jueves, 8 de diciembre de 2011

No necesito que me abras el cielo, solo mis piernas todas las noches. ¡Un poco de épica, coño!

Me encontraba el domingo en mi trabajo, ese lugar en el que entras con la luz del sol, el canto de los pájaros, niños jugando en el parque, todo hermoso, brillante y feliz… y a las dos horas estás odiando a la humanidad con intensidad hercúlea. También depende de cuando salte la llamada que te crispará los nervios el resto de la jornada. Soy experto en reconocerlas por el tono insidioso del interlocutor, por su mala leche y falta de educación. Son los mismos clientes que al día siguiente, de forma misteriosa, tienen la línea bloqueada o borrada su cuenta bancaria. Pero eso es otro tema. Estaba pensando en dieciocho formas diferentes de volar el edificio con todos dentro cuando el cliente que tengo en espera desde hace cinco minutos cuelga y me salta la siguiente, como solo cojo las impares sucede lo siguiente:

Rorschach: Hola, soy Rorschach, ¿quién eres? (increíble pero cierto, nos obligan a esa entradilla)
Carmen: Soy Carmen.
Rorschach: Hola Carmen, dime, ¿cuál es tu consulta?
Carmen: Te doy los datos del móvil, ¿de acuerdo? (Numero, nombre del titular, dirección, DNI) Verás, este número, como ya has podido comprobar, no está a mi nombre, está a nombre de mi pareja. Necesito, es muy importante, que me digas cual es el número al que ha llamado hoy a las siete y media de la tarde.
Rorschach: (Mierda) Discúlpeme pero me temo que aunque fuera la titular no podría facilitarle esa información.
Carmen: Comprendo, pero es que esto es realmente muy importante.
(Tres minutos de circunloquios hablando de advertencias legales, mi despido y su necesidad)

Carmen: (Silencio) ¿Tienes pareja…? Bueno, no importa, mira, sospecho que él me engaña. Llevamos juntos desde hace años, las cosas últimamente no van muy bien. Yo le quiero. Pero, no puedo explicarlo… detalles, son detalles como cambiar de colonia, cuidarse más. Es un cobarde, nunca me reconocerá nada, me tachará de loca. Ahora dice que se ha ido con unos amigos, su reunión de los miércoles. Su puta reunión de los miércoles de machos. Pero si solo pudieras darme ese número podría comprobarlo. Y si me ha mentido en esto… me ha mentido en todo. Ya podría tomar una decisión, ¿me comprendes?
Rorschach: Sí, si entiendo todo esto. Pero no puedo facilitarte ningún número de teléfono, ya te he explicado el motivo.
Carmen: ¿Eres una persona o una maquina?
Rorschach: Una maquina.
Carmen: Bien, tienes sentido del humor. Por favor, solo te pido que me comprendas. A esa hora le ha sonado el teléfono y le he visto a hurtadillas devolver la llamada. Cuando se ha ido le he llamado y ya lo tenía apagado. Podría llamar a sus amigos, pero son SUS amigos. Tú… ¿nunca has necesitado saber la verdad, tener una prueba? Sólo te pido un número, una solución elegante. Solo quiero seguir adelante con mi vida…
Rorschach: Joder, te estas poniendo demasiado melodramática.
Carmen: Llevo cuatro años con él.
Rorschach: Que sepas que como escuchen esta conversación me echan. El número es: 622****** Vaya, parece de Yoigo...
Carmen: Espera que apunte, ¿dices que es de Yoigo?
Rorschach: Sí, y tiene bastantes llamadas, sobre todo a la hora de la comida y a partir de las nueve…
Carmen: (Pausa) Sé que es mucho pedir pero, ¿me podrías decir a quién pertenece?
Rorschach: (Silencio) Bah, total, vayamos hasta el final. A ver, un momento. Pertenece a una mujer… Susana *** *** ¿Te suena de algo?
Carmen: (Empieza a llorar) Hijo de puta… hijo de puta…
Me cuelga.

Otro cliente satisfecho.

*****
Un día más de oportunidades perdidas, solo quiero llegar a casa. Cojo el autobús y entonces la veo. Es ese tipo de sonrisa de ceniza, de ilusiones de sal, de niña mala, perversa, como esperándote a ti para retar a la vida -y te aseguro que te llevará hasta el final aunque sea por encima de vuestras posibilidades. Una sonrisa para otro claro. Se bajan y me espero a la siguiente. Un poco de tregua.

Hoy es mi último día solo en casa. Al buscar una copia de las llaves me he encontrado un regalo de cumpleaños de mi ex. El de las tarjetitas. Me ha hecho ilusión recordarlo. Luego he mirado el calendario, hoy día ocho es su cumpleaños. Y aunque iba a enviarle un sms, como hizo ella conmigo, he preferido llamarla. Joder, son muchos años, a pesar de nuestras mezquindades nos merecemos algo de cordialidad.
Felicidades sinceras desde mi decadencia, espero que seas muy feliz.

Dejando aparte el truco de la portabilidad para conseguir nuevo móvil y descuentos en la tarifa –mierda, sí, la próxima semana tendré Whatsapp- los pedidos de libros a través de internet, los conciertos y las salidas nocturnas están agotando mi dinero. No es fácil vivir con un sueldo de teleoperador, y menos en España. Por ello hacía unos meses que me estaba planteado seriamente compartir piso. Hace un par de meses una amiga del trabajo se ofreció, pero a pesar de la desesperación que traslucen mis textos y la oferta de sexo implícita, tuve que negarme. He sabido valorar la paz de mi hogar, la antítesis de la convivencia con una mujer.

De pronto -el lunes para más señas-, un viejo conocido me llama desesperado. Su pareja, con la que lleva ocho años, se ha vuelto loca: le ha echado de casa y ha cambiado la cerradura, Necesita un sitio para quedarse y que le ayude a recuperar sus cosas. Bueno, no suena mal, pobrecito ¿no? Tampoco entiendo porque me considera un experto en mujeres desequilibradas, pero de acuerdo, me ofrezco a ayudarle.

Pero las cosas no son tan sencillas. Tampoco voy a contar como fueron las tensas, horribles, incomodas cuatro horas que tardamos en recoger todas sus cosas empaquetarlas o tirarlas directamente al contenedor. Saltemos las partes violentas, los gritos, los llantos, las pullas terribles de intimidad desbordante. Ella pidiéndole explicaciones, pidiéndole que le devolviera su Vida y él tirando los regalos que ella le había hecho por la ventana, mostrando brutalmente que le importa una mierda y que solo desea borrarla. Joder, fue la puta desintegración de una pareja.

En este punto me acorde de la conversación del trabajo antes mencionada -todo es tan parecido que casi da miedo-, porque mi futuro compañero de piso es un bastardo, un mentiroso compulsivo. En vez de dejarlo con ella, decirle que no es feliz, se lía con una compañera de trabajo a la que le cuenta una milonga y sigue así, varios meses con las dos, hasta que le pillan. Y es entonces cuando saca el orgullo y decide irse ÉL de casa porque quiere vivir su historia de amor sin engaños. Menudo cabrón. Cuando me di cuenta de todo estuve a punto de mandarle a tomar por culo y dejarle con sus cosas en la calle.
Pero como le dije a ella en privado: en el fondo te ha hecho un favor.

O sea que ahora soy un decadente de pacotilla, tengo cena de empresa, compañero de piso provisional e incluso alguna cita social y musical este mes.
Un fraude.

Menos mal que nos queda la ficción...

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