viernes, 17 de enero de 2014

El orgasmo es carne saturada de pensamiento.

Escribir es caminar en círculos dentro de uno mismo, acosado por esas preguntas que a veces llevan a una botella y otras a la soga en la viga. Mi sangre gime, hogueras agolpándose en los túneles vacíos de mi corazón itifálico. Leonard Cohen canta su visión del mundo. La gente se convierte en flores siempre demasiado tarde. Prefiero tentar el presente, agitar los cadáveres de frases inconclusas, vender mi ego a tu coño único e inmortal.

Escribir es el lirismo boxeando contra el nihilismo y la locura que nos entumecen. Quiero follarte. Destruirme por completo en tu infección. Desvalijar tu cuerpo. Inmolarme en tu boca. Convertir todas las noches en parpadeos sin memoria. Poseerte con dureza hasta secar todo el horror y el cansancio que ese ruido llamado vida ha dejado en mí. Por eso ven, tiende un puente de saliva entre mi polla y tus labios. Todo es magnifico cuando hay alcohol y malas decisiones.

Escribir es verbalizar nuestro caos, convertir nuestra cárcel en hogar. Te regalo mis grietas sin condiciones. Las cicatrices tienen que ser en las rodillas para que parezca amor. Tu sexo es un invasor analfabeto que juega al escondite con mis sentimientos mientras exige cartas de amor. El himen literario se maquilla con tinta de jadeos, fricción y pornografía romántica. El tiempo se yergue sobre nuestro teatro de lascivia, sobre el olor a silencio desafinado que dejan nuestros besos. El orgasmo es carne saturada de pensamiento. Un ensayo de la muerte. Una diosa atea llamada tristeza que nos dedica un sueño y posee la más hermosa de tus sonrisas.

Escribir es hablar el idioma de los aeropuertos. Hay sabiduría en mis cojones sobresaliendo por el agujero de mi alma ronca. Hay algo atrayente en este presente de guillotina donde empapo tus recuerdos con gasolina antes de encender el último cigarro. La autodestrucción es un negocio donde los accionistas compran palabras que riman con tu nombre. El reloj, con sus clases de esgrima, grita que el amor es ridículo porque no puede durar, y el sexo más todavía porque no dura lo suficiente.

Escribir es un deseo inconcluso de trascendencia, es la sutil coartada del loco que siente como el mundo sigue cojeando bajo sus pies. Desarropo todos tus abrazos. Pinto corazones deformes en las postales. Exijo lavados de estómago para vaciarme de tus besos, tus te quieros, tus para siempres. Escribo sin condón buscando esa puta de tinta que se siente sobre mi cara y me ahogue en su amor hasta convulsionar. Mordisqueo un poco mi cerebro y te lo doy en un beso con lengua que sabe a lluvia y despedida.

Escribir es intentar olvidar las caricias de amor perplejo que se agotan dentro de mis dedos. Ya sólo somos un par de latidos desordenados.

Bolero de Ravel by Andre Rieu on Grooveshark