miércoles, 11 de mayo de 2011

El frío, esa negación simbólica del hogar, provoca rigidez en tus brazos sujetando el volante, en ese pie huérfano que pisa con más fuerza el acelerador.

Escribir no es fácil. Escribir algo que realmente merezca la pena tampoco. Pero hay un momento en que las palabras fluyen, tienes una idea, consigues abstraerte de todo, la imaginación se arremolina en el sentido contrario de las agujas del reloj y tus dedos crean magia. Una magia personal, ineludible. No hablamos de talento, tampoco de sinceridad. Es una cuestión de perspectiva, a ti te agrada y con eso basta, porque a fin de cuentas es como tu propia vida, un adocenamiento colectivo, millones de seres caminando hacia las cámaras de gas, sin saber que hacer con su tiempo mientras tanto. Pero al conseguir plasmar parte de esa individualidad que solo tú sientes/comprendes, alcanzas cierto grado de terapéutica inmortalidad y salir del colectivo y/o conseguir un público.

También es un paliativo. Hay mucha gente depresiva, sola, con problemas sentimentales irresolubles que al compartir y conseguir plasmar sus aflicciones se sienten de alguna manera reconfortados. Y en ese proceso de reconciliación personal piensan: “¿Por qué no lo había intentado antes?”

Divago como siempre, toda esta exposición radica en mi curiosidad por saber de vosotros: ¿escribíais antes? ¿Creéis que escribís bien, que habéis encontrado un estilo propio? ¿Es una afición más o queréis hacer algo relacionado con ello en el futuro? ¿Cuánto pensáis que va a durar vuestro blog sin que os aburráis u os repitáis?

Chicago (Con Vetusta Morla) by Christina Rosenvinge on Grooveshark