miércoles, 13 de junio de 2018

William Carlos Williams - Antología Poética

          El año pasado vi la película «Paterson» de Jim Jarmusch y me encantó. En ella se evoca y homenajea al poeta William Carlos Williams (1883-1963) mimetizándose con la sencillez y cotidianidad de su poesía, al contar magistralmente la vida de un conductor de autobús que escribe sus poemas cada día en una libreta, al hilo de lo que escucha y ve mientras trabaja. William Carlos Williams llevó durante toda siempre una doble vida: por el día era médico en el Hospital General de Paterson, a sólo unos kilómetros de Rutherford, su pueblo natal, en el que residía, y por las noches se dedicaba a escribir poesía. Williams publicó sin fortuna sus dos primeros poemarios en 1909 y 1913, a los que siguieron otros libros, pero, para su desesperación, no empezó a ser reconocido hasta 1950, cuando recibió el National Book por la tercera entrega de Paterson. Esta obra de cinco volúmenes escrita entre 1946 y 1958, es una epopeya poética en la que va escribiendo poemas, notas, cartas y documentos en una especie de poliédrico e íntimo cuaderno de bitácora, escrito con la simplicidad, naturalidad, coloquialismo, buen oído y plasticidad que caracterizó la madurez del poeta, también cuentista, novelista y dramaturgo.

La muy injusta y tardía fama de Williams ha sido enmendada por la posteridad y hoy es reconocido como uno de los herederos de Emily Dickinson y, sobre todo, Walt Whitman, escritor del que prolongó la búsqueda de formas poéticas que no tenían por qué estar atentas a las normas canónicas de la métrica y la rima, sino a ser capaces de contener una musicalidad, un ritmo, una coloración y una narratividad independientes y propias. “Ninguna derrota es enteramente una derrota, pues/ el mundo que abre es siempre un sitio/ hasta entonces/ insospechado”, escribe en El descenso, uno de sus poemas más citados.

"No hay ideas sino en las cosas". Williams repitió y aplicó cuanto pudo esa consigna. Fiel a ella, su obra huye de las grandes abstracciones para ahondar en lo concreto y encontrar la poesía lejos de lo poético. "Objetivismo" es la etiqueta que él mismo puso a su trabajo. Fue un maestro del coloquialismo, del verso libre, de la mundanidad estética, por eso no es raro que se le considere el maestro del realismo de Robert Lowell, Carver o Bukowski. "Alguien muere cada cuatro minutos / en el estado de Nueva York... / Al carajo contigo y con tu poesía... / Te pudrirás y esfumarás / en el próximo sistema solar / junto con el resto de los gases... / ¿Qué carajo sabes tú al respecto?". La peculiar inmediatez de su poesía se paladea mejor en pequeños tragos. Y una de tantas miniaturas que no se olvidan es esa “carretilla roja” (cuyos sencillos ocho versos difundió por todo el mundo la cadena de librerías Waterstone’s cuando decidió estamparlos en sus bolsas de plástico) y que nos recuerda el gusto del poeta por la energía evocadora de las descripciones: “Cuánto depende / de una // carretilla / roja / esmaltada con / gotas de lluvia // junto a las gallinas / blancas”.          

Esto es solo para decirte

que me he comido
las ciruelas
que estaban
en la nevera

y que tal vez
guardaras
para el desayuno

Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías.

8 comentarios:

  1. Paterson (Adam Drive) vive en la ciudad de Paterson, New Jersey, es un gran aficionado a la poesía de
    William Carlos Williams, un poeta que vivió también en la ciudad de Paterson. Su vida es rutinaria, se
    despierta cada día sin necesidad de despertador, da un beso a su mujer, Laura (Golshifteh Farahani),
    desayuna cereales, trabaja conduciendo un autobús en el que escucha las conversaciones de los
    pasajeros, regresa a casa para cenar, saca a pasear a su perro, y termina la jornada tomando una cerveza
    en el mismo bar todas las noches. Además de eso, en sus ratos libres, Paterson escribe poemas en su
    libreta.

    “Paterson” es un canto a la poesía y a la vida. No a la poesía académica, grandilocuente o elitista, sino a
    la lírica, la belleza, la poesía que se encierra en las cosas cotidianas, aquella que solo quienes tienen
    alma de poeta pueden percibir. A la pureza de las cosas. Más que eso: a mirar las cosas con pureza. Con
    la actitud poética adecuada, tu mujer puede ser una princesa, un rutinario viaje en autobús puede
    convertirse en una maravillosa aventura, los versos torpes de una niña pueden ser un primoroso poema.
    Lo que para unos puede ser feo, aburrido o lánguido, alguien como Paterson lo encuentra interesante,
    armónico, bello, con la belleza de la sencillez y la ilusión de la ingenuidad.
    Paterson ama a Laura, una mujer infantil, voluble, soñadora, que se pasa el día diseñando cosas en
    blanco y negro, pintando, inventando recetas, que tan pronto quiere montar un negocio de cupcakes como
    ser cantante de country. Dominante, habladora, impredecible, sacaría de quicio a casi cualquier hombre,
    pero a Paterson no. El la ama, la idolatra, la apoya incondicionalmente en sus caprichos por absurdos que
    sean.

