domingo, 1 de diciembre de 2013

El poeta es hermoso como una iglesia en llamas. E incompleto como un puñal con forma de jardín.

Nick Drake de fondo. El polvo masturbando el aire en su caída. Sólo me mantendré despierto una hora. Luego la muerte del sueño sin sueño. Bajar la mano. Ajustar la herida. El sonido monocorde del teclado. El frío erosiona mi cuerpo. Sucede dentro y fuera. El hachís intenta combatir la página en blanco. Los bueyes descansan. La botella de vino acuna mi escaso talento. Quiero ser árbol. Pero sin la obligación de morir de pie.

Dios es un deforme sin carisma. Como la estampa de un dibujo animado. Un gánster que marca las cartas y fuma ufano un gran puro. Un pequeño gusano que repta por tu piel y se alimenta de tu decrepitud y tu dolor. Un impotente que odia el sexo y desgarra tu clítoris. Disfruta cada momento de frigidez insolvente. Ríe ante cada perdida, mutilación y olvido. Es jodidamente malvado. Reparte sus dones y luego los arranca con la crueldad de un niño psicópata. Intentamos desesperados saltar y eludirle, pero sólo conseguimos formar su huella dactilar en el asfalto. Dios es un violador. Una mastectomía de urgencia. Un apocalipsis de pus en celo. Es decadencia. Es prosa poética.

Y Dios, en caso de existir, a quien más odiaría de toda su creación sería al Poeta. En él cebaría todo su desdén, asco y crueldad. Porque el Poeta habla de cosas que existen y no existen a la vez. Como los violines de mar. El poeta utiliza aristas de puntos suspensivos para curar la herida. Su cama huele a cueva y regazo. Tiene mirada de luciérnaga y flor dormida. El poeta sigue la ropa tirada en el suelo de su musa dibujando con tiza el camino hacía su cuerpo. Sus labios besan hemorragias y abismos. Toca el piano en el burdel y habla de amor con los ojos abiertos. El poeta es hermoso como una iglesia en llamas. E incompleto como un puñal de plumas.

El poeta, en definitiva, es un hombre de viento que aún no sabe volar. Y por eso escucha los secretos de las piedras. Porque las piedras hablan, nunca están en silencio. Los demás lo hemos olvidado, como hemos olvidado desde la infancia todas las cosas importantes que nos rodean. Pero el poeta las mira a los ojos, escucha sus ruegos y las dedica sus primeras cartas de amor. Y ellas se alimentan de su poesía. Y brillan. Por eso, cuando el poeta está distraído, se meten en su ropa –como pequeños secretos-, y se vuelven más y más pesadas.

No hay que culparlas
Le aman
Y saben
-Porque son ancianas y sabías-
Que no hay otra forma de atrapar
A un hombre
De viento.

River Man by Nick Drake on Grooveshark