jueves, 17 de enero de 2013

Coños.

Lo que me apetece en estos momentos es comer un coño, sé que suena vulgar, pero dejando aparte apreciaciones lingüísticas más elegantes como la palabra “cunnilingus”, creo que es la expresión más adecuada a la necesidad que tengo de follarte con mi lengua.

El sexo, aunque algunos reprimidos no quieran reconocerlo, tiene un componente de violencia y zafiedad indispensable; algunos se limitan cuando tienen pareja, como si el respeto o la institución familiar cambiase nuestros instintos, pero en el fondo seguimos siendo mandriles en un zoo, aunque estemos culturalmente castrados. Eso está cambiando, joder, menos mal. De hecho, si todos recordásemos nuestros mejores polvos, estoy seguro de que la mayoría tendrían un componente de sordidez bastante recurrente, ya sabéis, el baño de una discoteca, un lugar público, quizás una infidelidad, quizás esa reconciliación temprana en que te follan con un punto de dureza y posesividad, cuando piensas que es el último, cuando se rompen ciertos límites de pudor.

Se habla de química porque no se trata solo de correrse, en un hombre sí, una vez has entrado en la madriguera ya todo te da igual, bueno, menos algunos depravados como yo que han visto demasiada pornografía; pero la sexualidad de la mujer ha evolucionado de forma diferente, tienes que esforzarte en ofuscarla, en follártela bien para que olvide el escenario, las últimas veinticuatro horas, para que se desinhiba en el presente puro de la penetración. Yo soy un mal amante, apenas lo he conseguido en dos o tres ocasiones, casi de casualidad.

Pero en fin, lo que quería proclamar desde estas líneas, es el derecho sagrado e inalienable que tienen todas las mujeres de que les coman el coño al menos dos veces por semana. Por eso, si no estás satisfecha con tu actual pareja, o peor aun, si ni siquiera lo hace, tienes la obligación moral de buscarte otro hombre, de ser infiel, de huir de esa cárcel de anorgasmia.
Coged un espejo, por favor, y miraros atentamente el coño, enfrentaros con él, ¿se merece acaso ese abandono, esa dejadez? Tu coño tiene derechos, es un sufragista vilipendiado durante siglos, escúchalo, necesita ese baño de saliva semanal, que se regodeen entre sus labios, que le dediquen todas las atenciones posibles.

Por eso insisto, querida amiga: no te conformes, busca tu comedor de coños profesional.

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