viernes, 10 de enero de 2014

¿Somos dos charcos unidos por una hojarasca de sentimientos o epifanías desde el psiquiátrico?

Cuerpos jadeando tras las persianas. Entrañables adictos que esnifan su falta de fe. Ángeles sin alas -espaldas ensangrentadas- se mueven en sillas de ruedas e insisten en brindar conmigo. Las mujeres, seres infinitos, caminando por los tejados de mi memoria.

Nos comportamos como si el infierno de una mosca no fuera igual que el nuestro: algo trivial, vulgar, anónimo. Peniques en los ojos. Mientras todos tienen prisa por morir de inanición espiritual mi mente estalla en llamas, las serpientes reptan por el suelo y el teléfono sigue sonando desde un número equivocado. Súbete el vestido. Pervierte mis sentidos. Sigo buscando palabras que te humedezcan. El escalofrío en tu espalda. La música nunca es inocente, pero la melodía de tus tacones es el lugar más acogedor que conozco.

Laberintos emocionales que llenan la boca y despellejan rodillas. El poeta apuesta todo por ser una flor destripada a solas con los dioses, por la poesía que huele a sudor y sexo. El poeta vende rosas bajo la lluvia. Dibuja con tu caro perfume francés bosquejos de putas y locos predestinados con los labios desollados de amar hasta el suicidio.

Por eso te advierto que mudarte a mis huecos no es poseerme. Todos necesitamos algo trascendente e imposible, no basta una necesidad física desubicada. No quiero arrojar una moneda, como si diera una calada de sangre, desde una cornisa de soledad con hálito de meretriz. No uses mis poemas para limpiarte el semen de la cara. Ya sé que tus ojos tienen forma de barrotes y pelusas de sangre. Pero tienes que decidir si eres hada de absenta o esfinge sin secretos. La luna muestra su guadaña, sonrisa del coyote, ¿somos dos charcos unidos por una hojarasca de sentimientos o epifanías desde el psiquiátrico?

Tu desnudez es un espejismo de inocencia para mis manos, cuyo horizonte de felicidad azul se extiende a un beso de distancia. Tu coño es la antítesis de la muerte, aunque la vida se deslice luego por tus piernas. A fin de cuentas el filo del cuchillo sabe mucho de poesía para quienes les gusta acariciar los grilletes de su cicatriz antes de acostarse. Quizás por eso los poetas tienen algo de locura, saturados de realidad por su excesiva sensibilidad, son incapaces de aceptarla sin echarse a llorar o a reír sin control.

Mis manos adictas a ensoñar el poema dibujan palabras que nunca besaron, y al leerlas tus ojos les otorgan identidad y redención. La mejilla seca de una flor que encuentras entre unas cartas de amor llenas de polvo. Sonrisas llenas de imperfección debajo del edredón. Como tragarse trozos de bombilla que te iluminan garganta abajo y te hacen recordar. El poema es una muerte enamorada que se salta todos los semáforos en verde mientras la persigue una ambulancia con sirena de orgasmo. El poema es el juguete roto de unos niños que ya se han hecho mayores. Es el momento de gloria del loco. Un chupete con forma de garfio. Rimbaud escribiendo entre ajenjo y hachís. Tu cuerpo, de placer habitado, donde el tiempo pierde el equilibrio mirando los fuegos artificiales de tu lencería.

El poema eres tú.

Vivaldi: Violin Concerto In G Minor, Op. 8/2, RV 315, "The Four Seasons (Summer)" - 3. Presto by Nigel Kennedy & English Chamber Orchestra on Grooveshark