
Julio Ramón Ribeyro
explora nuevas formas de representar una realidad que se percibe como
irremediablemente fragmentada. Su estilo, elegante y preciso, y su ironía y
amarga lucidez dotan de unidad a estas páginas que captan la condición del
hombre moderno en toda su profundidad.
“La única manera de
continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso
el arco, apuntando hacia el futuro”
“La carta que aguardamos
con más impaciencia es la que nunca llega. No hacemos otra cosa en nuestra vida
que esperarla. Y no nos llega, no porque se haya extraviado o destruido, sino
sencillamente porque nunca fue escrita”
“El artista de genio no
cambia la realidad, lo que cambia es nuestra mirada. La realidad sigue siendo
la misma, pero la vemos a través de su obra, es decir, de una lente distinta.
Esta lente nos permite acceder a grados de complejidad, de sentido, de sutileza
o de esplendor que estaban allí, en la realidad, pero que nosotros no habíamos
visto. El arte solo se alimenta de aquello que sigue vibrando en nuestra
memoria.”
“Se reprocha a los
escritores su inclinación a tratar temas sombríos, tristes, dramáticos, sórdidos
y nunca o casi nunca temas felices. No creo que ello sea fruto de una
preferencia, sino imposibilidad de sortear un escollo. Ocurre que la felicidad
es indescriptible, no se puede declinar la felicidad. Donde empieza la
felicidad, el happy end, empieza el
silencio.”
“Comprendí entonces que
escribir, más que transmitir un conocimiento, es acceder a un conocimiento. El
acto de escribir nos permite aprehender una realidad que hasta el momento se
nos presentaba en forma incompleta, velada, fugitiva o caótica. Muchas cosas
las conocemos o las comprendemos solo cuando las escribimos. Porque escribir es
escrutar en nosotros mismos y en el mundo con un instrumento mucho más riguroso
que el pensamiento invisible: el pensamiento gráfico, visual, reversible,
implacable de los signos alfabéticos."
No hay comentarios:
Publicar un comentario