martes, 16 de octubre de 2012

Erotismo y tragedia.

Es la una de la madrugada y estoy totalmente alcoholizado. Leo una entrada sobre la infancia y me gustaría poder sumergirme en esa especie de nostalgia proustiana sobre el tiempo perdido, ¿cuáles fueron las decisiones erróneas, las encrucijadas que jodieron mi evolución normal? En el fondo somos cristal, frágiles, deformados estereotipos encauzados en una forma concreta y vendible.

A veces todo se va a la mierda y no puedes controlarlo, echas un trago más de la cuenta y tu piel vibra en manos de una epifanía artificial, un atrezzo sentimental que provoca que el tiempo se dilate y los sentimientos te desborden. Y a pesar de la cadena de montaje –alienación, numeración, catalogación, infierno infinito-, sigues pensando en ella, en su coño lleno de masoquismo existencial. Y gritas: "Conmigo serías infeliz, soy incapaz de ir más allá, solo sirvo en pequeñas dosis, de visita, un simple punto y aparte, una triste nota a pie de página". 

¿Y a pesar de eso quieres que te siga follando con mis palabras…?

***
Te imagino masturbándote delante del espejo, de pie, arqueada. Mis dedos te sorprenden, te bajan del todo las bragas arrancando tu timidez, deslizándose dentro de ti, dedos largos llegando hasta el límite de tu carne. Con la otra mano, de forma cruda y poco romántica, te pellizco los pezones; te muerdo el cuello, ese pequeño hueco que tanto te gusta a diez centímetros de. Te giras y me montas, tus pechos balanceándote, tienes ese gesto de adolescente follando en público. Subes. Bajas Subes. Bajas. ¿Cuánto hace que no te follan en condiciones? Recorro tu espalda con mis manos; te meto el pulgar en el culo y noto por el espasmo de tu cara que estás cerca del orgasmo. Hay un momento de esos que te gustan: beso largo, lenguas y manos entrelazadas, cadencia, caricias, fusión de soliloquios, gemidos cada vez más fuertes; y por fin el orgasmo, contracciones duras, como tatuajes sobre mi polla. Placer. Placer. Placer…

Chapoteo en un teclado lleno de semen mientras sigues arqueándote en mi cabeza. ¿Qué más quieres? Todo. Lo sé. Pero solo puedo darte una noche. Eterna. Efímera. Pero solo tuya.

***
La nada, envuelta en su esperma blanco, reza al recuerdo del hombre que fui,
el pájaro llora y cae abatido desde la azotea de tus labios,
la vida es un vaso vacío, una boca que me mastica entre sus dientes.

La razón parpadea ante el espejo, como una flor desnuda por el viento,
mi polla es una cruz de despojos, una lámpara de deseo que ilumina, tiembla, y muere ante la cabellera oscura y eterna de Ligeia,
sacrificándome a la usura del tiempo (y la locura) solo por un verso más.

Un verso que nace poseído por el miedo, arrodillado ante el silencio,
una cabaña de piel que observa a las serpientes sonriendo desde el cielo.

Pero ya es demasiado tarde: las piedras han ganado la guerra a las flores y han bañado de vida muerta las calles.

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