martes, 6 de noviembre de 2012

Acostumbrados a fornicar con la mutilación.

El crucifijo se deshace en la mano de Dios,
y cubre con una diarrea caliente e infinita todo su cuerpo.
Yahveh mira sonriente la larga cola de personas arrodilladas esperando su turno,
ansiosas por limpiar con sus lenguas, por engullir con gula, toda su podredumbre.

La religión como filia sexual.

La luna hace una mueca, la serpiente sigue devorando las palabras,
la sangre salpica, el deicidio se completa.

Duermen las hojas apuntaladas por el otoño,
como mis botellas vacías, cadáveres exangües,
hormigas explotando en el crisol de tu recuerdo inmolado.
¿Por qué nos enamoramos de aquellos que representan un peligro insostenible?

Todos nuestros héroes estaban equivocados,
sin sirenas, ni unicornios.
El milagro cruza mi cerebro con sus pies enfangados y vomita sobre su comisura.

La pared borracha tropieza conmigo,
y por unos segundos todo lo triste desaparece.
Los locos salen a las calles, regándolas con amor y música.
Y uno de ellos grita:
¡Te necesito, te necesito, te necesito, te necesito…!

Pero ella huye, la nada contesta.
Al fin y al cabo solo somos gente usada,
palabras usadas,
amor usado,
tic tac implacable,
sin expectativas,
extraviados.

Acostumbrados a fornicar con la mutilación.

Bloodbuzz Ohio by The National on Grooveshark