Realmente escribir no tiene ningún sentido, aunque el público, siempre
idolatrado, esté atento a las actualizaciones.
El caso es que ahora, intentando combatir la resaca con otra cerveza,
zigzagueando por el teclado, el almanaque me ha golpeado con esa terrible fecha
que se aproxima: catorce de febrero. Podría decir que siento un pellizco en mi
débil corazón de soltero, pero si hago memoria antes no era una fecha que celebrase
con mis parejas, quizás más bien Sant Jordi, y solo por el libro. Quizás sea su
simbolismo, o más bien el agravio comparativo, como si desvelase mi absoluta
incapacidad para generar amor romántico.
En esta pausa al cambiar de párrafo me he puesto a divagar sobre las
relaciones que se forman en los blogs, a priori son sencillas, llegas a un
blog, normalmente por casualidad, siguiendo un comentario ingenioso, o quizás
buscando información sobre una película o un tema, y te paras a leer. La
mayoría en este punto no comenta, yo tengo trescientas visitas diarias y apenas
quince comentarios por entrada, es más cómodo simplemente mirar. Te haces
seguidor, lees alguna entrada antigua y sigues con cierto rigor las
actualizaciones, así hasta que un día, estás en el trabajo o en tu casa tomando
un café, una entrada te gusta especialmente y decides comentar. En otros casos
no es así, es más sencillo, simplemente tienes un blog y quieres publicitarlo;
en cualquier caso el juego continua, tú comentas, yo te visito, y así, poco a
poco, se van formando círculos endogámicos en los que nos conocemos todos,
surge cierto buen rollo, camaradería, afinidades.
Los comentarios pueden variar desde lo más anodino en lo que no
subyace nada personal, hasta los largos y densos, muchas veces con más enjundia
que la propia entrada. La mayoría se queda ahí. Pero hay otros que deciden
enviar un mail, quizás para comentar algo personal, porque hace mucho tiempo
que no se actualiza el blog y quiere saber si sucede algo, o simplemente por
curiosidad, porque quieren conocer a la persona detrás de las palabras. Intimar
ya depende de muchos factores, esto no es igual que salir a tomar con un
compañero de trabajo unas cervezas, suele producir pereza, no es lo mismo
contar tu vida en un bar que escribirla poco a poco en una ventanita de chat o
en un correo.
Entonces llega otro momento importante, cuando se decide hablar por
teléfono o utilizar el Skype; al principio causa cierta timidez, ¿y si es un
loco que me empieza a acosar? pero algunos valientes ceden a la tentación. Todo
puede quedar en el impulso de un día, pero en otras ocasiones la conversación
fluye, te diviertes y sigues intimando. Y es entonces cuando sucede algo
interesante, descubres matices en sus entradas, hay segundas lecturas, sí,
claro, todos nos exponemos hasta un límite, pero ahora que te conozco y sé
detalles de tu vida, tengo un contexto. Incluso en un blog de cine sucede,
ahora sé con quien has ido al cine, porque has elegido esa película y no esa
otra, porque estabas cansada y quizás no disfrutaste tanto de la película,
etcétera.
La última parte es quizás la más fácil pero también la más difícil:
quedar en persona. El problema reside a nivel logístico, ¿vivís en la misma
ciudad? no suele ser así, y al menos que se tenga un trabajo con cierta
movilidad –o ciertos intereses sentimentales-, lo cierto es que nadie se suele
molestar.
Mi experiencia en ese sentido ha sido buena, no es que haya quedado
con muchas personas, solo cuatro en estos dos años y casi a regañadientes, soy
bastante asocial, pero siempre fue muy divertido, nadie me pareció diferente de
como se había mostrado por teléfono o en su blog. La gente miente, eso está
claro, pero puede suceder lo mismo aquí, en el trabajo o en una discoteca. De
hecho, excepto ciertos advenedizos, la gente es en general bastante sincera y
se muestra tal y como es.
Quizás todo esto no tiene mucho que ver con San Valentín, es cierto,
pero es aburrido entrar en esas discusiones estériles que van a poblar los
blogs en un par de días; si tenéis pareja, disfrutad con inteligencia de este
día, y si decidís no hacerlo, espero que tengáis algún gesto con ella el resto
del año, cuando os de la gana y las veces que queráis.