    La repetida rutina diaria de Paterson no es un problema para él. Despertar cada día al lado de su amada
    es una bendición, no un problema. Conducir cada día el autobús no es un problema sino una oportunidad
    de escuchar nuevas e interesantes conversaciones. Volver a casa o ir cada noche al bar son siempre
    situaciones abiertas a la sorpresa. Y por si esto fuera poco, Paterson no solo disfruta de su coreografiada
    vida, sino que tiene algo más, algo muy importante, su libreta.

    Con su bolígrafo y su libreta, las limitaciones de su mundo cuadriculado desaparecen. La vida no es un
    cúmulo de obligaciones sino una fuente inagotable de inspiración, desde una simple caja de cerillas hasta
    la más grande historia de amor, las posibilidades son inabarcables. Solo hay algo mejor que un cuaderno
    lleno de poemas: uno en blanco, con todos los poemas posibles por ser escritos.

    Y es que esta película es una carta de amor a la vida. Paterson no usa smartphones ni ordenadores,
    escribe a mano, prefiere el contacto físico al virtual, es un enamorado de las cosas simples y es feliz
    simplemente con tener al lado a Laura, como el poeta Petrarca. Si, definitivamente Jarmusch, con su
    habitual estilo minimalista, nos regala una carta de amor a la vida, un disparo de utopía humana repleto de
    sensibilidad artística que nos recuerda que la vida debería ser algo de lo que disfrutar cada minuto.


    La reseña completa de la película: https://keizzine.wordpress.com/2016/12/04/paterson/

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  2. Respuestas
    1. Vaya, qué curioso. Aunque usted ha viajado por medio mundo xD No me extrañaría que haya visitado más lugares de cierto pedigrí literario ;)
      Gracias por pasarse por aquí, un abrazo.

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  3. Interesante entrada. Cuando pueda comento. Ando liado con prosaicos temas... ;)

    Voy a tener que decidir cómo me gustas más: si en plan decadente o en plan comentarista-de-joyas-que-me-voy-encontrando-por-el-camino.

    En cualquier caso, siempre un placer leerte.

    Un abrazo fuerte, maestro.

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    1. Me tendrás que perdonar (tú y los demás) si contesto los comentarios un poco tarde, Blogger lleva unas semanas que no me envía notificaciones cada vez que tengo uno y tengo que visualizar directamente la entrada para ver si alguien ha dejado alguno.
      Lo de ser decadente mola mucho, porque normalmente la vida, los diálogos, las historias, son un poco aburridas, les falta intensidad, demasiado prosaicas, vulgares -incluso si tú eres el protagonista-. Meter el matiz decadente provoca que una relación se transforme en Cumbres Borrascosas. Lo malo es la resaca. Como decía Rilke "Si me deshago de mis demonios, perdería a mis ángeles”, refiriéndose a su escritura. Creo que me sucede eso, por lo cual me temo que vas a ver más reseñas, que son sencillas de realizar, que textos bukowskianos xD La bebida era un revivificante. Las mujeres también. Ahora me dedico a jugar por las noches y a intentar sobrevivir a la apatía. Me gusta quejarme.
      Un placer tenerte por aquí, espero que des una oportunidad al poeta, tiene un punto, en el fondo las reseñas van de eso, de animarte a leer al autor. Un abrazo fuerte también para ti. Leo tu blog en las sombras, pero como me dijiste que eras tímido y preferías estar sin comentarios…

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  4. Interesantes tweets. Por perlas así, igual tengo que replantear mis opiniones respecto al invento. Oye, aplícate el cuento. Escribir como si se te estuvieran quemando los pelos y tus letras fueran extintor...

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    1. Precisamente sobre Twitter acabo de escribir una entrada, a lo mejor te interesa, aunque más parece una advertencia para que no te acerques a esa red social xD Me he levantado algo decadente, será la falta de sueño. En lo de escribir, no sé, estoy pasando por una crisis, si hiciera caso a Rilke: "Ante todo: pregúntese en la hora más silenciosa de su noche “¿debo escribir?” Excave en sí mismo en busca de una respuesta. Y si es afirmativa, si usted sale del encuentro con esa pregunta con una afirmación firme y sencilla, entonces construya su vida conforme a esta necesidad", me tendría que dedicar a otras cosas, porque yo no tengo esa necesidad dentro de mí, más allá de escribir algo aquí de vez en cuando o en un diario que tengo. De profesión diletante xD
      ¡Un saludo!

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    2. Jajaja. Mejor diletante que procrastinador, que es mi caso. Soy un hacha en esos menesteres. Pero me sorprendes. ¿De verdad no responderías que sí a la pregunta de Rilke? A ver si anticipas el coscorrón y para evitarlo vas con la venda puesta. Yo creo que en ciertas tareas no puede existir eso del fracaso; simplemente intentarlo me parece un éxito del carajo, y tú ya has hecho tus pinitos.
      En cualquier caso es un tema muy personal, y yo soy muy pesado.

      Volveré en otro rato. Sigo con temas muy aburridos entre manos... procrastinando, claro. Este mensaje es un claro ejemplo... Pufff. La decadencia se pega jajaja.

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