martes, 12 de febrero de 2013

Reflexiones sobre San Valentín y otras zarandajas.

Realmente escribir no tiene ningún sentido, aunque el público, siempre idolatrado, esté atento a las actualizaciones.

El caso es que ahora, intentando combatir la resaca con otra cerveza, zigzagueando por el teclado, el almanaque me ha golpeado con esa terrible fecha que se aproxima: catorce de febrero. Podría decir que siento un pellizco en mi débil corazón de soltero, pero si hago memoria antes no era una fecha que celebrase con mis parejas, quizás más bien Sant Jordi, y solo por el libro. Quizás sea su simbolismo, o más bien el agravio comparativo, como si desvelase mi absoluta incapacidad para generar amor romántico.

En esta pausa al cambiar de párrafo me he puesto a divagar sobre las relaciones que se forman en los blogs, a priori son sencillas, llegas a un blog, normalmente por casualidad, siguiendo un comentario ingenioso, o quizás buscando información sobre una película o un tema, y te paras a leer.

La mayoría en este punto no comenta, yo tengo trescientas visitas diarias y apenas quince comentarios por entrada, es más cómodo simplemente mirar. Te haces seguidor, lees alguna entrada antigua y sigues con cierto rigor las actualizaciones, así hasta que un día, estás en el trabajo o en tu casa tomando un café, una entrada te gusta especialmente y decides comentar. En otros casos no es así, es más sencillo, simplemente tienes un blog y quieres publicitarlo; en cualquier caso el juego continua, tú comentas, yo te visito, y así, poco a poco, se van formando círculos endogámicos en los que nos conocemos todos, surge cierto buen rollo, camaradería, afinidades.

Los comentarios pueden variar desde lo más anodino en lo que no subyace nada personal, hasta los largos y densos, muchas veces con más enjundia que la propia entrada. La mayoría se queda ahí. Pero hay otros que deciden enviar un mail, quizás para comentar algo personal, porque hace mucho tiempo que no se actualiza el blog y quiere saber si sucede algo, o simplemente por curiosidad, porque quieren conocer a la persona detrás de las palabras. Intimar ya depende de muchos factores, esto no es igual que salir a tomar con un compañero de trabajo unas cervezas, suele producir pereza, no es lo mismo contar tu vida en un bar que escribirla poco a poco en una ventanita de chat o en un correo.

Entonces llega otro momento importante, cuando se decide hablar por teléfono o utilizar el Skype; al principio causa cierta timidez, ¿y si es un loco que me empieza a acosar? pero algunos valientes ceden a la tentación. Todo puede quedar en el impulso de un día, pero en otras ocasiones la conversación fluye, te diviertes y sigues intimando. Y es entonces cuando sucede algo interesante, descubres matices en sus entradas, hay segundas lecturas, sí, claro, todos nos exponemos hasta un límite, pero ahora que te conozco y sé detalles de tu vida, tengo un contexto. Incluso en un blog de cine sucede, ahora sé con quien has ido al cine, porque has elegido esa película y no esa otra, porque estabas cansada y quizás no disfrutaste tanto de la película, etcétera.

La última parte es quizás la más fácil pero también la más difícil: quedar en persona. El problema reside a nivel logístico, ¿vivís en la misma ciudad? no suele ser así, y al menos que se tenga un trabajo con cierta movilidad –o ciertos intereses sentimentales-, lo cierto es que nadie se suele molestar.

Mi experiencia en ese sentido ha sido buena, no es que haya quedado con muchas personas, solo cuatro en estos dos años y casi a regañadientes, soy bastante asocial, pero siempre fue muy divertido, nadie me pareció diferente de como se había mostrado por teléfono o en su blog. La gente miente, eso está claro, pero puede suceder lo mismo aquí, en el trabajo o en una discoteca. De hecho, excepto ciertos advenedizos, la gente es en general bastante sincera y se muestra tal y como es.

Quizás todo esto no tiene mucho que ver con San Valentín, es cierto, pero es aburrido entrar en esas discusiones estériles que van a poblar los blogs en un par de días; si tenéis pareja, disfrutad con inteligencia de este día, y si decidís no hacerlo, espero que tengáis algún gesto con ella el resto del año, cuando os de la gana y las veces que queráis.

En caso de no tener pareja, y sí os sentís tristes y solas, no os preocupéis: también tenéis varias opciones. La primera sería pedir el día libre en el trabajo, mezclar alcohol y antidepresivos, ver la película "Blue Valentine" y pasaros el resto del día durmiendo. La segunda es convertiros en una persona madura que racionaliza toda esta pantomima comercial con cinismo y suficiencia y que llena con proclamas maniqueistas su blog. Y la última opción es facilitarme vuestro número de teléfono y echaros sobre la cama con vuestra mejor lencería a esperar mi llamada.

Prefiero la tercera: soy tan intensamente romántico que me destrozaría saber que una mujer se siente sola en un día tan señalado. Dicho lo cual, debo de terminar aquí, no hay más cervezas y debo salir de mi sancta sanctorum y avituallarme para la noche. Ah, las jodidas noches de insomnio. Un abrazo.

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