sábado, 16 de febrero de 2013

El silencio de su vacío en la cama.

Estoy aquí, de madrugada, esperándote
tomando una copa de vino tras otra
sin pensar en nada en concreto, quizás en detalles nimios
como la falda que llevabas el día que nos conocimos.

Escucho la discusión de mis vecinos
paredes finas, casas viejas de extrarradio
sin intimidad ni pudor
hay frustración, hay crueldad, hay mezquindad en sus palabras
llenas de odio e intimidad
inmersos en esa jodida inercia, en esa guerra estúpida
como si fueran a encontrar ahí alguna pavesa de pasión
esas dos personas tan educadas, amables, que sonríen por la calle
de pronto convertidas en una horrible versión de si mismas.

Todo ha terminado, ella llora en el baño
(terrible llanto)
y él anda enfurecido de un lado para otro
lamentándose, justificándose
y la jornada termina en silencio
una cama, y muro en medio, separando dos soledades
sin valor para olvidar, o abandonar.

Sin embargo antes también los escuchaba
los escuchaba pedir comida china los sábados
y luego, mientras decidían que película ver
escuchaba como se amaban en verano con las ventanas abiertas
escuchaba como ella canturreaba mientras hacía la comida
les escuchaba hablar emocionados durante horas sobre cualquier tema
les he oído reír, y eso era lo que más me gustaba
mientras compraban entradas para un concierto
cuando escondían regalos antes del que el otro viniera
cuando cantaban juntos sus canciones favoritas
cuando jugaban con su gato
como si fueran una pequeña familia
solo les vi una vez, de lejos, paseando juntos, ella pizpireta girando a su lado
y él, haciéndose el duro, pero sonriendo cuando ella no miraba.

¿Qué ha sucedido con todo eso?

Como te decía, estoy aquí, de madrugada, esperándote en vano
tomando una copa de vino tras otra
mirando un espejo
y escuchando
una y otra vez
los sonidos
de mis recuerdos.

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