viernes, 9 de marzo de 2012

Chorradas de un alcohólico que se siente solo.

Hoy me siento triste. Coincide con unos de mis días para escribir. Solo escribo, por razones de diversa índole, de martes a jueves. Soledad, tétanos y vino con el sabor a sangre ceniza del Shangri-La que se divisa al final de cada botella. Humor de fracasado, no espero que lo entendáis.
La gente aplaude, ríe, se inclina ante un becerro de oro de convencionalismos sociales, yo sigo masturbando la Herida/Rayuela rodeado de confetis de condones, yonqui de una decadencia que me impide olvidar su número.

Recuerdo a mis mujeres, como una bolsa de plástico de supermercado, buscando algo de viento para convertirse en nube. Así era mi amor por ti. Descubriste la caja donde escondía las últimas reservas de romanticismo y te cebaste con ella, un mero divertimento de niña caprichosa. Siempre serás el mar como perfecto preludio del primer beso, aunque las canciones que anclaste a tu recuerdo me ataquen a traición y humedezcan mi alma. Mi niña caprichosa, te amé, me cuesta reconocerlo, incluso ahora. Y por eso te odio. Pero solo un ratito. Eres tan especial que intento siempre eludirte porque la luz de tu recuerdo siempre me hace daño. Ojala leas esto. Y luego lo olvides. Solo tiene importancia cuando es correspondido. Lo sé. Aprendí esa lección...mi querida Amélie catalana.

También te recuerdo a ti, entiendo ahora, quizá demasiado tarde, que cuanto más fuerte era tu portazo, más intenso era tu amor. Una vez me echaste en cara que nunca te dediqué ninguna poesía. Y tienes razón, me acostumbraste demasiado mal, no me costó encontrar tu amor, tu dedicación, tu forma de aceptarme. Ahora ando perdido, incapaz de entender que las cosas no sean más fáciles y rápidas, que las demás no vean lo que tú viste inmediatamente. Echo de menos tu inteligencia, tu ingenio, tu fuerza. A veces tengo deseos de bajar a la calle, llamar a tu puerta y abrazarte. Y pedirte perdón, y violar tus labios. Pero mereces que no sea egoísta y te deje en paz, que me olvides. Haz tu vida, cree en el amor, busca el brillo y las mariposas. Quizá yo también vuelva a tener suerte, y si no es así, maldita sea, no hay conmiseración, lo tendré merecido. Aun sigues siendo la medida con la que estimo al resto de mujeres. Fui un ingrato. Lo siento. Tus amantes me envidian y yo envidio su tiempo. Cosas de la vida.

Luego estás tú, una simple puta. Te incluyo sin merecerlo como un adolescente al que han tomado un pelo y tarda demasiado en entenderlo. Me querías ladrándote los tobillos, y estuve así mucho tiempo. Eres tan estúpida y limitada, tan mezquina en tus mentiras, un trozo de carne incapaz ya de cambiar. Te maldigo con látex roto y moralina de vida fracasada. Te deseo lo peor. Y a su vez te doy las gracias por no darme una oportunidad. Tu sola existencia me hace entender la suerte que he tenido conociendo a otras mujeres. Tu sola ausencia ya es una virtud, como el hueco que deja un cáncer cuando lo amputan.

Y por último tú, mi dulce sumisa, sin juegos en común, como si hubiéramos comenzado en la casilla equivocada. Te llamaría ahora para decirte obscenidades al oído, pero sin romanticismo me siento extraño, quiero amar, quiero existir fuera de mi piel y sentir ese algo indefectible, sentir como mi confianza se transforma en afinidad a pesar de los lugares comunes de mis palabras, gastadas ya por el tiempo.

Pero conozco la sensación, estuve ahí, no fue solo mi imaginación. Empiezas a hablar y de pronto han pasado seis, siete horas, y no entiendes nada. No es solo simple química, es un paso más allá, es como si esa persona al otro lado del teléfono te conociera mucho mejor que tus padres, tu vecino o ese alguien con quien llevas conviviendo más de cinco años. Y sonríes, lloras, te lamentas. Y escribes su nombre en vapor de cristal como si tuvieras doce años y hubieras descubierto el amor por primera vez en la nuca de una compañera de clase.

Así funciona. Nada racional. No abres tu libreta y empieza a apuntar cosas en favor y en contra. Lo hice con mi ex, y el solo hecho de hacerlo me dio la respuesta. Es una putada, porque si pudiéramos elegir en quien depositar eso seriamos felices. Y Schopenhauer, la edad, el sexo, el cinismo, la soledad de una vida vacía, la racionalización…al final nada de eso importa. No es magia, pero hay algo inexplicable que te impulsa a ir en contra de ti mismo, algo que te hace sacar billetes de avión para otro país, algo que te hace besar a quien no tiene nada que ver contigo. De pronto dices “te quiero” y no es un formalismo. Lo sientes. Y sientes el miedo. Porque te pueden hacer mucho daño. Pero mientras tanto, da igual. Y no lo entiendes. Y quizás por eso, porque te dejas llevar, consigues algo que buscas inconscientemente sin darte cuenta.

Y cuando es correspondido, bueno…solo por eso merece la pena vivir. Cada segundo. Nunca lo dudes.

Enjoy The Silence (Depeche Mode cover) by Squealer on Grooveshark