viernes, 11 de noviembre de 2011

Elige un sitio, dibuja una equis y dame un beso antes de dejarme caer

Escanciaba en sueños palabras calientes en huecos imposibles de llenar cuando un dolor oscuro y resentido me ha despertado. El apocalipsis atávico se abrió paso por mi conciencia cuando descubrí que mi entrepierna estaba anormalmente hinchada. La bestia purpura me dolía en toda su plenitud: enorme, venosa, clamando con vigor que la empuñara como un estoque y acabase con esas dolorosas palpitaciones. Pero no era capaz de rozarme sin que el dolor se recrudeciera.

Impresionado por este rebrote de virilidad que apuntaba inalterable hacía delante comprendí en cierta medida porque mis amantes obviaban tan rápidamente mis taras después del sexo. Pero sin ninguna oquedad complaciente cerca esta mezcla de infección y priapismo no era la mejor forma de empezar el día. Fui a la cocina, me coloqué en la zona una bolsa de hielo–que empezó a deshacerse entre volutas de vapor- y mientras me masajeaba distraídamente los huevos comencé a buscar información por internet.

Minutos después apagué el ordenador asustado: balanitis, sífilis… ¡pero era imposible! ¡Hacía más de un año que no me bajaba los pantalones delante de una mujer! Y precisamente hoy, cuando por fin había conseguido quedar con Ana María Del Lupanar, una compañera de trabajo que tras el último fracaso sentimental estaba en ese perfecto estado anímico de falta de autoestima y gran receptividad. Solo necesitaba aderezar la velada con algo de vino y grandes muestras de empatía y por fin podría…
Mierda, tenía que solucionar esto cuanto antes, era el momento de hablar directamente con el culpable, la bestia purpura: Manolín.

Rorschach: A ver Manolín, ¿qué cojones te sucede? Siempre estas incordiando, que si duras poco, que si duras mucho, que si te pones en huelga…
Manolín: Soy un romántico, no me gusta esa chica que vas a ver, prefiero a nuestra ex.
Rorschach: Joder Manolín, que ya tendrías que haber superado eso, lo dejamos hace dos años…
Manolín: Fue una estupidez por tu parte, esa mujer tenía un don con la boca, sabía como tocarme en cada momento, era mi alma gemela. Nunca podré olvidarla.
Rorschach: Te dejas llevar por la nostalgia, recuerda que a veces se quejaba de ti, decía que le hacías daño, apenas pudimos disfrutar de su culo. En serio, tienes que pasar página, por los dos.
Manolín: Puede que tengas razón, pero de todas formas esto no es un antojo mío. Debe de ser consecuencia de aquella juerga de hace un par de semanas en la que te pusiste tan borracho.
Rorschach: ¡¿Cómo?! No fastidies, ¿he follado y no lo recuerdo?
Manolín: Compréndelo, no quería dejarte en mal lugar. Además la chica me gustaba, había mucha ira en ella.
Rorschach: No te pongas en plan Jedi, ¿no usaste condón, qué coño pasó? ¿Cómo vamos a solucionar esto?
Manolín: Ya sabes que los condones me ahogan, además la tía parecía de fiar. Pero eso sí, al médico no voy, paso de que me toque un viejo baboso.
Rorschach: Pero Manolín…
Manolín: Ni Manolín ni ostias, aquí se hace lo que yo diga. De momento consigue más hielo. Luego llamas a esa chica y cancelas todo. Me irrita observar como desgastas tus nudillos llamando a las puertas equivocadas. Localiza a nuestra ex, ya sabes que siempre ha funcionado de oído, y suéltale algunas de tus pamplinas pseudo románticas estilo: “Echo de menos ser inmortal en un presente habitado sólo por ti” Quedamos después con ella y nos la follamos…
Rorschach: Pero Manolín, no te obsesiones, así no podemos follar, es doloroso, además podemos contagiarle algo, ¿no te das cuenta de qué…
Manolín: ¡Qué te calles ya, joder!… ¿tú eres un hombre o una nena llorona? Es una puta pregunta retórica, no abras la boca. Escúchame: el corazón de una mujer se conquista a través de su coño, es una axioma hormonal, si me dejases tomar las decisiones a mí más a menudo las cosas nos irían mucho mejor. Ahora haz esas llamadas y deja de decepcionarme. Del resto me encargo yo...
Rorschach: Está bien, como quieras, me duele demasiado la cabeza para discutir. Hagámoslo a tu manera.
Manolín: “…And not the words of one who kneels. The record shows I took the blows. And did it my way”

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