miércoles, 10 de octubre de 2012

Si hay una razón para otros amores es recordarnos que no son el único.

Las garzas dejan huellas de sangre sobre la página en blanco, mi polla sigue recitando poesía.

Tengo frío de mi mismo, la hoguera de la vida apagándose, pavesas de belleza,
una marca de hollín fingiendo ser escritura.
El cielo, ese río de ahogados, se va tornando negro y sucio mientras pájaros sin alas arbitran esta partida de ajedrez con el horror.

Berenice, flor de grito y muerte, rostro de llanto, ojos de lluvia.
Amémonos, utilicemos la cuchilla -¿la palabra es amor o asesino?-, escuchemos con los ojos a los muertos.
El castillo de tu boca es poesía, cárcel de sentimientos y silencios, delirio sollozante, mentiras de insecto.

La rueda sigue girando, los muñones resbalan por tu piel de azul cemento,
mi semen te golpea, te desgarra, y finalmente cae sobre tus zapatos de princesa.

La nieve atroz llena mi boca ante el árbol del ahorcado, la mosca se nutre de mi cadáver y sigue engendrando monstruos,
versos que suben por la pared del manicomio, gritan, y sueñan con arrancarme los ojos.

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La comunicación es limitada. Primero tienes que hacer el esfuerzo de hablar y a su vez la otra isla tiene que intentar escucharte. Luego tienes que encontrar las palabras adecuadas. Y aun así, algo se escapa en el sumidero de tus comisuras. Es como el amor, alguien dice “Te amo” y las palabras están lejos del concepto real porque tú no sientes lo mismo, porque no es el momento adecuado, propicio. Deberíamos de tener señales, una especie de banda en el brazo, como judíos en un gueto. ¿No eres capaz de desplegar una sensibilidad reciproca? Banda roja. ¿No eres capaz de corresponder a mis sentimientos porque solo quieres follar? Banda Azul. Una especie de mundo utópico y feliz en que las cosas estén demasiado claras. Pornografía de sentimientos, como cuando haces senderismo en zona amplias y los recorridos están señalizados por códigos de colores. Nadie sufriría. No culpa. No distorsión. Pero la comunicación es imperfecta y no podemos hacer nada para evitarlo.

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Mis recuerdos caben en una caja de galletas con nombre de mujer. Es mejor el misterio a la rutina. Como repartir fotocopias de tu tristeza, trípticos de publicidad. Ojos de tormenta. Insomnio. Suicidio. Trocitos de alma desperdigados. Urea. Una joven británica pierde su estómago tras beber un cóctel con nitrógeno líquido. La poesía es una mentira con traje de puta. Yo no espero nada y ellas exigen demasiado.

The Planets Suite, Op 32 Mars, The Bringer Of War by Gustav Holst on Grooveshark