miércoles, 30 de agosto de 2017

Literatura Yonki: Diez Libros Sobre Drogas.

El almuerzo desnudo (1959), de William S. Burroughs. La novela narra las correrías y alucinaciones de Lee (alter ego de Burroughs) por Tánger, Estados Unidos, México... y su propia mente, donde transcurren los episodios más delirantes del libro, fruto de las alucinaciones que le provocaban todo tipo de estupefacientes, desde la heroína a la marihuana. Otra de sus confesiones sobre las drogas es Yonqui (1953), su primera novela escrita bajo el pseudónimo William Lee, en la que relata el inicio de su adicción.

Confesiones de un inglés comedor de opio (1822), de Thomas Quincey. Se trata de un estudio biográfico en la que el autor confiesa y explora su propia adicción al opio y los intentos por desengancharse. Describe los sórdidos ambientes de consumo y los efectos psicológicos que produce en sus recuerdos.

Réquiem por un sueño (1978), de Hubert Selby Jr. La novela desarrolla dos historias paralelas, por un lado, una madre obsesionada por adelgazar termina haciéndose dependiente de las anfetaminas recetadas por su médico. Por otro lado su hijo, junto a su pareja y un amigo, se hacen traficantes para ganar dinero fácil, pero terminan enganchados. Todos tienen un final trágico. La adaptación al cine fue dirigida por Darren Aronofsky y protagonizada por Ellen Burstyn, Jared Leto, Jennifer Connelly y Marlon Wayans.

Trainspotting (1993). El debut de Irvine Welsh es el retrato de unos jóvenes yonquis de los suburbios de Edimburgo que buscan refugio en la heroína para escapar de la realidad. También “Cola” tiene algo que ver.

Miedo y asco en las vegas (1971), de Hunter S. Thompson. Este es un caso de un periodista que viaja a Las Vegas con su acompañante y el maletero de un coche a rebosar de drogas. Los excesos de heroína y destrozos que dejan tras su paso son una explícita visión de la contracultura de los años 60 y la búsqueda del sueño americano.

Menos que cero (1985) de Breat Easton Ellis. Una narración en la que un estudiante se sumerge en la élite y glamour de Hollywood caracterizada por un consumo en exceso por parte de una juventud hedonista y desenfrenada.

Diario de un Rebelde (1996) de Jim Carroll, Autobiografía en la que el Caroll repasa sus años de adolescente cuando, para mejorar sus resultados como jugador de baloncesto (de ahí su título original “The Basketball Diaries”), comienza a consumir heroína y entra en un bucle de adicciones que le llevan a robar en comercios, a meterse en peleas callejeras o a ejercer la prostitución.

Campos de fresas (1997) Jordi Sierra y Fabra. Otra historia sobre las drogas de diseño y las discotecas. En ella, una chica que se ha quedado en coma tras tomar éxtasis se debate entre la vida y la muerte en la cama de un hospital, mientras sus amigos tratan de averiguar la composición exacta de la droga para poder salvarla. Novela juvenil bastante discreta, estilo “Historias del Kronen”

Los Niños en la Estación Zoo (1978) Christiane F. La historia se basa en los relatos de la adolescente Christiane que, con trece años de edad, empieza a consumir hachís y LSD, para posteriormente experimentar con la heroína con su novio. Se vuelven adictos, y terminan ejerciendo la prostitución, cometiendo robos, etcétera. La película es bastante conocida, banda sonora David Bowie.

Azul casi transparente (1976) de Ryū Murakami. La novela se centra en un pequeño grupo de jóvenes amigos en la mitad de los años 1970. Viven en una ciudad japonesa donde se encuentra una base aérea estadounidense. La trama de la novela no se separa de una pegajosa cercanía al sexo en grupo, el abuso de drogas, la soledad, las alucinaciones, actos de sadismo y sexo violento y la soledad y la desesperanza que en los jóvenes personajes está todo el tiempo presente.

lunes, 28 de agosto de 2017

The Red Pill: el documental que el feminismo no quiere que veas.

The Red Pill es un documental estadounidense de 2016 dirigido por Cassie Jaye. La película explora el movimiento por los derechos de los hombres, y entrevista a varios líderes y seguidores del movimiento. Jaye, una feminista escéptica, a modo de videoblog inicia un viaje para investigar lo que ella cree que es un grupo de odio, sin embargo descubre que el movimiento no es como se lo esperaba y empieza a cuestionar sus propios puntos de vista sobre el género, el poder y el privilegio. También cubre varios temas relacionados con los hombres: altos niveles de suicidios, accidentes laborales, reclutamiento militar, falta de recursos para las víctimas masculinas de violencia doméstica y violación, divorcios y custodias infantiles, disparidades judiciales, escasez de fondos para los hombres, tolerancia social y misandria.

