miércoles, 9 de noviembre de 2011

Gatos y Chorradas.

Como perogrullada inicial comentaré que puedes amaestrar a la felicidad gracias a la gente que te rodea. A veces por ceguera o estupidez insistimos en mantener cerca a gente tóxica, mezquina. Y en nuestra cartografía social se entrecruzan las necesidades, agendas repletas de misterios de una época ya olvidada, de teléfonos que no nos atrevemos a marcar, gente a la que no devolvemos las llamadas y otra a la que siempre dejamos mensajes en el contestador. Sin embargo hay veces que recibimos una llamada o un abrazo inesperado y la soledad que nos define se retira brevemente con una mirada de desdén.

Había quedado con mi amigo Juan, el primero en dedicarme algo de su tiempo esta semana. Felicitaciones por adelantado y dos regalos, no me puedo quejar. El caso es que de pronto me he acordado de X. Llevaba unas semanas con la idea de llamarle, sabía que de otra forma no sabría nada de él. Pero el señor X es una de las mejores personas que conozco, cuando estuve este verano en su casa soportó estoicamente mis paranoias y lloros y ya solo por eso se merece que intente mantener el contacto. Dejando aparte la convivencia de tres años en los cuales no llegamos a discutir en ningún momento a pesar de que le di alguna razón para hacerlo. En estas dos o tres ocasiones en las que intercambiamos lamentos siempre le digo que un navarro es Barcelona es una mala idea, y le insisto con la idea de que venga a vivir unos meses conmigo a Madrid, que será mucho más feliz. Pero es un cobarde y solo se mueve por inercia.

Esta vez me ha contado que sigue sobreviviendo con sus sesiones de fotos y sus ingresos de istockphoto. Lo del diseño gráfico lo tiene aparcado. Ahora se va a mudar de Sant Andreu a casa de sus padres en Calafell, sitio aislado donde los haya. Sigue en paro, desidioso, con una vida social monopolizada por sus modelos a través del facebook. Cada uno se crea su propio infierno, X cuida de sus bonsáis con una delicadeza que os emocionaría, y sin embargo busca quimeras entre modelos diez años más joven que él que solo le utilizan como paño de lágrimas. Pero es algo inconsciente, hace diez años le destrozaron el corazón, no sé si era la primera vez que se enamoraba, pero desde luego fue decisivo, a partir de ahí se resignó a una historia triste, a ir de puntillas por la vida, sin percatarse que así solo se consigue sufrir más. No puedo decirle nada porque hay que juzgar con el ejemplo.

A pesar de las penurias comunes siempre me alegra hablar con él y me queda la sensación interior, antes de que el tiempo y la distancia hagan su juego de manos, que hay una línea inalterable entre mis recuerdos y nuestro presente y que es alguien con quien puedo contar. Siempre es mejor esto, aunque esté equivocado, que un contestador que no devuelve tus llamadas.

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