domingo, 27 de enero de 2013

Muescas.

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis copas
segunda botella
estoy pensando en las cosas normales, ya sabéis, el suicidio
con esa sinceridad de las entradas escondidas
me siento culpable, oh, sí
por asesinar vuestros ojos con la mediocridad de mis palabras
por eso apunto el arma a mi sien
buscando un digno final en el eco sardónico del disparo
que por fin esparcirá mis sesos
formando un bonito mosaico de mierda en la pared.

Pero aparece el fantasma de ojos verdes
tropezando por el teclado.

Bajo el arma
pero la amarga melancolía de la soledad sigue ahí
agazapada
el insomnio, la terrible decepción que me consume y lleva a la misoginia
esa forma irreal de ver el mundo
como si fuera un Show De Truman canallesco y estúpido
no sé nada
¿alguien sabe realmente algo?
¿cómo continuar cuando todo parece tan terrible
fútil
y hermoso a la vez?

Surge el impulso, ¿podéis dejar de leer?
me gustaría estar a solas con mi musa, rendirle un pequeño tributo
porque antes no me sentía así, y cada vez resulta más difícil recordar...
                                                                                                [¿cómo es ella?]
ella es una fisura en el tiempo que me permite volver a ser romántico
                                                                                                [esa mezcla de ignorancia, candidez e idealismo]
ella baila en el alfeizar y me tatúa un pájaro azul cada vez que me besa en la comisura del labio
ella es una bofetada, una falda corta y airada, una imperfecta veleidad
ella es música, un saxofón, un piano, una letra de puntos suspensivos
ella es un abrigo rojo una noche de lluvia sin paraguas
ella es una niña que juega a ser adulta de gesto altivo
ella es una llamada de madrugada cuando me siento solo
                                                                                        [cuando necesito que creas en mí aunque yo no lo haga]
ella es una caricia en la nunca, una mirada que necesita el silencio
ella es el fuego cantando entre los arboles de papel de un poema
ella es una rayuela que, desde mi tejado, parece un rostro de tiza sonriente.

Ella es todo eso y más.

Por eso hiere saber
que nunca estuve a la altura
no existe Rorschach
tampoco Mario
solo un montón de años apilados sin mérito alguno
intentando esconderse en una fosa común
sin atreverse a pedir antes
perdón por su traición.

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