lunes, 28 de agosto de 2017

The Red Pill: el documental que el feminismo no quiere que veas.

The Red Pill es un documental estadounidense de 2016 dirigido por Cassie Jaye. La película explora el movimiento por los derechos de los hombres, y entrevista a varios líderes y seguidores del movimiento. Jaye, una feminista escéptica, a modo de videoblog inicia un viaje para investigar lo que ella cree que es un grupo de odio, sin embargo descubre que el movimiento no es como se lo esperaba y empieza a cuestionar sus propios puntos de vista sobre el género, el poder y el privilegio. También cubre varios temas relacionados con los hombres: altos niveles de suicidios, accidentes laborales, reclutamiento militar, falta de recursos para las víctimas masculinas de violencia doméstica y violación, divorcios y custodias infantiles, disparidades judiciales, escasez de fondos para los hombres, tolerancia social y misandria.

Del documental, la primera hora solo destacar cuando se habla de los problemas con los derechos de paternidad y custodia que tienen los hombres, y las injusticias que ocurren en los tribunales por pura falta de imparcialidad. Luego empieza la parte interesante, con datos curiosos como el hecho de que Erin Pizzey, la mujer que fundó el primer refugio femenino del mundo en 1971, sea vetada para dar conferencias, o hablar de su experiencia a cargo de esos refugios, solo por afirmar que las mujeres pueden llegar a ser tan violentas como los hombres. Datos de EEUU donde la violencia física en el ámbito doméstico en 2014 afectó a 5.4 millones de hombres y 4.7 millones de mujeres, ¿puede ser por tanto un problema estrictamente femenino? El modelo Duluth, la manipulación del lenguaje “No culpamos a los hombres, pero llamamos al origen del mal patriarcado”, diferentes condenas por los mismos crímenes, dualidad hombre-perpetrador de violencia, mujer-víctima, etcétera…

Al final lo que queda es la sensación de que son temas complejos y es que necesario informarse mucho para ir tejiendo una opinión real y no un dogma de fe. No vale, aunque sea cómodo, colgarte una etiqueta o un –ismo para actuar como un hooligan ideológico. Cuestionar el paradigma oficial no es malo ni peligrosos, para cualquiera debería de ser siempre enriquecedor poner a prueba tus ideas, opinar de forma diferente, dudar, equivocar y, por fin, aprender.

Como colofón añadir la brutal campaña de difamación contra la directora, con todo tipo de acciones para evitar que se pudiera acabar la película, para luego además boicotear todos los actos y proyecciones. No sabía que ahora ser feminista tuviera que ver con el fascismo intelectual. Lamentable. Y repito: criticar no es debilitar; quizás si se permitiera más crítica constructiva algunas –y algunos-, no darían tanta vergüenza ajena cada vez que abren la boca para soltar como loros las cuatro cosas mal leídas por internet.

Por si alguien le interesa, está en inglés con subtítulos:
Versión de menos resolución:

“No soy una activista. Soy una directora de cine. Una periodista. Pero yo era una feminista antes y con esta película se me cayó esta etiqueta. Sigo apoyando los derechos de la mujer, el empoderamiento de las niñas. Pero ya no tengo ninguna etiqueta”, insistió. El título “The red pill” (La píldora roja) hace referencia a la película “Matrix”, cuando el protagonista tiene que elegir entre tomar una píldora azul y seguir viviendo en el mundo de 'Alicia y las fantasías', o la píldora roja y afrontar la realidad. La autora escogió la roja.