Del documental, la primera hora solo destacar cuando se habla de los problemas con los derechos de paternidad y custodia que tienen los hombres, y las injusticias que ocurren en los tribunales por pura falta de imparcialidad. Luego empieza la parte interesante, con datos curiosos como el hecho de que Erin Pizzey, la mujer que fundó el primer refugio femenino del mundo en 1971, sea vetada para dar conferencias, o hablar de su experiencia a cargo de esos refugios, solo por afirmar que las mujeres pueden llegar a ser tan violentas como los hombres. Datos de EEUU donde la violencia física en el ámbito doméstico en 2014 afectó a 5.4 millones de hombres y 4.7 millones de mujeres, ¿puede ser por tanto un problema estrictamente femenino? El modelo Duluth, la manipulación del lenguaje “No culpamos a los hombres, pero llamamos al origen del mal patriarcado”, diferentes condenas por los mismos crímenes, dualidad hombre-perpetrador de violencia, mujer-víctima, etcétera…

Al final lo que queda es la sensación de que son temas complejos y es que necesario informarse mucho para ir tejiendo una opinión real y no un dogma de fe. No vale, aunque sea cómodo, colgarte una etiqueta o un –ismo para actuar como un hooligan ideológico. Cuestionar el paradigma oficial no es malo ni peligrosos, para cualquiera debería de ser siempre enriquecedor poner a prueba tus ideas, opinar de forma diferente, dudar, equivocar y, por fin, aprender.

Como colofón añadir la brutal campaña de difamación contra la directora, con todo tipo de acciones para evitar que se pudiera acabar la película, para luego además boicotear todos los actos y proyecciones. No sabía que ahora ser feminista tuviera que ver con el fascismo intelectual. Lamentable. Y repito: criticar no es debilitar; quizás si se permitiera más crítica constructiva algunas –y algunos-, no darían tanta vergüenza ajena cada vez que abren la boca para soltar como loros las cuatro cosas mal leídas por internet.

Por si alguien le interesa, está en inglés con subtítulos:
Versión de menos resolución:

“No soy una activista. Soy una directora de cine. Una periodista. Pero yo era una feminista antes y con esta película se me cayó esta etiqueta. Sigo apoyando los derechos de la mujer, el empoderamiento de las niñas. Pero ya no tengo ninguna etiqueta”, insistió. El título “The red pill” (La píldora roja) hace referencia a la película “Matrix”, cuando el protagonista tiene que elegir entre tomar una píldora azul y seguir viviendo en el mundo de 'Alicia y las fantasías', o la píldora roja y afrontar la realidad. La autora escogió la roja.

sábado, 26 de agosto de 2017

Apostilla sobre la traducción de “La Montaña Mágica” de Isabel García Adánez.

El libro de Thomas Mann “La montaña mágica” es muy recomendable, aunque sería justo también advertir que tienes que tener cierto bagaje cultural y entender qué intenta el autor con su obra para abarcar sus casi mil páginas sin desaliento. El propio autor la calificó de novela del tiempo, pero también se dedican muchas páginas a discutir sobre filosofía, la metafísica, el arte (muy especialmente la música), la política y los condicionantes sociales de la burguesía.

La primera traducción de la obra al español fue la realizada por el escritor Mario Verdaguer en 1934 para la editorial Apolo. Esta versión fue reeditada en muchas ocasiones y se difundió ampliamente por todos los países de lengua española. En 2005 se publicó una nueva traducción, a cargo de Isabel García Adánez, en la editorial Edhasa. Aunque reconoce la mayor facilidad de lectura de la nueva traducción para el lector moderno (al mismo tiempo que pormenoriza las omisiones en la traducción de Verdaguer), la germano hablante crítica literaria y profesora Claudia Kalász pone en duda si la tarea del traductor es traer el «autor al lenguaje del lector» y no el contrario.

Esto sucede también en muchos otros libros, en mayor o menor medida, como en la edición de Don Quijote de la Mancha de Andrés Trapiello, donde moderniza totalmente el lenguaje tomándose muchísimas licencias, o la edición española de los Ensayos de Michel de Montaigne, donde añaden párrafos y correcciones que no están ni siquiera en la última edición francesa. Supongo que siempre existirá el debate entre los puristas de la obra original y los que apoyan este tipo de atajos para atraer nuevos lectores. Por desgracia parece que hoy en día el único medio para ello es “suavizar” la obra, adaptarla a un lenguaje más asequible. Qué mejor retrato de la época actual que su servidumbre a la mediocridad.

Pero a lo que iba y me parece más importante: estaba yo tan feliz leyendo esa nueva traducción de Isabel García Adánez, tan glorificada y hecha a medida para los nuevos lectores, cuando a la mitad del libro me encuentro con un diálogo de diez páginas entre el protagonista y Clawdia Chauchat, conversación importantísima y que el lector lleva esperando desde varios capítulos atrás totalmente en francés, sin ningún nota a pie de página con la traducción. A pesar de que la traductora da por hecho que todos debemos de saber francés, he de fustigarme públicamente y reconocer que no es mi caso, por lo cual he tenido que conseguir la versión de Mario Verdaguer, que además de tener todo ese diálogo traducido cuenta con una pequeña introducción sobre Thomas Mann, y la transcripción de una charla que dio el propio autor sobre su libro en la universidad de Princeton en 1939.

