miércoles, 17 de octubre de 2012

Fragmentos De Un Cuaderno Manchado De Vino

Tengo un corazón de viento, por eso llevo piedras en los bolsillos,
para anclarme a la tierra y a tu sombra,
para completar el puzzle de cristales rotos,
para acuchillar los muros con mi poesía,
para besar a los arboles y compartir sus secretos,
para hablarles del color de tus ojos,
de tu cuerpo desnudo, cual pájaro aterido,
y de mis miedos de virgen apocada,
o puta enamorada.

Y los monstruos de dientes afilados siguen ahí,
debajo de la cama, en el precipicio de mi mente.
Y yo quiero volar, desvestir con saliva el cinismo de tu voz,
cabalgar con mordiscos todas tus noches de insomnio,
y saciar mi hambre en ti, mientras robamos rosas del jardín de la Muerte.

*
Después de observar su obra Dios vomita ante el espejo y llora. El llanto reverbera en el mundo. Los ateos fornican sin escuchar su reclamo, pero las monjas y los clérigos, con los dientes amoratados de ira, le atacan sin piedad, le golpean, clavan cruces afiladas en sus ojos, le desmembran y arrojan sus piernas y brazos a la hoguera de donde brota un humo azul verdoso. La sangre tiñe de crepúsculo el cielo y, por la noche, su despojo alimenta a los perros. Finalmente, después de eones de agonía, muere cubierto de gusanos y moscas, un barrizal de mierda y libertad que gotea sobre nosotros durante el otoño e inspira obras inmortales.

*
Teníamos en la infancia el corazón lleno de plumas,
el unicornio nos esperaba tras la puerta de niebla,
debajo de las mantas siempre había ventanas a otros mundos,
donde la muerte no existía y todos sabían volar.

¿Cuándo quedó todo atrás, olvidado, cercenado?
¿Cuándo dejaste de mirar al cielo, entumecido por la tiranía del reloj, de su tic-tac inmisericorde?

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