lunes, 9 de diciembre de 2013

Tu belleza se comporta a veces como un cuadro suicida que huele a humo y desgarro.

Me ama. Me ansía. Me quiere tanto que necesita destruirme poco a poco. Pero no importa. La mejor forma de escribir es borracho, enamorado, drogado, asfixiado, con los dedos llenos de sangre, saliva, flujos, semen, sudor. Mentalmente inestable. Pido otra carta. Lanzo los dados trucados. Me masturbo con la grieta del río pálido. Con la promesa de. Al final siempre se trata de sexo. De atraparla. Atraerla. De dominarla a través de mi propia dominación. De placer. Tirándola del pelo. Buscando la arcada entre esos bellos valles de azul límpido. ¿Para qué sirve la literatura? Hay que matar la carne. Alzarla y golpearla contra la pared. Atravesarla. Ir más allá. Cosificarnos. Elipsis anal. Negación. Abismos. Cicatrices. Marcas. Mordiscos. Arañazos. Rompeolas en la piel. Destrucción. Los ojos son accidentes ciegos. Me corro en tu garganta llena de aristas. Cambio los puntos suspensivos de tu interior. Destrozo tus sinapsis. Bailo un vals de humo blanco en tu corazón. Soy un jardín arañado por la lluvia de tu sudor. Me deshago dentro de ti. Tu coño de niña rota esconde el poema más sucio. Lo busco con mi lengua intentando abrirte del todo. Lloremos un par de orgasmos. Manchémonos uno del otro. Rosal azul y cuervo negro en medio de una tormenta de pieles de luz. Tierra empapada y dilatada frotándose en el cajón cerrado de un eco de existencia pretérito.

Mascaras. Quimeras. Segundos. Estupro. Academia. Invencible. Aquiles. Adicción. Aflicción. Asesinato. Ágape. Eunuco. Emoción. Frío. Destemplanza. Anémona. Asequible. Infierno blanco. Amor. Guerra. Senil. Futilidad. Espejo translucido. Es mentira que el arte salva, sólo se enamora de una soledad elitista.

Hiedes a humo y desgarro. La vida nos sumerge. Como una poesía de nudos y cepos. De quinielas de ombligo. De bofetadas sin bragas. No eran rumores lo que leíste sobre mí. Todo surge sin épica. Bregando con las limitaciones de un ladrón llamado romanticismo, pátina estúpida, vetusta y esquizoide.

A veces he tenido deseos de mutilarme y enviarte mi sexo ensangrentado con un lazo de regalo. Deshacerme del anhelo y la pulsión. Y me imagino como aceptas encantada mi sumisión. Como acunas mis cojones en tu pecho. Como coses unas alas de mosca a mi polla para enseñársela a tus amigas. Naufrago a tu alrededor como una soga demasiado prieta en torno al cuello azulado.


El hachís reblandeciéndome el cerebro. Bukowski riéndose en las alturas de todos nosotros. Somos pusilánimes. Ajenos al desdén de lo importante. Somos Dresde. Mujeres alemanas violadas una y otra vez. Abriendo sus piernas a los vencedores. Desgarrando sus rodillas. Recibiendo el cáliz ruso a horcajadas antes del fundido en negro de los bombardeos.

Ropa interior desahuciada. Dedos abriendo la carne. Dolor. Placer. Mentira. Posesión. Me intentas arañar pero te aplasto con mi cuerpo. Mi polla entra y sale con dureza. Tus ojos refulgen odio. Estoy a punto de correrme. La saco y vuelvo a deslizarla en tu interior muy lentamente. Gimes y todo sigue su rumbo. Divago para alargarlo. Es todo una idiotez. Fricción. Sangre inflamándolo todo. El orgasmo es la mentira. Cuando llega todo se vuelve opaco y pierde su importancia. El orgasmo es la empalación del romanticismo. Es la puta del año pasado. Es un disfraz de rencor. Somos hormigas alienadas debajo de una lupa. Y la lupa se siente poderosa ajena al niño. Y el niño juega ajeno a la vida del adulto. Y Dios observa todo desde su celda acolchada. Su baba blanca es el universo tal y como lo conocemos. Pero toda esa energía indiscernible y todopoderosa está totalmente ida. Su cerebro es un cascarón vacío. Es la nada sin un nombre digno de recordar. Un fantasma sin pasado. Una broma escatológica. Miedo a la otredad.

Y todo sigue. Y seguimos. Pero tu orgasmo no llega. Y el mío es muerte.

Three Hours by Jason Parker Quartet on Grooveshark