En resumidas cuentas, si os gusta leer empezad a prestar atención también sobre quien es el traductor y las diversas ediciones del libro, porque si ya en poesía es demoledor ver como los traductores son incapaces de dejar su ego a un lado, en las novelas, incluso clásicas, parece que siguen junto a los editores con esa manía irredenta de marcar diferencias, dejar su marca, aunque sea en detrimento del producto final y, por supuesto, de los lectores.

viernes, 25 de agosto de 2017

Reseña: ‘Cartero’, de Charles Bukowski (1971)

Hablar de Charles Bukowski es hablar del movimiento literario estadounidense “realismo sucio” que surgió en la década de los 70 y que se caracteriza por representar fielmente la realidad —sobre todo en contextos urbanos—, y por no escatimar en las descripciones de los aspectos humanos más sórdidos; hay un cierto minimalismo y parquedad en las descripciones, el adverbio y la adjetivación quedan reducidos al mínimo, todo queda enfocado al diálogo y a la presentación de personajes decadentes y sin futuro. Como se ve poca o ninguna relación tiene con la generación beat, más allá de que también eran americanos, y que nació y murió con Allen Ginsberg, Jack Kerouac (1957) y Burroughs.

Cartero se publicó en 1971 y nos relata, a través del álter ego Henry Chinaski, sus vivencias lo largo de casi dos décadas de vida, desde 1952 cuando comienza a trabajar como cartero, hasta su renuncia definitiva en 1969. Lo interesante de este libro no es solo la parte autobiográfica, o el estilo en primera persona honesto y visceral, sino también la crítica brutal al sueño americano, como levanta las alfombras y señala el alienamiento de los trabajadores, el sadismo de los jefes, el fracaso de las relaciones humanas, el lugar cosificado y limitado de la mujer en la década de los cincuenta. Esto lo seguirá haciendo en su poesía y en sus siguientes novelas “Factotum” y “Mujeres”, pero aquí lo hace con más… humor, de forma más irreverente, fresca, con capítulos mucho más cortos y directos. Supongo que también me gusta porque es una etapa de su vida muy interesante, desde la convivencia con Jane, el amor de su vida, cuando está a punto de morir por una ulcera sangrante causada por su alcoholismo con solo treinta seis años, como sobrevive y empieza su obsesión por los hipódromos  las apuestas, pero también cómo después de diez años de sequía vuelve a escribir, no solo relatos, sino poesía, que es lo que al final le hará famoso, al menos en Estados Unidos. Convierte la resaca y la decadencia en arte, resulta casi hiriente esa tosca zafiedad con la que muestra el mundo. Hay quien dice que usa un lenguaje simple, llano, sin segundas lecturas. Pero se olvidan de que pocos habían hablado hasta entonces de esos temas con tanta lucidez y nitidez, y que su revolución poética continúa hoy en día. Para mí su catarsis literaria es análoga a otras rupturas literarias, como la de Emily Brontë con “Cumbres borrascosas” en plena época victoriana. Hay que entender y valorar las obras literarias en su contexto temporal, no hacerse el intelectual y mostrar prejuicios que solo retratan la propia ignorancia.

La novela termina… y sí, esto es un SPOILER, aunque realmente poco importante…. con su propia génesis: John Martin un admirador de la poesía de Bukowski monta una editorial y le ofrece un cheque de cien dólares mensuales de por vida para que deje su trabajo de cartero y pueda así escribir a tiempo completo. Bukowski se lo piensa durante un par de semanas y finalmente acepta. Después de presentar su dimisión y dar una fiesta brutal de tres días con todos sus amigos se levanta resacoso, se da una ducha y se sienta delante del teclado. De pronto le invade el nerviosismo, está asustado. ¿Y si acaba de cometer una locura, y si no vende suficiente, y si la editorial de John se va a pique y el cheque desaparece, que hará él después, con cincuenta años, de qué va a vivir? Tiene que pasar una pensión a su hija, la poesía apenas da dinero. Mientras piensa en ello su casero le deja una bolsa con fruta y huevos en la puerta. Parece que no es el único que está preocupado.

Entonces una idea se le cruza por la cabeza. Sonríe, se sirve una copa de vino barato y empieza a escribir. Tres semanas después llama a John y le pide que pase por su casa. Cuando llega le entrega el manuscrito de una novela y le dice: “Adelante, publícala, las novelas suelen dar más dinero que la poesía, vamos a intentarlo.”

Un año después se publicó y fue un éxito absoluto. Bukowski, después de vivir en la indigencia durante décadas, a los cincuenta y un años empezaba a acariciar el éxito...

Reseñas de otras novelas de Charles Bukowski:
Cartero (1971)
Factótum (1975)
Mujeres (1978)
Hollywood (1989)