En caso de no tener pareja, y sí os sentís tristes y solas, no os preocupéis: también tenéis varias opciones. La primera sería pedir el día libre en el trabajo, mezclar alcohol y antidepresivos, ver la película "Blue Valentine" y pasaros el resto del día durmiendo. La segunda es convertiros en una persona madura que racionaliza
toda esta pantomima comercial con cinismo y suficiencia y que llena con
proclamas maniqueistas su blog. Y la última opción es facilitarme vuestro número de
teléfono y echaros sobre la cama con vuestra mejor lencería a esperar mi llamada.
Prefiero la tercera: soy tan intensamente romántico que me destrozaría saber que una mujer se siente sola en un día tan señalado. Dicho lo cual, debo de terminar aquí, no hay más cervezas y debo salir de mi sancta sanctorum y avituallarme para la noche. Ah, las jodidas noches de
insomnio. Un abrazo.
Rorschach: Joder, vaya
novedad, antes pensaba que era algo típico catalán pero ahora medio país está
así.
Conejita: El caso es que
ni siquiera tengo nombre, cosa que veo inaceptable, teniendo en cuenta nuestra relación.
Rorschach: Bueno, no
sé si nuestra relación es legal. Pero en cualquier caso lo del nombre es fácil:
Ophelia
Ophelia: De acuerdo, vamos
al meollo del asunto: quiero que firmes esto. Es un contrato, los términos te comprometen
a que aparezca al menos en una tercera parte de tus post, creo que es lo mínimo
dada mi importancia. Y para que veas que voy de buenas, hasta que no nos
casemos no pienso pedir nada de derechos de autor.
Rorschach: Esto es una
locura, no creo que la gente, la poca que me lee, entre concretamente para
saber de ti. Te consideran una mera metáfora de mi frustración sexual.
Ophelia: Me ofendes, pero
no importa, es lo habitual en tus relaciones, ¿eso no lo cuentas, eh? Bueno, no
quiero discutir contigo, ¿soy mejor que la masturbación? ¿Mantengo en
secreto esas pequeñas filias que despliegas conmigo y que esas humanas tan
sobrevaloradas no te permitirían? En ese caso: me lo debes.
Rorschach: Dejando aparte
que esto no sea producto del delirium tremens, creo que es bastante mezquino
toda tu proposición, así no puede nacer el amor verdadero entre nosotros, y
olvidas que muy en el fondo, sobre todo cuando mis gónadas han sido vaciadas
convenientemente, mi felicidad se basa en esas imposturas románticas que tanto
humedecen a las féminas y a ti te ponen las orejas duras y erguidas. Lo cual,
pensándolo ahora, es un detalle bastante gay.
Ophelia: Soy la coneja
perfecta para ti, me gusta Rocky, sé quién es Scott Summers, puedes recrearte
en tu soledad cuanto quieras y luego venir a buscarme y tratarme como una puta,
o recitarme a Rimbaud, todos tenemos incoherencias, no definiré las tuyas como
locura. Sé que lo son, tienes un historial familiar que tiende a ello, no es
culpa tuya.
Rorschach: Es tentador.
El sexo es genial, nadie mueve las orejas como tú, pero, ¿no crees que sería
mejor que buscase la felicidad entre humanas? No te podré presentar nunca a mis
amigos, siempre viviremos escondidos.
Ophelia: Mira las
ventajas, apenas tengo exigencias, es muy probable que no pueda quedarme embarazada
de ti, eres el primer hombre en mi vida.
Rorschach: ¿Y ese
asunto con el conejo filosofo?
Ophelia: Era una
adolescente, tenía miedo de lo que sentía por ti.
Rorschach: Entonces,
¿de verdad me amas?
Ophelia: Nadie te ha amado
nunca como yo.
Rorschach: Te creo,
realmente soy poco exigente, un poco de BDSM, un poco de Amélie, un poco de
Sergio Leone.
Ophelia: He aprendido a
nadar, lucharemos contra el destino.