miércoles, 16 de enero de 2013

Mis manos son serpientes ciegas en busca del poema.

Versión 1.

Me habías prometido encontrar mi corazón y colocarlo en el lugar correcto
pero solo recuerdo el dolor de mis rodillas violentadas contra el suelo
mi respiración ahogada mientras simulabas buscar en el interior de mi garganta el amor.

Me sentía vacía, pero tú intentabas llenarme con la torpeza de quien llena un agujero
carne caliente penetrando, moviéndose dentro de mí
era una niña a quien obligaste a abrir sus piernas de mujer con palabras
que ya sonaban gastadas antes de salir de tu boca.

Y cerré los ojos, y la nieve debajo de mis párpados empezó a caer copiosamente
sin embargo mi cuerpo ardía, las llamas devoraban mi rostro, el centro de mi cuerpo
gotas de sangre, esquirlas de espiral
fue una ceremonia pueril e inquietante, ¿tenemos razones para preocuparnos?

Versión 2.

No era una época complicada, no busquemos excusas, eras tú, siempre tú, demasiado inestable, ciclotímica, incapaz de asimilar el concepto de felicidad, como si quisieras castigarte, como si estuvieras demasiado acostumbrada a las heridas, al desdén, al silencio. Ese extraño y culpable masoquismo. Y sé que me querías, pero solo me llamabas para follar, cuando necesitabas una alborada de realidad, cuando querías que me mutilase contra tu piel, que apagase las espitas de gas, encasquillase la pistola, rompiera la cuerda, oxidase la cuchilla….

Parecías una lamina de piel envolviendo el esqueleto de un revolver, mis ojos morían al contemplarte -eso afirmaban los poetas-, pero tú descubrías una cana en tu coño y querías quemar mi pasaporte, querías que te golpeara al ritmo de tus latidos, como si fuera imposible detener la hemorragia de dolor, como si ese hubiera sido siempre el final que merecíamos.

Cómo hacer crac by Nacho Vegas on Grooveshark