miércoles, 30 de octubre de 2013

Carta de una desconocida (III)

Hay algo en ti que susurra decadencia. Como un tiovivo mudo que gira enloquecido a través del espejo. Quizás el dolor nos vuelve sentimentales. Aunque creo que nosotros somos más de querernos dentro de sonrisas verticales. Enterrados entre sabanas de arena que reflejan nuestra violencia pornográfica. Nuestro juego del escondite.

Desvírgame. Sodomízame como si fuera una autoestima medicada. Desabróchame el pecho. La pertenencia cosifica. Y luego llega la sangre menstrual. Soy madre del hielo rojo que nos rodea. Pequeña muerte genital. Me follas de rodillas. Precipicio voyeur. Y luego tu piel se duerme y quedo sola. Con la marea sucia de mi interior. Las cicatrices en el labio. Los platos rotos. Al menos nunca me hiciste una promesa. Acuerdo tácito. Sólo son mentiras con preaviso.

Pasemos lista a mi cubil de fantasmas. Sí, están todos. Incluso hay un hueco para tu yo futuro. Siempre hay una excusa para el primer dolor. Lo demás es ambición masoquista. Inanición sentimental. El eje podrido de Bukowski. Raíces mojadas incapaces de provocar sombra.

Hace frío. Radiohead muy bajito. Hachís. Cenicero con forma de rompecabezas. No me gusta llorar delante de unos ojos secos. Todo en la distancia parece perfecto. Cierta necesidad de revisionismo embellecedor. A fin de cuentas escribirlo es vivirlo de nuevo. Darle la vuelta a tus labios. Mudar la piel. No me jode llenarte la espalda de versos, ¿hay una intimidad mayor que memorizar el sonido que haces al correrte?

Ciertas coartadas quitan el frío. Quizás lo único trascendente sea vomitar escombros en tu ombligo mientras tú, poco a poco, violas el azul de mis ojos. Y, aunque ya no quieras ser poeta, consentir en llamarlo amor.

Weird Fishes/Arpeggi by Radiohead on Grooveshark