíos, entradas vacías, donde no dice nada, donde no hay vómito ni entrañas, como si tuviera nieve en las venas. Él se esfuerza más, su vida sexual depende de ello. Poeta. Macarra. Macho alfa que esnifa viagra y te ata al cabecero antes de escupirte y jugar a un rancio bondage. Todo da mucho asco/pena como decía uno de esos innombrables con talento póstumo.

No sé si drogarme o comprar condones y crucifijos de madera. A veces follamos mal, nos desnudamos y las certezas se nos clavan y nos abren en canal. Alguien bucea ahí dentro durante un rato y luego al salir escupe llagas magenta desilusionado porque las vistas no son lo que esperaba.

A veces bebo como si fuera una mujer embarazada buscando el aborto
Un aborto de tristeza
De accidente irreversible
Todo girando en torno a un abrazo de ceniza y espejismo roto
Que nos excita ad eternum
Sin percatarnos que somos coños chocando contra pollas
En un parque de atracciones donde esperamos nuestro turno
Mientras ponemos nombre de mascota tierna a las cicatrices.

Y por eso exclamo:
Levantaría un templo
Sólo para ti
Y me cortaría las venas
Para que bebieras mi sangre
Mientras muero lentamente
Porque las diosas sólo necesitan
Victorias
Y despedidas.

Entro en ti con cierta violencia. Tenue dolor. Pero no me pides que pare. Tampoco lo haría. Giras tu orgasmo hacia mi boca. Sin metáforas. Ni poemas. Ni llamadas perdidas. Soy una pared enamorada de tus bragas. Derríbame.

Don't Leave Me Now by Pink Floyd/The Wall CD 01 on Grooveshark