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domingo, 24 de febrero de 2013

Nostalgia.

Estaba hablando con la Nuria de ojos verdes
y recordé uno de esos locales donde hace más de diez años
salía de fiesta por las noches
los Bajos de Arguelles, el Saxo Music Bar
esos minis de calimocho
con un chorro de tequila, vodka y licor de mora
que no he vuelto a probar en ningún sitio
lleno de posters de Jim Morrison
Héroes del silencio
Queen, Extremoduro
la misma música de calidad a cualquiera hora que fueras
y esa zona, casi reservado, donde te sentabas
con la pared llena de frases o dedicatorias
siempre pidiendo “En blanco y negro”
siempre metiendo mano
y algo más
a alguna chica despistada.

De esa zona recuerdo más garitos
el Akelarre, con su poster de Raistlin Majere
donde siempre estaban los mismos
aquel otro local de chupitos
todos tenían el nombre de algún grupo español
era fantástico:
“¡Ponme dos suaves, un extremoduro, y dos barricada!”

Los quitaron
denuncias de los vecinos
demasiado “ruido”
escandalo
demasiada gente cultivando su buen gusto musical
y pasándolo bien.

Luego tuve una época gótica
íbamos al 666, aunque cerrase demasiado pronto
me gustaban sus reservados, sus sillones rojos, las velas en las mesas
su pista de baile rodeada de columnas
ahí fue donde escuché por primera vez a Wumpscut.

Luego íbamos a veces al Dark Hole
aunque fuera demasiado elitista
o a la Rosa Negra, en la Plaza del Carmen
a pesar de sus baños infectos
su pista era especial
la gente danzaba imbuidos en un ballet particular.

Pero el que más nos gustaba era el Heaven
dos pistas de baile
en la primera con la música habitual de la época
HIM, Rammstein, Depeche Mode, The Cure
Sisters Of Mercy, Suicide Commando, etcetera
(incluso una vez hicieron un especial HDS)

En la de abajo sucedían cosas más extrañas
el DJ sabía hacer su trabajo
nos mecíamos, haciendo el loco, sin camisa
demasiado borrachos para buscar el sentido
para recordar el nombre de los grupos
que luego entre semana intentábamos encontrar sin éxito
en el extinto Madrid Rock.

A eso de las cinco y media de la mañana
nos dirigíamos al Phobia
último local para terminar la noche
su larga barra, el pequeño reservado al lado del DJ
su pequeña pista
ahí disfrutábamos de las últimas copas
los últimos instantes
con la mejor banda sonora
fue allí donde escuché esa excelente versión de House Of The Rising Sun
de Evereve.

Ahora están casi todos cerrados, desaparecidos, olvidados
quizás por eso prefiero mi copa de vino
mi casa
mi música
pero es imposible olvidar ciertos momentos
esos escenarios perfectos para el inicio de algunas relaciones
y a veces para su final
todas esas nínfulas góticas bailando lánguidamente a mi alrededor
las conversaciones con desconocidos de madrugada
interesantes, únicas
o con tus amigos, cuando exultantes
por las drogas o el alcohol
pensabas que todo sería para siempre.

Todas esas noches viviendo algo diferente
cuando nos creíamos invencibles
y solo queríamos gritar.

Kiss by London After Midnight on Grooveshark

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Gatos y Chorradas.

Como perogrullada inicial comentaré que puedes amaestrar a la felicidad gracias a la gente que te rodea. A veces por ceguera o estupidez insistimos en mantener cerca a gente tóxica, mezquina. Y en nuestra cartografía social se entrecruzan las necesidades, agendas repletas de misterios de una época ya olvidada, de teléfonos que no nos atrevemos a marcar, gente a la que no devolvemos las llamadas y otra a la que siempre dejamos mensajes en el contestador. Sin embargo hay veces que recibimos una llamada o un abrazo inesperado y la soledad que nos define se retira brevemente con una mirada de desdén.

Había quedado con mi amigo Juan, el primero en dedicarme algo de su tiempo esta semana. Felicitaciones por adelantado y dos regalos, no me puedo quejar. El caso es que de pronto me he acordado de X. Llevaba unas semanas con la idea de llamarle, sabía que de otra forma no sabría nada de él. Pero el señor X es una de las mejores personas que conozco, cuando estuve este verano en su casa soportó estoicamente mis paranoias y lloros y ya solo por eso se merece que intente mantener el contacto. Dejando aparte la convivencia de tres años en los cuales no llegamos a discutir en ningún momento a pesar de que le di alguna razón para hacerlo. En estas dos o tres ocasiones en las que intercambiamos lamentos siempre le digo que un navarro es Barcelona es una mala idea, y le insisto con la idea de que venga a vivir unos meses conmigo a Madrid, que será mucho más feliz. Pero es un cobarde y solo se mueve por inercia.

