miércoles, 4 de diciembre de 2013

Breve interludio.

Somos un eco. Un chiste. Un eclipse. Sonámbulos jugando al escondite inglés. Asesinos impenitentes que aprovechan su libertad condicional para volver al lugar del crimen. Y ese lugar es un abismo de silencio con forma de cama. Buscamos en el reencuentro una inmortalidad efímera que es simple narcisismo, no amor. No nos damos cuenta que sólo somos espejos de piel. Y al canibalizarnos el trofeo se inmola sin expiación.

El vaso gime y cae el nudo de sabanas. Todo se cubre de rojo. Quizás sea la coartada para enfrentarnos al pasillo sin ventanas. Me acaricias con tu lengua. Abres despacio las piernas. Como si así pudiéramos llenar de pelusas las marcas de tus antebrazos y acallar sus gritos de lucidez suicida.

La almohada recoge el perfecto rasguño de unos besos fósiles. Hay ansiedad por esculpir violencia ebria en tu cuerpo. Por cambiar ternura por pornografía y rubricarla con enjambres de sangre blanca. No hables: es más lírico dejar caer tu ropa sobre el asfalto de mi deseo, engañar a los sentidos con la ficción de una jaula sin barrotes.

Te follo –penetrar en un verbo inepto- hasta que revientan tus costuras y el frío de tu interior inunda la habitación. No me importa, estoy acostumbrado. Los dos bregamos buscando algo honesto que no esté ensuciado por la bilis de la abstinencia y el cinismo.

Orgasmo. Ninguno pierde el equilibrio. Ha sido un razonable desastre. Adiós.

Plateau by Nirvana on Grooveshark