viernes, 15 de febrero de 2013

Érase una vez un columpio agorafóbico que odiaba a los niños.

Decía Panero: “Y como el mar camino, sin armas, sin escudo”
hay un anciano vestido de payaso en mitad de la calle
el maquillaje no tapa su tristeza
le dejo unas monedas, incrédulo
así es la ciudad.

Llego a casa e intento escribir un poema
pero solo consigo uno ramplón, ingenuo, y sin demasiado talento
decido, en un acto de coherencia existencial
cortarme las venas con sus bordes afilados
mi sangre se desborda y cae
como un vengativo cielo rojo
sobre los amantes del piso de abajo
y ellos gritan contra esas obscenas goteras de color rojocasinegro
pero mi grito sobrepasa al suyo
rompe las paredes, destroza los tímpanos de la piel del alma.

El alarido mudo se prolonga
la soledad me empala con sus (a)tributos
pero ella ríe, quema su contexto
se tumba junto a mi, exangüe de tristeza, y me dice:
“¿quieres ver arder un universo?”

Se pone su abrigo rojo
el vaho insiste en hacer el amor con sus ojos verdes
todo se deshace en su presencia
con la naturalidad de un terrón de azúcar
en una copa de absenta.

Escondo el dibujo de un corazón dentro del párrafo
aguanto la respiración, ¿lo puedes ver?
¿ves como arden las comisuras de mis párpados, cómo mi sonrisa tirita contra el cristal?

Aunque quizás solo sean un montón de palabras sin sentido
dedos de hojarasca haciendo cosquillas a tu nombre
la bilis del tiempo golpeando sin tregua mis muñecas.

Pero entonces vuelvo a leer tu mail
y aunque a veces todo y nada ocupa el mismo lugar
debo dejar constancia aquí de mi respuesta.

¿Por qué te hago reír tanto?
dímelo tú
Princesa…

The End of Heartache by Killswitch Engage on Grooveshark