Esta vez me ha contado que sigue sobreviviendo con sus sesiones de fotos y sus ingresos de istockphoto. Lo del diseño gráfico lo tiene aparcado. Ahora se va a mudar de Sant Andreu a casa de sus padres en Calafell, sitio aislado donde los haya. Sigue en paro, desidioso, con una vida social monopolizada por sus modelos a través del facebook. Cada uno se crea su propio infierno, X cuida de sus bonsáis con una delicadeza que os emocionaría, y sin embargo busca quimeras entre modelos diez años más joven que él que solo le utilizan como paño de lágrimas. Pero es algo inconsciente, hace diez años le destrozaron el corazón, no sé si era la primera vez que se enamoraba, pero desde luego fue decisivo, a partir de ahí se resignó a una historia triste, a ir de puntillas por la vida, sin percatarse que así solo se consigue sufrir más. No puedo decirle nada porque hay que juzgar con el ejemplo.

A pesar de las penurias comunes siempre me alegra hablar con él y me queda la sensación interior, antes de que el tiempo y la distancia hagan su juego de manos, que hay una línea inalterable entre mis recuerdos y nuestro presente y que es alguien con quien puedo contar. Siempre es mejor esto, aunque esté equivocado, que un contestador que no devuelve tus llamadas.

House of the Rising Sun by The Animals on Grooveshark

domingo, 4 de septiembre de 2011

La ira de Dios.

La vida es a veces indigna e inadmisible. El trabajo de teleoperador te hace sentir como un fracasado, pero si añadimos un cliente clasista insultándote durante cinco minutos podríamos entrar en el terreno de las florituras sobre muñecas sin pálpito. Pero no, hay algo que soluciona todo: el sentido del humor. Porque sabes que la política de seguridad de – ya sabéis para quien trabajo- es una mierda…una voz impostada desde mi móvil, un par de datos personales que tengo en pantalla y de pronto la línea de este cliente se ha dado de baja. Así sin más: con humor. Todo se dilata el fin de semana, y aunque ponga un par de reclamaciones si este personaje que trabaja de comercial no demuestra algo de modales, no podrá recuperarla.
Hay mucho sentido del humor en este mundo, una de mis reglas de oro es no joder a nadie que tenga acceso a mi comida o me la sirva. Y si es mujer menos todavía, cualquier muchacha sin escrúpulos y con la regla puede hacer cosas muy, muy desagradables. Estuve ahí, lo he visto.

Pero no era de eso de lo que quería hablar, bueno realmente no sé de qué quiero hablar, escribo sin más. Mi calle, el barrio entero, esta tomado por los colombianos, inmigrantes varios y sus putas escandalosas, groseras y toscas que gritan en cuanto tienen la excusa del alcohol, son las 03:20. Ellos viven la vida a su manera, es jodido que sea tan ruidosa, que impida a la gente dormir los fines de semana, gente que se enfada, que se ulcera, que pone denuncias mientras los ancianos mueren y dejan sus pisos vacíos para que el guetto se revigorice. Porque ellos siguen follando en los soportales, como perros que orinan en las esquinas marcando su territorio, con las sirenas de policía como banda sonora. Y al menos tenemos eso en común: nos importa todo una mierda.

La puta edad, ya no te ves en un parque haciendo botellón pasando frío mientras cantas canciones de Héroes Del Silencio para luego patearte medio Madrid y buscar el siguiente local gótico abierto. Pero de esa época guardo con cariño las quedadas con X. Era un tipo de que vivía fuera de Madrid y compartía conmigo la afición a desayunar vodka y desbarrar por los chats del irc hispano. Su última relación sentimental era a distancia y se estaba convirtiendo en puro masoquismo por lo imposible y lo frustrante. Tuvimos grandes juergas, sin duda, luego la distancia y las obligaciones fueron espaciando los encuentros. Pero siempre había algún cumpleaños, algún concierto de Iron Maiden, alguna excusa para verse y darse ese abrazo como sino hubieran pasado los meses y fuéramos vecinos de toda la vida.


Ahora, más de diez años después, X vive en Madrid. Me enteré de casualidad, no por él, sino por aquella chica de la que estaba enamorado que también, curiosamente, ha acabado viviendo con su pareja aquí. Quedamos hace unos meses y bueno, fue bastante raro, nos abrazamos, nos reímos, nos emborrachamos y luego nos fuimos todos a casa. No nos hemos vuelto a llamar. Las distancias en Madrid son grandes a todos los niveles, de lunes a viernes trabaja y el fin de semana se va a Salamanca porque allí tiene algo nada romántico. En eso, según él, sí ha cambiado. Sé también que miraba a esa chica como si tuviera algo pendiente pero, y perdonad la metáfora rebuscada, como si hubiera tropezado con los juguetes que extravió en su infancia cuya perdida tanto le hizo llorar y ahora no supiera muy bien que hacer con ellos. Sí, lo he dicho, ella tiene novio, pero hay lazos que no se olvidan.
Pero no, no hemos vuelto a quedar. La vida real nunca tiene conclusiones, solo puntos suspensivos que se extienden durante demasiado tiempo.

Un brindis por ti, de esa combinación que tanto nos gustaba de vodka, martini y algo más...

Historias prohibidas by Extremoduro on Grooveshark