jueves, 7 de septiembre de 2017

El secesionismo catalán.

            Cualquiera que esté informado sabe que esto viene de lejos, y por señalar algún detonante podríamos recordar a Zapatero y su Estatut de Cataluña; apareció el PP necesitado de votos, lo llevó al TC y este, después de varios años de deliberación, recortó catorce artículos, sometiendo a interpretación otros veintisiete (indicando que el término “nación” no tiene validez jurídica, y quitando competencias fiscales, dado que una de las cosas que querían era tener Poder Judicial autónomo). Luego llegó Artur Mas pidiendo un concierto fiscal al estilo País Vasco, y Rajoy tampoco cedió en esto. Mientras tanto la trama Pujol y del 3% se ha judicializado y Cataluña arrasa en el FLA: el Gobierno le ha prestado 58.116 millones desde 2012. El 'rescate' de la región copa el 30% del dinero inyectado por Hacienda en las autonomías en cinco años. Al final todo se trata de dinero, y de poder juzgar a sus propios corruptos, con la vista puesta en algún indulto circunstancial.

            Ayer sucedió otro episodio de esperpento, que no llega ni siquiera a revolución palaciega –no en vano se lleva avisando durante año y medio-, y en que la mayoría está más preocupado de copar su minuto de gloria en telediarios, de hacerse el selfie para sus redes sociales, de sacar la frase de Twitter para reivindicar su papel, aun de secundario, en esta magna tragicomedia. Hoy el Tribunal Constitucional invalidará la ley, y el lunes, 11 de septiembre, la Diada, será un buen momento para salir a la calle a denunciar la actitud fascista del Estado, ya que es la participación el verdadero talón de Aquiles de toda esta patochada. Luego llegará el 1 de octubre, habrá urnas y votos, pero el referéndum no se podrá realizar. Y así llegaremos a otras elecciones anticipadas donde presumiblemente el señor Junqueras será el próximo President de la Generalitat.

Lleva hablando de esto Iñaki Gabilondo con tono alarmista desde hace un par de años. Y dentro de la sobriedad de sus argumentos creo que falla algo crucial: el carácter de los españoles. Cada región tiene sus pequeñas idiosincrasias pero no somos un país serio. Los catalanes por permitir gobernar durante décadas a CIU, ideológicamente derecha conservadora, neoliberal, sufriendo el mismo tipo de corrupción del PP con Pujol y su mafia del 3%. Ahora, con los tribunales sobre ellos, y cuando nunca han sido independentistas, en 2016 se cambian las siglas -ahora se llaman Partido Demócrata Europeo Catalán ​(PDeCAT)- para poder polarizar más la opinión pública y que no se hable de su gestión política. Eres independentista, me parece muy bien, ¿puedes cuestionar más cosas aparte de tu lugar en España, puedes fiscalizar también la gestión de tus políticos, puedes ser crítico con ellos? Al parecer no. Supongo que es una falla de los nacionalismos: son reduccionistas, acríticos, dogmáticos. Pero claro, al resto no nos va mucho mejor: el PP ha ganado las elecciones generales, ha demostrado que aquí no hay ansias de cambio, que nos pueden ningunear, mentir y robar sin coste político. Solo necesitan polarizar y que solo se hable de una cosa, ¿Gürtel, comisiones de investigación, declaraciones del testaferro de Ignacio González? Aburrido, menudencias.

¿Qué va a suceder después del 1 de octubre? Nada. Cambio de poltronas en el Parlament, más declaraciones inopinadas, más equilibrio de debilidades. Los catalanes seguirán sin saber dónde han ido esos 60.000 millones del FLA, seguirán con la zanahoria independentista mientras una parte importante de sus vidas, el precio del alquiler, convenios, servicios públicos, sanidad, educación, peajes, etcétera, sigue sin mejorar. En este país cateto, cainita, esclavo de su propia apatía e ignorancia, ni siquiera es necesario recurrir al gatopardismo, aquello de "cambiar todo para que nada cambie”. Ahora más que nunca sigue vigente esa dura reflexión de Unamuno referida a España: "¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!".