martes, 1 de noviembre de 2011

Náufragos en un mar de mierda.

Soy un decadente, un puto desclasado, no tengo ni idea de política. Solo divago, que de momento es relativamente gratuito.
Y es que realmente la culpa no es de la falta de competencia o carisma de nuestros políticos. Aunque guardo un ferviente rencor a Zapatero por mentirme descaradamente, por tratarme como si fuera un niño pequeño al que hay que negar la verdad distrayéndole con cheques y grandes dosis de marketing incompetente, no ha dejado de ser al final un pobre idealista. Los de derechas lo tienen todo más claro, parecen inteligentes, quizás más acostumbrados a la realidad del poder. Pero esta crisis no solo afecta a nuestros políticos, sino también a Sarkozy, Angela Merkel y llega hasta nuestro querido Obama, premio nobel de la paz. Todos sin excepción domeñados a nivel mundial por los poderes facticos de los mercados. Intentando trasegar con una crisis que, desgraciadamente, se permutará eternamente en otras diferentes, porque es producto de un modelo inverosímil de crecimiento perpetuo, un disparate que nos obliga a consumir dinero que ni siquiera existe.

Rajoy –que no suele hablar mucho para mantener débilmente la duda de su estupidez congénita-, después de presentarse por tercera vez, ganará las elecciones. Puede hacerlo con mayoría absoluta o aliarse con algún grupo nacionalista que, después de unos privilegios desproporcionados, le permita gobernar con normalidad. ¿Alguien conoce cual el su programa electoral? De nuevo escamoteando información, total ¿Qué importa? ¿Acaso nos justifican algo de lo que está sucediendo? No. Los medios de información son simples cuñas publicitarias. No hay un diálogo real entre representantes sociales, el pueblo –por elegir una palabra rimbombante- y los políticos. No sé realmente si es por estupor, perplejidad o ignorancia, pero nadie exige nada, no reaccionamos. La aparición de los indignados ha sido tan efectiva como un pedo virtual. No hay líderes intelectuales, Stephane Hessel y su pequeño pasquín son una tomadura de pelo, una cortina de humo de risas enlatadas.
Somos los resignados, sin opción de crítica, una masa ninguneada. Nos hablan de billones y de países en quiebra mientras los mercados, en manos de especuladores, se frotan las manos con cada nuevo golpe de ciego. Nuestros gobiernos no pueden dejar de jugar, nadie controla la banca.

Y en vez de intentar salir todos juntos de esta trampa caemos en la indecencia política, sindical y periodística. Cada parte de la pirámide intentando sobrevivir aunque ello conlleve apretar más la soga alrededor del cuello de su país. No existe un futuro DIGNO que no pase, desgraciadamente, por la violencia, por una revolución en armas, real. Porque antes al menos nos manipulaban sutilmente, ahora nos desprecian, somos ganado al que no es necesario dar explicaciones, la democracia tal y como la conocíamos no existe, lo del próximo día veinte es simplemente un teatrillo barato sin consecuencias. Las ordenes ya están dadas, da igual quien ostente el poder.

Quince años de prosperidad atontan a cualquiera. Veremos cómo nos dejan los próximos treinta años de mierda enlatada.

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