jueves, 25 de agosto de 2011

Breve pero intenso.

No me lo puedo creer: a punto de besarla, una oportunidad donde el cinismo estaba en terreno desconocido, y de pronto suena esa canción de fondo en esta puta feria olvidada de la mano de dios.

Nota mi duda -como no notarla- y en sus ojos se trasluce mi fracaso, la oportunidad perdida, la lucidez volviendo por sus fueros. Ni siquiera me pregunta que ha pasado, para ella era uno de los momentos, uno de tantos que hay que superar para poder paladear el origen del mundo. Y ahí, en las prostimerías de mi fracaso, noto como ya no hay marcha atrás, miradas esquivas, pezones desmarcando su contorno, la sangre volviendo a su lugar establecido.


Todo se pierde en un instante, instantes que acercan a personas que no tienen nada en común. Sólo encontrarse en un bar a una hora determinada, tener una mirada triste, una copa más, viajar juntos, sonreír en vez de mirar al suelo, comprar una rosa para una amiga, ayudarla su primer día de trabajo, llamar a las cuatro de la mañana y que este despierta. Llamarla otro día y que siga igual de encantadora, compartir una mesa en un restaurante abarrotado, un gesto protector, proyectos. Sueños inconexos que se comparten, química desbordándose en una noche de verano, inercias, conexión, ¿Cuántas veces lo sientes y lo dejas marchar?


Tampoco es tan importante, hablar, hablar, hablar. Cualquier mendigo existencial que ha resistido el paso del tiempo tiene una base de vivencias susceptible de aguantar unas horas de conversación. Solo somos datos, datos, datos. Pero, ¿y cuándo se produce el contacto? ese juego genético de expresión corporal -todos lo hemos notado-, esas miradas largas y brillantes sin palabras, ese cogerte del brazo casi accidentalmente, o acariciarte la nunca mientras te susurra alguna confidencia al oído, caza y seducción, caramelizando las palabras, vendiendo algo inasible en realidad, pero con esa sutil invitación a la intimidad trasluciéndose de fondo.


Entonces, por primera vez en la vida, me sublevo contra la fatalidad de mi destino y la beso de improviso.

El bofetón me saca de dudas: estos mojitos están jodiendo mi percepción de la realidad.

mi suerte by Vetusta Morla [aticus] on Grooveshark