jueves, 21 de febrero de 2013

Ophelia (IV)

No hay una gran explicación, un día te levantas y algo te empuja hacía él, quizás crees que el amor salva -un concepto anticuado-, o quizás sea la necesidad de cariño y la soledad; en cualquier caso has encontrado un significado –químico- a la inercia de tus días. La lucidez se escapa, y tu dañada mente cubre con la obsesión de un tiempo infinito el altar de su licenciosa carne.

No puedes huir a pesar del daño prospectivo, aunque ya le ves alejándose como un sueño, el fatalismo encogiéndote el estómago.

Pero así funcionan las cosas, no suele haber permutación de roles, el amor es una cacofonía con sus propias reglas, el objeto de deseo se aburre de su carga y el amante de su maldición; como decía Nietzsche: “Sin crueldad no hay fiesta”, nos metemos en el fango de esa lucha famélica con una sonrisa obtusa, pensando que quizás la felicidad no es un sentimiento, solo el recuerdo de su antesala.

Y entonces me deprimo -el coro de cuervos sigue golpeando el abismo de mi cerebro.
¡Ven ángel de amor! te espero aquí, con las persianas bajadas, el silencio frío y desangelado, hecha un ovillo de desnudez, un círculo de carne abierto e indefenso. Haz que el amor sea dolorosamente real, ahógame en este lecho de cenizas lleno de miedo, destroza todos mis espejos muertos, no me ames con palabras, ámame con tu fricción vocacional.

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Masturbándome en el baño con la luz apagada

¡Viólame!
¡Fuérzame!
¡Abusa de mi cuerpo¡
                                  [Solo soy una puta
                                                        con el clítoris inflamado]
Sodomízame con violencia
golpea mis pechos
redúceme a carne
hazme sentir
algo
no quiero romanticismos
                                  [¿Qué es eso?]
además, ¿no ves que estoy muerta?
toca mis manos heladas
                                  [Sueño a veces que se caen
                                                                   como cenizas de escarcha]
agarra mi cuello
déjame vislumbrar el final en tus manos
sigue hasta que mi carne se libere
del yugo de mi conciencia
unos breves momentos de
desasimiento
antes del orgasmo.

Luego
cuando mi coño llore
tu baba blanca
déjame sola.
                                 [Y no olvides tirar de la cadena
                                                                       antes de irte]

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